sábado, 28 de febrero de 2015

Adelanto Hero

CAPÍTULO 1
Traducido por katiliz94

Boston, Massachusetts
Esto no estaba ocurriendo.
Esto no podía estar ocurriendo.
Enrollé las manos en puños para detenerlas de temblar mientras caminaba por el vestíbulo al salón sin paredes interiores del apartamento del ático. Tenía altos techos de catedral y una pared de ventanas que conducía a un amplio balcón. El agua del puerto brillaba bajo el sol. Era un precioso edificio con un hermoso fondo y no podía apreciar nada de ello porque estaba demasiado centrada en encontrarle a él ahí.
Mi corazón se detuvo ante la visión de él de pie en el exterior del balcón.
Caine Carraway.
—¡Alexa!
Mi corazón se movió desde la dirección de Caine hasta el área de la cocina donde mi jefe, Benito, estaba rodeado por dos portátiles y otros varios equipamientos para la sesión de fotos. Se suponía que este no era el momento en el que sonreía en un saludo y le decía que me dirigiese a donde él me necesitaba.
En su lugar miré a Caine.
El zumo de naranja que había tomado esta mañana se derramaba de manera poco agradable en mi estómago.
—¡Alexa!
Benito de repente estaba frente a mí, frunciendo el ceño y mirándome.
—Hola —dije, mi voz plana—. ¿Dónde me quieres?
Benito ladeó la cabeza a un lado, mirándome de una forma que era casi cómica. Yo medía metro cincuenta y nueve. Él solo metro cincuenta y seis. Pero en lo que él carecía de peso lo compensaba más en personalidad.
—Por favor —me dio un suspiro de gran sufrimiento— dime que tengo de regreso a mi habitual Alexa. No puedo arreglármelas con la desastrosa Alexa del Día de la Madre. Hoy voy a hacer una sesión de fotos a Caine Carraway para el Top de Artífice de Hombres de Éxito por Debajo de los Cuarenta de la revista Mogul. Caine está encanado con la portada. —Lanzó una mirada sobre el hombro al modelo de la portada—. Una elección obvia. —Levantó una ceja hacia mí—. Hoy es una sesión importante. En caso de que no lo sepas, Caine Carraway es uno de los solteros más codiciados de Boston. Es el CEO de Carraway…
—Financial Holdings —dije lentamente—. Lo sé.
—Bien. También sabrás que es horriblemente saludable e increíblemente influyente. También es un hombre muy ocupado y un hombre difícil de complacer, así que tengo que conseguir que esta sesión se haga bien y termine con rapidez.
Mi atención se movió de la cabeza de Benito hasta el hombre que con éxito había comenzado un banco privado inmediatamente después de graduarse en la universidad. Desde ahí con el tiempo expandió su compañía, construyendo un portafolio de negocios diversificados involucrando todo desde corporaciones bancarias a hipotecas de casas, aseguradoras de compañías, inversiones de fideicomiso, direcciones de bienes inmuebles, y demás. Ahora Caine de por sí era CEO de una gran compañía de propiedades que era hogar de una junta de directores de influénciales y saludables ejecutivos.
De acuerdos a informes, Caine había manejado todo esto mediante inflexible determinación, atención de ojos de águila ante su organización, y hambrienta ambición de poder.
En este momento Caine estaba ocupado hablando por teléfono con alguien mientras Marie, una hermosa asistente, alisaba las líneas de su traje entallado. El traje de diseño marino se adaptaba a su cuerpo a la perfección. Caine era alto, al menos dos, si no tres, pulgadas sobre el metro ochenta, hombros amplios, y visiblemente en forma. Tenía un perfil fuerte, con intensos hoyuelos y una nariz aguileña, y el pelo que tenía ahora impacientemente removiéndose por la mano de Marie era abundante y tan oscuro como el mío. Aunque ahora estaba en una apretado linea, sabía por las fotografías que tenía una sensual e inquietante boca.
Definitivamente material de modelo de portada.
Y definitivamente no un hombre al que te cruzabas.
Tragué el bulto que se había formado en mi garganta.
Cuan irónico que él debería estar de pie ahí, justo frente a mí, después de toda la fealdad de la reciente y repentina muerte de mi madre había traído al frente... y él era parte de esa fealdad.
Hace seis años había trabajado como asistente personal de Benito —uno de los más exitosos y temperamentales fotógrafos de la ciudad. Por supuesto, Benito nunca era melodramático alrededor de los clientes, solo sus empleados. Ya que había trabajado con él durante un largo tiempo, debería haberme sentido segura después de todos estos años. No lo hacía.
Estrictamente hablando, solía sentir que tenía seguridad
Pero perder a mi madre hace tres meses había provocado que mis asuntos familiares levantasen sus feas cabezas, y desvelasen algunas duras verdades que con frecuencia deseaba no saber. Continué con el trabajo, poniendo una cara dura. Sin embargo, no es posible ser tan fuerte cuando pierdes a un pariente, y desafortunadamente había tenido una pequeña ruptura emocional durante una sesión de fotos para una gran revista de mujeres. Era una sesión para el Día de la Madre.
Benito había intentado ser comprensivo, pero podía decir que él estaba cabreado. En lugar de echarme, sin embargo, me dijo que tomase unas muy necesitadas vacaciones.
Por consiguiente unas semanas después, aquí estaba con un potente buen bronceado cortesía del sol Hawaiano, y en cuanto llegué esta mañana no había tenido ninguna pista de qué era esta sesión de fotos o para quien.
Había recibido un mensaje adjunto de Benito cuando había llegado de mi viaje con la dirección de la sesión de fotos pero sin otra información. Era su PA y no tenía ni idea de lo que conllevaba su último trabajo —lo cual no sanaba bien para mí.
Asi que estaba bronceada, sí, pero en realidad aún no había ordenado mi cabeza sobre lo de mi madre, y ahora estaba seriamente preocupada porque el trabajo en el que había estado rompiéndome el trasero durante los últimos seis años estuviese a segundo de ser tirado por un muy caro retrete de pent-house. Hoy tenía que irme bien.
Mi ansiedad había incrementado diez veces cuando salí del ascensor y adquirí visión de las personas zumbando por el vestíbulo y en las dobles puertas abiertas del apartamento. De alguna forma había más personas en la sesión que lo habitual, sugiriendo que estábamos fotografiando a alguien particularmente importante. Entré en pánico, entonces, cuando nuestra interna, Sofie, me transmitió que esa persona que estábamos fotografiando no era ningún otro que Caine Carraway.
Todo mi cuerpo se había sacudido en reacción al nombre y había comenzado a temblar.
No había parado de temblar desde entonces.
Caine de repente me miró con aspereza como si sintiese mi mirada sobre él. Nos miramos el uno al otro, yo esforzándome por contener mis emociones, mientras él finalmente dejaba ir mis ojos para que así pudiese viajar por mi cuerpo.
Benito creía que vestir casualmente entorno a las celebridades los impresionaba a la vez que él y su personal no estaban tan intimidados porque eramos conscientes del nivel de la celebridad. Él creía que la actitud hacía que sus clientes le respetasen más. Yo pensaba que era una mierda superficial, pero significaba que vestía como me gustaba, por lo que no aireé esa opinión. En las sesiones normalmente optaba por cualquier cosa que fuese más comoda. Hoy llevaba shorts y una camiseta.
Por la forma que Caine Carraway me estaba mirando en este momento… podría bien haber estado desnuda.
Se me puso la piel de gallina a lo largo de los brazos y un temblor se deslizó por mi espalda.
—Alexa —espetó Benito.
—Lo siento —me disculpé, intentando no pensar en la caliente mirada de Caine o en el ardiente dolor que estaba formandose en mi pecho.
Mi jefe sacudió la cabeza impacientemente.
—Está bien, está bien. Solo… aquí, toma la Blackberry. —Golpeó el dispositivo en mi mano. Se lo había dado antes de que me marchase de vacaciones por lo que él podía dárselo a la trabajadora temporal. El mundo de Benito estaba en esa Blackberry. Tenía todos sus contactos de negocios, e-mails, su calendario laboral… todo en ella. Vi en el icono de e-mail que ya tenía quince mensajes sin leer de esta mañana.
—Primero ten organizado el equipo antes de que te pongas a trabajar. Vamos a hacer la sesión en el balcón con el puerto como fondo. Después dentro en el área de estar. Se está un poco más oscuro ahí, así que arréglalo.
De ahí fui en piloto automático. Conocía mi trabajo de adentro a afuera, y ese era el único motivo por el que me las arreglé para hacer todo por completo, porque mi cabeza no estaba en el trabajo. Estaba en el hombre al que apenas podía mirar mientras me dirigía a uno de los chicos para situar la cámara de Benito y el portátil fuera en el balcón y conseguir que el equipo de iluminación se arreglase en la sala de estar para después.
Caine Carraway.
Sabía más sobre él de lo que debería porque durante los últimos meses si escuchaba su nombre o lo veía impreso atraía mi atención. Llámalo mórbida curiosidad.
Huérfano a los trece años y puesto en el sistema, Caine vencía las probabilidades y fue a graduarse del instituto con las mejores notas y continuó su educación en Wharton Business School a tiempo completo. Apenas se había graduado de la universidad cuando comenzó el banco que conduciría a Carraway Financial Holdings. Cuanto tenía veintinueve años fue uno de los hombres de negocios más exitosos en Boston. Ahora a los treinta y tres años era temido y respetado por sus iguales, recibido en la más alta sociedad de Boston, y uno de los más elegibles solteros. Aunque era inmensamente privado, las páginas de la sociedad tomaban fotos de él siempre que podían, mayormente en eventos glamurosos. Era visto con mujeres hermosas todo el tiempo, pero la misma era raramente fotografiada con él después de unos meses.
Todo eso decía solo, solitario, y, clausurado para mí.
Ese dolor en mi pecho se intensificó.
—Alexa, ven a conocer al Señor Carraway.
Sentí mi respiración incrementar exponenciantemente y me giré de Scott, nuestro técnico de iluminación, para encontrar a Benito de pie al lado de Caine.
Intentando controlar mis emociones, caminé con lentitud hasta ambos, mis mejillas ardiendo bajo el calor de la mirada negra de Caine. En una inspección más cercana, podía ver que sus ojos eran en verdad de un profundos y oscuro marrón. Su rostro era una máscara blanca de forma perfecta, pero sus ojos eran más expresivos.
Temblé de nuevo cuando me recorrió.
—Señor Carraway, esta es mi PA, Alexa…
—Encantada de conocerle. —Corté a mi jefe antes de que pudiese decir mi apellido—. Si necesita algo, dame avíseme. —Y antes de que tanto Benito como Caine pudiesen responder, rápidamente me dirigí al otro lado de la sala.
Scott estaba mirando sobre mi hombro, y cuando sus ojos volvieron a mí me informaron que Benito no estaba complacido con mi comportamiento.
—¿Qué pasa contigo? —dijo Scott.
Me encogí de hombros ante mi colega, no segura de cómo explicar porque estaba actuando como una adolescente. Sería una larga explicación. Demasiado larga. Demasiado personal. Porque lo que pasaba conmigo era que hace solo tres meses había descubierto que mi padre era culpable por destruir la infancia de Caine.
Ahora él estaba justo ahí frente a mí.
Ante el crujido de mi nombre por parte de Benito, me di la vuelta para encontrarlo frunciéndome el ceño y gesticulándome para salir al balcón. La sesión estaba comenzando.
De pie detrás de Benito, mirando las fotos del ordenador, y mirando aquellas del auténtico hombre frente a mí, fui capaz de estudiar con cuidado a Caine. Ninguna toma le hizo sonreír. Apenas miraba taciturno a la cámara y Benito no se atrevía a pedirle cambiar su expresión. Le dirigió girar la cabeza y cuerpo de una y otra forma, pero eso fue tan valiente como Benito se puse con el tipo.
—Tiene esa cosa taciturna que se palpa —murmuró Sofie en mi oído mientras me tendía el café—. Si no estuviese felizmente prometida intentaría poner una sonrisa en su hermosa cara. Tú estás soltera. Deberías intentar ir ahí. Definitivamente creo que podrías poner una sonrisa en su cara.
—Creo que tomaré a una gimnasta y su hermana gemela para hacer eso, nena.
Nos miramos el uno al otro, la risa que no podíamos controlar burbujeando entre nosotros. Era un alivio reír bajo tales intensas circunstancias.
Desafortunadamente nuestra risa atrajo la atención de Caine. Sabíamos esto porque todo se volvió silencioso y giramos para encontrarle mirándome con curiosidad mientras Benito… bueno, él parecía estar intentando freír tanto mi culo como el de Sofie con el calor de su mirada amenazadora.
Sofie se escabulló.
—Vamos a tomar un descanso. —Benito suspiró y se acercó al portátil—. Has estado actuando extraña toda la mañana, —dijo en voz baja—. ¿Me estoy perdiendo algo?
—No. —Lo miré, intentando no revelar la verdad—. ¿Café?
Asintió, ya no enfadado, solo levemente decepcionado. Lo cual era peor.
Sabiamente me apresuré dentro del apartamento y me dirigí al cuarto de baño. Pensé que un salpicón de agua fría en mi cara podría hacerme bien. Mis manos temblaban mientras ahuecaba las palmas bajo el grifo de agua.
—Mierda —susurré.
Era un desastre.
De nuevo.
Bastante era suficiente. Mi trabajo no sobreviviría a otro estallido público. Claro, era una situación cutre, pero necesitaba recomponerme y actuar como una profesional. Resuelta a hacerlo, salí del baño con los hombros encuadrados y casi me tropecé con una taza de café.
La taza de café estaba sujeta por una mano grande que pertenecía a Caine.
Mirándolo, me quedé muda. La mayor parte porque mi pulso estaba acelerándose con tanta fuerza que era difícil concentrarse en algo más, por no hablar de las palabras.
Caine levantó una ceja y empujó el café hacia mí.
Lo tomé, completamente incapaz de mantener la confusión fuera de mi cara.
—Una oferta de paz —dijo, y me estremecí de nuevo ante el sonido de su profunda y cultivada voz—. Parece que te asusto por alguna absurda razón.
Nuestros ojos se conectaron, y mi pulso estaba acelerándose por un motivo completamente diferente en este instante.
—¿Qué están diciendo sobre mí estos días?
Por un momento olvidé todo menos lo que era estar perdida en sus preciosos ojos.
—Mucho —respondí suavemente—. Están diciendo muchas cosas sobre usted estos días.
Sonrió, probándome estar equivocada —él no necesitaba a una gimnasta y su hermana gemela para poner una sonrisa en su cara.
—Bueno, me tienes en desventaja. Me conoces, pero yo no a ti. —Dio un paso adelante y de repente sentí abrumadora y deliciosamente rodeada por él.
Oh dios, oh dios, oh dios.
—Hay demasiado que contar.
Caine ladeo la cabeza, sus oscuros ojos líquidos con un calor que sentía entre mis piernas.
—De alguna forma dudo eso. —Sus ojos titilaron hasta mis labios antes de volver a los míos—. Quiero conocerte más, Alexa.
—Um… —el viejo cliché “Ten cuidado con lo que deseas” de repente me cruzó la mente.
Él pareció malinterpretar el hecho de que era un desastre de pánico frustrado por deliberadamente ser enigmática, ya que advirtió—: No voy a terminar esta sesión hasta que me hables de ti. El tiempo es dinero. —Sonrió—. Mantén al jefe contento.
¿Se estaba refiriendo a él o a Benito?
Lo miré, sintiendo mis palmas ponerse húmedas y pegajosas mientras mi ritmo cardiaco incrementaba, acelerando hasta los crecientes segundo de silencio extendiéndose entre nosotros. Y ahí fue cuando ocurrió. Abrumada y arrojada por su repentina aparición en mi vida tras solo acabar de descubrir que él era el niño que cayó víctima del malvado de mi padre, colapsé.
—Te conozco —solté—. No, quiero decir… —di un paso adelante, avanzándonos hasta la sala donde teníamos más privacidad. La taza de café temblaba en sus manos—. Mi nombre es Alexa Holland.
Conmoción le atravesó.
Atestiguarlo era horrible. Su cuerpo se sacudió como si le hubiese golpeado, y el poderoso empresario visiblemente palideció ante mí.
Continué.
—Mi padre es Alistia Holland. Sé que tuvo una aventura con tu madre y sé cómo terminó. Estoy tan…
La mano de Cine atravesó el aire entre nosotros en un gesto para que me callase. Furia había reemplazado la conmoción. Sus fosas nasales se ensancharon con ella.
—Yo me detendría si fuese tú. —Sus palabras fuero guturales con amenaza.
No pude.
—Lo acabo de averiguar. No tenía ni idea hasta hace unos meses de que eras tú. Ni siquiera…
—Dije que te detengas. —Dio un paso adelante, forzándome a retroceder contra la pared—. No quiero escucharlo.
—Por favor, escucha…
—¿Estás jodidamente bromeando conmigo? —Golpeó la mano contra la pared sobre mi cabeza y lo vi pasar del cultivado e inflexible caballero que todos vieron a un hombre que estaba lejos de lo refinado y de alguna forma más peligroso de lo que cualquiera en realidad se dio cuenta—. Tu padre sedujo a mi madre y después de introducirla en las drogas, la dejó con sobredosis en una habitación de hotel porque intentar salvarla significaba ver su precaria herencia prenderse en llamas. —Su cara estaba tan cerca de la mía ahora que sentí el calor de su respiración en mis labios—. Destruyó a mi familia. No quiero nada de él o de ti. Desde luego no quiero respirar el mismo aire de ninguno de vosotros.
Abruptamente se apartó de la pared y salió por el pasillo.
Muchas de las mujeres probablemente estarían llorando tras un asalto verbal como ese. Yo no. Al crecer, había visto a mi madre sucumbir en lágrimas en cada discusión que tenía siempre, y había detestado eso. Cuando ella estaba enfadad lloraba, cuando todo lo que realmente quería hacer era estar enfadad.
Así que yo nunca lloraba cuando estaba enfadad.
Y estaba cabreada con mi separado padre por ponerme en una situación donde estaría pintada con la misma repugnante brocha que él.
Las últimas palabras de Caine penetraron en mis pensamientos.
—Oh, mierda —me apresuré por el vestíbulo.
Caine estaba hablando con Benito en la cocina.
Mi estómago dio la vuelta cuando Benito se encogió de dolor ante lo que fuese que Caine dijo. Me miró, desconcertado, antes de girarse para responder al otro hombre.
Caine echaba chispas por los ojos y se reforzó, buscando en la habitación a alguien. Sus ojos se centraron en un hombre joven en un traje elegante.
—Ethan, quiero un fotógrafo diferente. —Su voz se precipitó por la sala por lo que todos escucharon y los hizo detenerse de lo que estaban haciendo—. O no hago la portada.
Ethan asintió radicalmente.
—Estoy en ello, señor.
Estaba horrorizada; mis ojos volaron a Benito, cuya boca se había abierto en igual horror. Sin embargo, Caine no se quedó el tiempo suficiente para atestiguar eso. Ya estaba caminando hacia mí, y cuando me pasó para dirigirse a la salida, ni siquiera me miró.
Me sentí enferma.
El tono de Benito era silencioso, sorprendentemente tranquilo. Sus palabras no lo eran.
—¿Qué diablos hiciste?
 
 

Mi amiga Rachel movió a la niña inquieta en sus brazos de un lado de su regazo al otro.
—Han pasado cinco horas. Cálmate. Tu jefe te llamará para aclarar todo ese malentendido.
Miré a su hija, Maisy, con creciente preocupación
—¿Debería estar la cara de Maisy tan morada?
Rachel frunció el ceño ante el cambio de tema y miró a su hija.
—Maisy, para de contener la respiración.
Maisy la miró tercamente.
—Uh… está conteniendo la respiración. —Por qué Rachel no estaba preocupada por esto como yo, no lo sabía.
Rachel hizo una mueca.
—No conseguirás un juguete si sigues aguantando la respiración.
Maisy dejó salir un largo espiro y después me sonrió.
—Es el diablo —murmuré suavemente, mirándola con cautela.
—Dímelo a mí. —Rachel se encogió de hombros—. Al parecer yo utilizaba el viejo truco de contén-la-respiración-para-conseguir-lo-que-quieres cuando tenía su edad.
Miré a mi almuerzo medio comido.
—Podemos marcharnos e ir a caminar por los jardines si se está inquietando.
—No terminamos de tranquilizarte. —Rachel movió la mano a un camarero pasando—. Dos refrescos light más y un zumo de naranja, por favor.
No discutí. De todas mis amigas, Rachel era la más persistente y autoritaria. Ese posiblemente era el por qué era la única de ellas a la que aun veía a intervalos frecuentes.
Habíamos sido cuatro, en la universidad: yo, Rachel, Viv y Maggie. De las cuatro, yo era la única que no estaba casada, y sin hijos. Entre ellas tenían cuatro hijos. Había perdido contacto con Viv y Maggie durante los años, y ahora solo veía a Rachel cada pocas semanas. Había estado tan ocupada con el trabajo y socializando con compañeras que nunca me había molestado en hacer nuevas relaciones al exterior de los años o fuera de mi carrera.
Si esta horrible sensación de instinto que tenía resultase ser verdad, si Benito me despidió, estaba a la espera de un muy triste futuro sin dinero, sin un bonito apartamento, y sin vida social.
—Tal vez deberías pedirme un vodka —gruñí.
Rachel lanzó un suspiro.
—Benito no va a despedirte. No despues de todo tu duro trabajo. ¿Verdad, nena? —rebotó a su hija sobre su rodilla.
Maisy me sonrió y meneó la cabeza, sus rizos oscuros volando por la cara de su madre.
—Genial, incluso la de tres años sabe que estoy jodida.
Rachel hizo una mueca.
—No puedes decir jodida frente a una niña, Lex. —Nuestras bebidas llegaron y empujó la mía hacia mí.
—Ahora calma tu mierda así mientras podemos hablar de mí durante un rato.
Sonreí una autentica sonrisa por primera vez en una semana.
—Solo si me dices una vez más que no voy a ser despedida.
—Lex, no vas a ser despedida.
—¡Alexa estás despedida!
Mi estómago cayó ante el furioso comienzo del mensaje del buzón de voz que Benito me había dejado.
—No sé qué diablos ocurrió esta mañana, pero has terminado. No solo conmigo. ¡Oh no! ¿Sabes lo que me costó hoy? ¡La cagaste con Caine Carraway tanto que perdí Mogul y otras dos revistas de la misma compañía! Mi reputación está en la línea aquí. ¡Después de todo por lo que he trabajado! Bueno… —su voz bajó, lo cual era incluso más aterrador que el gritar—. Considérate jodida, porque me voy a asegurar de que nunca trabajas en esta industria de nuevo.
Me pinché el puente de la nariz y absorbí un tembloroso y lloroso suspiro.
Esto era malo.
Esto era muy, muy malo.

5 comentarios:

  1. Samantha Young este libro promete, todos en el mundo literario de Estados unidos e Inglaterra aman este libro :)

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  2. para cuando Hero de Samantha Young gracias

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  3. para cuando Hero de Samantha Young gracias

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  4. Matenme ya quiero el libro xD gracias chicas por esto

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