jueves, 28 de mayo de 2015

Adelanto My Misery Muse

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Traducido por Blonchick
—Dios odio a las mujeres de esa escuela—dije enfurruñada mientras caminaba a mi puesto y arrojada mi bolso y llaves antes girarme hacia mi mejor amigo y jefe Crispin.
—Si las odias tanto, entonces ¿por qué lo envías allí?—Crispin no se molestó en levantar la vista del dibujo en el que estaba trabajando, era una conversación frecuente.
—Sabes por qué—dije—. Es la mejor guardería en la zona que me puedo permitir. No son los profesores los que me disgustan solo las otras mamás que me miran como si fuera una cucaracha.
Crispin levantó la vista de su dibujo entonces y al instante conocí la mirada y supe lo que iba a decir.
Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento—dijo al mismo tiempo que yo, me miró y sonrió. Luego dijo—: Si realmente es tan malo Dev, ¿por qué no sacas a Jaks de la escuela? Puede pasar el rato aquí en la tienda mientras trabajas hasta que puedas encontrar una nueva guardería.
—Cris, aprecio la oferta, pero tú y yo sabemos que no podemos tener a un niño de dos años corriendo por un salón de tatuajes. Lidiare con las mujeres como siempre hago, ignorándolas y murmurando maldiciones para que sus tetas plásticas tengan una fuga.
Con mi mini diatriba hecha por la mañana, fui a trabajar equipando mi puesto para mi primera cita del  día. Todavía era temprano cuando terminé, así que decidí ir al lado a comprar una taza de café para mí y Cris. Me encantaba trabajar el turno de día en la tienda más de lo que esperaba. Hasta que descubrí que estaba embarazada, siempre insistí en trabajar de noche, que es cuando esta la mayor parte de la acción y estamos más ocupados. Pero descubrí que trabajando durante el día, tengo más tiempo para ponerle a mis bocetos. También tengo un montón de diferentes trabajos. Hacer el mismo diseño una y otra vez se vuelve un poco aburrido después de un tiempo. Siempre trato de cambiar el diseño de alguna manera única para cada cliente pero es aún más significativo que alguien confíe en mí lo suficiente para ponerle mi obra de arte en su cuerpo.
Entro en la cafetería de al lado e instantáneamente soy saludada con el olor del café recién hecho, inhalo profundamente y cierro brevemente mis ojos, nada es mejor que el café de Joe’s Cafe. Me acerco y ordeno el típico café de Cris y mío, café moca para él y café con miel para mí. Mientras estoy esperando nuestras bebidas echo un vistazo alrededor de la cafetería, algunas son personas que reconozco de la zona, otros son niños de la universidad dando vueltas por el verano. Pago y tomo nuestras bebidas cuando por casualidad echo un vistazo a la esquina y casi dejo caer el café. Sentado en la esquina esta la última persona que esperaba ver de nuevo, Seth. Maldición, se veían tan guapo como siempre. Sabía que cuando se ponía de pie, coronaba con 1.80 metros, tenía hombros anchos que resaltaban sus esbeltas caderas, sus músculos estaban bien definidos pero fuertes como un nadador. Su cabello oscuro estaba enmarañado y revuelto como siempre y esos ojos, los ojos que me han perseguido durante más de dos años son del color del césped de primavera después de una lluvia. Tenía labios que se hicieron para el pecado, llenos, exuberantes y aún puedo recordar morderlos y el aro en el labio con el que disfrutaba jugando. Su nariz tenía la protuberancia en el medio de cuando mi hermano la había roto años antes, y pómulos por los que la mayoría de las mujeres matarían, los cuales estaban cubiertos actualmente de una barba incipiente de un día o dos. Aún podía imaginar cómo sus ojos se oscurecen cuando se enfada o se excita; Todavía recuerdo su olor, que era todo Seth, picante y completamente masculino. Estaba vestido como siempre se había vestido. Camiseta clásica de rock que se aferraba a su pecho, unos vaqueros desgastados que moldeaban su trasero y muslos perfectamente, botas de trabajo negras, su brazalete brillando en la luz y tatuajes sobresaliendo por debajo de las mangas de su camisa. Ese hombre podía hacerme cosas, mi cuerpo se encendería como un cohete, pero eso no significaba que quería volverlo a ver.
No estoy segura de si me vio o no, y no tengo ninguna intención de descubrirlo, me apresuro a abrir la puerta y casi vuelvo corriendo a la tienda de tatuajes dando un portazo al entrar. Entré a toda prisa, le lancé el café a Cris y salgo corriendo al fondo de la tienda, en la habitación donde guardamos todo nuestro equipo y cierro la puerta. Tengo que sentarme y poner mi cabeza entre las piernas, intentando evitar desmayarme. Oigo la puerta abrirse y levanto la mirada para ver a Cris de pie allí con una mirada preocupada en su rostro.
—Dev ¿Cuál es el problema? Parece que hubieras visto un fantasma —dice Cris.
Con eso, empiezo a reír, porque es mejor que llorar.
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La vi caminar a la cafetería y no estaba seguro de qué hacer. Dios, se veía hermosa, pero por otra parte siempre lo había sido. Había cambiado su cabello de nuevo, esta vez era un corte estilo duende y en puntas, teñido de negro con mechones color púrpura. Parece que también se había puesto tatuajes y piercings desde la última vez que la había visto, pero la reconocería en cualquier parte. Todavía tenía un cuerpo que con solo un vistazo me ponía duro. De pie tal vez medía 1.65 cm, sus pequeños y levantados senos eran hermosos con pezones rosados, caderas que  se ampliaban ligeramente desde su cintura, y piernas que siempre se han visto increíbles en sus medias de malla favoritas. Su rostro me detenía, como de costumbre, se veía como un duendecillo, y sus rasgos pequeños y suaves, el exuberante labio inferior que se mordía cuando estaba nerviosa, sus hermosos ojos azul ciruela grandes al estilo anime. Parecía sumisa y vulnerable pero la conocía mejor, ella había sido fuerte y autosuficiente durante el tiempo que la conocí. Tenía que serlo, no es como si alguna vez hubiera sido lo suficientemente buena para sus padres y se lo recordaban diariamente. Estaba como de costumbre, vestida con ropa completamente única para Devi, un ajustado top blanco cubriendo sus curvas y terminado justo por encima de su ombligo, un sexy aro ahí que la luz del techo hacía destellar. Los pantalones negros ajustados que moldeaban su trasero y atados en la parte delantera bajaban por sus caderas mostrando una cantidad tentadora de piel y su aire de marca comercial terminaba con botas de combate. Dios, la había extrañado y ¿era un cruel broma del destino que ella entre a esta cafetería el primer día que regresé a casa? Cuando se dio la vuelta y me vio, se puso aún más pálida que su piel de porcelana normal, me preocupaba que fuera a desmayarse, pero no, no mi Devi, nunca mostraría una debilidad. Estaba a punto de levantarme y saludar cuando salió volando de la cafetería como si un ejercito del infierno fueran tras ella, y por lo que sé lo estaban.
Me levanté y caminé hasta la camarera y le pregunté.
—Oye la mujer que estuvo aquí, ¿viene a menudo?
La camarera lo miró con cautela—. Te refieres a Dev; sí está aquí cada mañana, ¿por qué?
—¿Sabes dónde puedo encontrarla? —Pregunté.
—Sí claro, trabaja al lado en Pin’s Ink, tengo algunas de sus tarjetas, si quieres una, allí en el mostrador. —Con eso dio la vuelta y se dirigió al siguiente cliente.
Tomé una tarjeta y la miré, Devlin Porter – Artista. Oh así que finalmente lo hizo. Sonreí ante el recuerdo de los dos en nuestro apartamento de mierda, Devi con su cuaderno de dibujo trabajando en algo como siempre y yo detrás de ella besando su cuello y tratando de romper su concentración. Nunca funcionó, solo me ignoraba y volvía a su diseño. En ese momento, iba a la escuela de arte, además de trabajar en las noches en una oscura tienda como pasante haciendo diseños genéricos que trataría de darle vida sin Trix, su mentor, descubriéndolo. Él siempre lo supo, aunque nunca le dijo nada al respecto.
Salí a la luz del sol, saque las gafas de mi bolsillo y me las puse, luego pase por la tienda pero no podía ver a Devi en el interior. Oh bueno, pensé, la encontraré pronto, de eso estoy completamente seguro. Me acerqué a mi vehículo y entré justo cuando sonó mi celular, lo saqué rápidamente del bolsillo y lo miré, suspiré y conteste.
—Voy en camino ahora —gruñí luego colgué, con un vistazo más al salón donde trabajaba Devi, me fui.

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