sábado, 4 de octubre de 2014

Adelanto Temptation (Temptation #1)

1
Rose
Completamente Despierta


Traducido por katiliz94


MIERDA. Vi el agua revolviéndose al precipitarse sobre la entrada y dar marcha atrás hacia el arroyo. Nunca había visto algo así antes, y por la mirada de incredulidad en la cara de mi padre, él tampoco.
Sam y Justin, por otro lado, estaban disfrutando de la bizarra escena, metidos hasta las rodillas en la corriente con las ropas de calle puestas, salpicándose el uno al otro como maniacos delfines. En realidad, ahora que la tormenta había pasado y el sol estuviese asomando desde detrás de las acolchadas nubes es una escapatoria, se estaba comenzando a sentir como una sauna, y estaba pensando seriamente en unirme a mis hermanos.
—Ya no deberíamos intentar cruzar esto con la camioneta. Todavía es muy alto, —dijo papá, casi para sí mismo, sus dedos tocando su boca. Continuó al supervisar el obstáculo situado en medio de la larga y sinuosa entrada dirigiéndose hacia nuestra casa.
Nueva definitivamente no era la palabra adecuada para la casa. Imagino que “reliquia historia recientemente adquirida” sería más apropiado para la monstruosidad de ladrillos de tres plantas al otro lado del furioso riachuelo que hasta hace unos pocos días, cuando cerramos el trato, no era más que un lento goteo.
Mi padre, quien había decidido que quería criar a sus hijos en el país, al arrancarnos de nuestra cómoda casa suburbana en Cincinnati para mudarnos al culo del mundo de Ohio, estaba consiguiendo una buena base de espectáculo de campo. Me preguntaba si se estaba arrepintiendo. Al ver la mirada angustiada en su cara justo entonces, creo que lo estaba.
Suspiré, deseando que mamá estuviese aquí con nosotros. Entonces todo estaría bien. Pero ella estaba a seis metros por debajo, enterrada en la fría y oscura tierra del Mount Hope Cementery. Si todavía estuviese viva, papá nunca habría aceptado el estúpido trabajo como director del E.R. en este lugar olvidado, y no estaríamos de pie aquí, intentando averiguar una forma de cruzar lo que parecía un pequeño rio para llegar a nuestra casa.
Mi vida había sido tan dichosamente normal antes de que mamá hubiese muerto. Ahora todo se fue, como el agua revolviéndose al precipitarse por la entrada, desapareciendo en el abismo de hierba crecida y maleza por el otro lado. Y había nada que pudiese hacer por eso, excepto observarlo desaparecer —y tal vez llorar, lo cual había estado haciendo mucho últimamente. Por suerte, estaba acostumbrándome a esa sensación de impotencia. No tenía control sobre mi vida, y parecía como si tampoco nadie más lo tuviese. Era solo una ilusión, pensar que podíamos dominar nuestros patéticos mundillos. Las fuerzas de la naturaleza, ya fueran por el cáncer de mamá o la riada a mis pies, estaban más allá de mi dominio, y podían arrebatar toda la felicidad de mi corazón.
Hasta ahora, había puesto una muy buena cara de póker en todo, desde esta locura de mudanza al quinto pino, hasta la batalla de hace cinco meses de mamá con la enfermedad que cambió y destruyó su cuerpo ante mis ojos. Cuando el final llegó, no había mucho que quedase de ella, excepto la frágil y débil cascara de su actual vibrante ser.
Era extraño como en ese momento de tragedia, había parecido tan irreal, como una película antigua pasada de moda reproduciéndose en una pantalla solo para mis ojos. El dolor y el corazón roto fueron bloqueados durante un tiempo, dejándome insensible al recelo. Shock es como papá lo llamaba. Pero después de un tiempo, la cruel realidad comenzó a filtrarse en mis tejidos, y mi cuerpo se volvió una esponja, solo sorbiendo todo hasta que, al final, había tanto dolor dentro, que no podía evitar esentirlo.
Así es como ocurrió para mi. Primero, el entumecimiento justo después de que ella muriese, luego el agonizante dolor y tras eso el lugar en el que estaba ahora —la tierra de la perpetua depresión. Y por encima de todo eso, tenía muchas ganas de hacer pis. Que increíble. Mirar el agua corriendo tampoco era de ayuda para la situación. Cruzándome de piernas, apreté los dientes con incomodidad.
—Estoy contento de que Jerry no estuviese planeando traer hoy tu caballo. Solo espero que para mañana pueda traer el tráiler aquí, —dijo papá mientras me pasaba al mover la camioneta.
—Tienes que estar bromeando, ¿de verdad que el agua bajará para entonces? —Medio pregunté y medio exigí a mi padre. Lo único que hizo esta estúpida mudanza favorable fue que estaba esperando tener a Lady, a la cual había apuntado en los Establos J & R durante los anteriores dos años, finalmente en casa conmigo. Incluso si la casa estaba en los palos hinundados. Dios, esto es simplemente increíble, pensé, viendo a Sam y Justin salpicándose de atrás a adelante con la turbia agua.
Papá apareció desde la cabina de la camioneta y me pasó una botella de agua. Sacudí la cabeza enérgicamente y dije—: Necesito ir al cuarto de baño, papá. Voy a pasar sobre el agua y entrar a la casa. ¿Estás conmigo?
—Sí, aquí, déjame cogerte la mano. Tus hermanos todavía no han tendió la necesidad, pero son más grandes que tú.
Papá me sujetó la mano y juntos nos metimos en la fría agua congelada. También era muy asquerosa, completamente marrón y abundante con barro y desechos. A medio camino de cruce, pasó por mis rodillas, pero aún así agarré la mano de papá con más fuerza. En un minuto salimos del agua al otro lado, mojados pero un paso más cerca del baño. Me apresuré a ir a la entrada, dejando a papá detrás.
Miré sobre el hombro para ver a los barbaros, Sam y Justin, salpicar el agua como un par de alces americanos y golpear la seca tierra en movimiento. Por supuesto, me pasaron con facilidad. ¿Cómo corrían en pantalones mojados como esos? Di un rápido intento, y después de dos zancadas, y cerca de caerme de cara, decidí caminar a velocidad normal. Conocía mis limitaciones.
Cuando al final llegué al desvencijado porche delantero, sonreí con suficiencia a los idiotas que estaban de pie ahí sin una forma de abrir la puerta. Extendiendo la mano hasta el bolsillo, saqué la llave, colgándola frente a ellos. En un instante fui derribada al suelo por Sam, quien, al ser un año y medio mayor que yo y un jugador de futbol, yo no era competencia. Se levantó de un salto, moviendo la muleca con las llaves a centímetros por encima de mí. Una sonrisa de honesto triunfo me miró desde su cara. Una cara por la que el arrogante patán era guapo, con sus amplios ojos azul cielo y nariz de Hollywood, rematada con una espesa cabeza de rebelde pelo rubio. De metro ochenta y siete y buena musculatura, era de una forma demasiado grande para un chico de diecisiete años. Sam nunca carecía de atención femenina.
No era justo. Incluso mi adorable hermano de veinte años, Justin, quien podría haber sido mi gemelo masculino en color y rasgos faciales, ahora era más grande que yo. Ya no tenía oportunidad para nada de ganar en cualquier competencia física con cualquiera de ellos —solo para reforzar mi teoría de que el mundo apestaba.
—Date prisa, Sam. Tengo que ir al baño. —Brinqué por todo el lugar mientras él titubeaba con la llave, al final llegando a la puerta desbloqueada. En lugar de ser capaz de abrir la puerta como la de cualquier casa normal, los tres tuvimos que empujar la tenaz y sólida pieza de madera envejecida suelta de su marco. Cuando finalmente se abrió, desechándose sobre el suelo de plataforma de madera, la atravesé en un destello, corriendo hacia la parte trasera de la casa donde recordé que estaba el único baño. Pude escuchar a mi padre quejándose de que antes no había visto un problema con la puerta, cuando me metí en el baño.
Me sentí mucho mejor cuando salí al pasillo un momento después. Hasta que vi a Justin sacando las piezas de papel verde-espinaca de hacia décadas del yeso como si estuviese desenvolviendo un regalo de navidad. 
—¿Qué diablos estás haciendo? —Casi grité.
—Oye, mira, se estaba cayendo. Difícilmente tendrías que quitarlo. ¿No es genial? —dijo Justin en una voz emocionada mientras continuaba al desvestir una sección de pared en movimientos espásticos.
—¡Para, Justin! Ahora se ve incluso peor, —grité, agarrándole del brazo, lo cual de inmediato se convirtió en otra competición de lucha que sin duda perdería al final.
—¡Apartaos los dos… ahora! —Papá apareció desde ningún lugar, intentando empujar su cuerpo entre nosotros. Yo estaba más que dispuesta a parar, pero el muy gilipollas tenía un puñado de mi pelo largo en su puño, y hasta que lo dejase ir, no iba a soltarle la oreja.
—Lo digo en serio… de verdad, estáis comportándoos como unos mocosos. —Papá había llegado a su punto de ebullición. Podía decirlo por la forma que dijo mocosos, como si estuviese describiendo a dos niños pequeños que acababan de romper su jarrón favorito.
Justo cuando estaba aputo de liberar la oreja de Justin, escuché un alto aclaramiento de garganta de la puerta con tela mecánica. Todos paramos de movernos, y simultáneamente Justin y yo nos soltamos. Los tres nos giramos hacia la entrada para ver a un hombre Amish, con una larga y añeja barba castaña, de pie ahí con una mirada de lo que solo podía ser llamado como amplio desconcierto. Estaba llevando una camisa azul oscura abotonada con las mangas enrolladas hasta el comienzo de sus bien definidos músculos. Los tirantes negros eran extraños, como lo eran los pantalones pasados de moda que estaba llevando. Algo en el hombre llamaba la atención, sin embargo, y me erguí más cuando sus ojos me pasaron con rapidez.
—Soy su vecino, Amos Miller. Pensé que podría venir con mis hijos para ofrecerles ayudar para situarse… si lo necesitan. —Dijo en una forma relajada y placida, dirigiendo toda su atención a mi padre, quien bruscamente cruzó el suelo y abrió la puerta para los visitantes.
—Oh, que amable de tu parte, Amos. Eh… soy David Cameron y esta es mi hija Rose, y uno de mis hijos, Justin. —Papá se detuvo para mirar alrededor y entonces continuó—. Mi otro hijo es Sam, y está aquí en algún lado. No estoy seguro de donde en este momento.
Pobre papá —que vergonzoso ser atrapado separando una pelea entre sus hijos la primera vez que conoce a sus nuevos vecinos, y unos Amish. Papá ya me informó que tendríamos interesante y excéntricos vecinos aquí en Meadow View, pero esta era la primera vez que había estado tan cerca de alguna persona Amish. Mi corazón comenzó a acelerarse cuando mis ojos encontraron y se centraron en la mirada del chico de pie un poco detrás y a un lado de Amos.
Bueno, no era un chico; más como un hombre joven. Sorprendentemente, era tan alto como Sam y también proporcionado —probablemente de la misma edad, además. Su pelo era ondulado y oscuro, se equilibraba en su cabeza como una de esas estatuas europeas de los hombres con difícilmente algo de ropa puesta. Ya sabes, un poco del lado salvaje, pero todavía viéndose totalmente perfecto. Unos pocos rayos bronces daban a las hebras un efecto de color que brillaba en el suave rocío del tardío sol del atardecer viniendo a través de la puerta de metal. Su pelo encajaba con sus cálidos y coloreados ojos almendrados a la perfección.
Y por primera vez en un mucho tiempo, el mundo no se veía completamente en silencio, del apagado color de la muerte. De hecho, parecía haber brillado considerablemente en el pasillo cuando se hundió en mi endurecido cerebro que él era realmente guapo —como los posters de los guapos Abercrombie & Fitch— con sus llenos labios curvándose, la esculpida nariz y los hoyuelos.
De repente fui plenamente consciente del hecho de que yo estaba de pie frente a él mojada, sucia, con el pelo en un salvaje desorden. Incluso podía sentir una larga porción de las hebras saliendo de mi cabeza hacia donde Justin las había empujado. Imagínate, al final conozco al chico que hace brinca mi corazón, y me veo como la Esposa de Frankenstein.
Él estaba evaluándome de la cabeza a los pies con interés en los ojos, sutil, pero interés. No estaba sorprendida por su examinación de mó. Estaba acostumbrada a que los chicos me examinasen. Lo descubrí hace tres años, cuando cumplí trece años y comencé a recibir pequeños golpes en el pecho, de que el sexo opuesto me encontraba atractiva. Había sido bendecida con un esbelto cuerpo atlético y curvas en todos los lugares adecuados. Había dejado que mi fino pelo marrón botella creciese lo suficiente para que me llegase por encima del trasero, lo cual los chicos parecían apreciar. Y en más de una ocasión, algunos miembros de la especie masculina me dirían como de bonitos eran mis claros ojos azules. Lo encontraba todo muy vergonzoso, especialmente desde que cada vez que me miraba en un espejo, todavía veía a la misma chica pálida con la boca llena de aparatos que solía ser.
A lo que no estaba acostumbrada, sin embargo, era a que la forma en la que el chico Amish estaba mirándome estaba afectando a mi cuerpo. Como si acabase de salir de una profunda hibernación —todas las revoloteantes y cosquilleantes vibraciones que ahora estaban saltando en el centro de mi vientre  estaba esparciéndose, haciéndome saber que en verdad estaba viva, después de los problemas del último año.
Hmm… tal vez este lugar no sería tan malo después de todo.
—Es un placer conocerte, David. —Amos extendió la mano y papá la apretó en una forma amistosa, lo cual era habitual en mi padre—. Estos son mis hijos Jacob y Noah. 
Él asintió hacia los dos chicos con él. Ni siquiera había notado al otro, probablemente porque él estaba de pie directamente detrás de su padre con los ojos bajos, sin mirarme para nada. Casi con brusquedad, pensé al principio, pero entonces se me ocurrió que tal vez su hermano Noah era el brusco. Todavía me estaba mirando como si nunca antes hubiese visto una chica, solo ahora una leve sonrisa tocaba su boca. Me gustaban sus ojos, pero no me gustaba la inclinación de sus labios, y aparté la mirada de la suya cuando Sam vino brincando hacia el pasillo cubierto en telarañas.
—¡Deberíais ver como de asqueroso está el sótano! En realidad hay algunos huesos de animales… —Su voz se apagó, estaba claramente sorprendido de ver a los Amish ahí de pie.
—Bueno, hemos encontrado a Sam. Sam, estos son nuestros vecinos. —Papá señaló hacia los invitados con un movimiento impaciente de su mano, y Sam fue automáticamente hacia adelante para sacudir sus manos como el bien entrenado hijo de un doctor.
—Encantado de conoceros, —dijo Sam en la voz más cortes que no usaba tanto y que definitivamente nunca usaba conmigo.
—¿Qué tipo de huesos crees que son? —Preguntó Noah con curiosidad. Para el momento, él había perdido interés en mí, enviando una punzada de irritación por mi cuerpo. Pero había conseguido escuchar su voz, y era profunda y sexy.
—No lo sé. ¿Quieres verlos?
Noah miró a su padre, quien asintió una vez, y después respondió a mi hermano.
—Claro, vamos.
Eso es simplemente genial. En dos minutos, el amante de la diversión, feliz de ser afortunado Sam había hecho un amigo —un guapísimo amigo cuyos ojos hacían a mi estómago dar volteretas. Y aunque tenía frío y estaba incomoda en mis mojadas ropas, decidí seguir a los chicos y ver que escandalo era todo ese en el sótano. La oportunidad de pasar más tiempo con mi caliente vecino no tenía nada que ver con el viaje subterráneo, me dije a mi misma mientras me apresuraba a alcanzarles.
Comenzamos a bajar los desmoronados escalones de roca, y Sam golpeó el interruptor, iluminando la única bombilla que pidió ver. Era una de esas espantosas bombillas colgando que están en todas las películas de terror. Un escalofrío me recorrió, y ni siquiera pensé que solo fuese debido a las ropas mojadas. Sería una suerte para mí que la casa estuviese embrujada, sobre todo lo demás.
El último escalón era como una caída de dos pies, y Noah, quien estaba justo frente a mí, se detuvo y miró atrás, ofreciendo su mano para ayudarme a bajar. Wow, esto era una nueva experiencia para mí, en efecto un chico siendo cortés. Pasé demasiado tiempo con mis hermanos Neandertales, decidí. Deslizando mi mano en su cálido y fuerte agarre bajé el último escalón.
Cuando llegué al suelo, él mantuvo mi mano cautiva durante unos segundos más de lo que era necesario, provocando que se me pusiese la piel de gallina en el brazo. Le miré, y cuando mis ojos encontraron los suyos, me dejó ir. Tan rápido como me había dado su completa atención, se volvió hacia Sam, siguiendo a mi hermano más profundo hacia la ennegrecida oscuridad.
El sótano podría haber estado tan bien como el acantarillado de Nueva York, tan húmedo y oscuro como lo era. Envolví los brazos alrededor de mi pecho, intentando calentarme en el repugnante ambientre mientras levemente pisaba el sucio suelo de duro parquet. La pequeña bombilla solo iluminaba el área justo de delante, y los limites más lejanos de la habitación —y era grande— estaban entintados de negro, excepto por unas pocas esquirlas de luz deslizándose por la oscuridad de las grietas de los cimientos de roca. No era una experta, pero las grietas probablemente no eran algo bueno. Otra parte de la casa que papá había olvidado.
El ligero y adherente tacto de algo en mi cuello y cara me hizo temblar, y lo agarré, alejándola con mis dedos en un movimiento de pánico. Dándome cuenta de que era una gigantesca telaraña, me pregunté dónde estaba Charlotte1—probablemente colgando en mi pelo. Francamente, quité el resto de mí, sacudiendo la cabeza vigorosamente.
—¿Estás bien? —Era Noah y cruzó unas pocas zancadas hasta mí. Estaba contenta de que él estuviese centrado en mí de nuevo, pero me sentía muy estúpida reaccionando así por una telaraña.
—Bien. Estoy bien. Solo es que me cuesta ver algo aquí abajo y –ugh, las telarañas son asquerosas. —Miré su ensombrecido, casi oscurecido rostro. Sentí el aleteo de nuevo en el estómago. 
—Vamos, Rose, no seas tan… ¡chica! —Me reprendió Sam, y por una vez tuve que estar de acuerdo con él.
Hubo un minuto de silencio mientras Sam buscaba por el suelo, usando la tenue luz de su teléfono móvil antes de que se arrodillase al sucio suelo y anunciase—, aquí están, en la esquina.
Noah fue a unirse a Sam hacia el esqueleto. Con las manos extendidas frente a mí, intentando agarrarme a algo más que las telarañas antes de que me tocasen la cara, me moví detrás de ellos y miré sobre sus hombros. Tanto como podía ver, lo cual no era mucho en la limitada luz, Sam había hecho un gran asunto de nada. Era solo un animal pequeño. Pero entonces esperaba que no hubiese más bichejos acechando las escaleras con las que tendría que lidiar en medio de la noche.
—Me parece que es una comadreja, —dijo Noah, cogiendo el cráneo y levantándolo hacia la bombilla para una inspección de cerca—. Sin embargo, es muy antigua. Creo que no tienes que preocuparte por esto.
—¡Ahhhhhhh! —Vino un aplastante grito de nervios desde detrás de nosotros, y casi salté fuera de mis ropas mojadas. Incluso Noah y Sam se asustaron, dándose la vuelta para ver a Justin doblado, riendo con fuerza.
Él estaba tan lleno de sí mismo, apenas podía hablar, pero se las arregló para soltar—, eso fue demasiado fácil, ¡puñado de nenazas!
Cuando di un suspiro de alivio, Sam, en un movimiento parecido al de una serpiente, agarró a Justin y le puso en una llave de cuello en dos segundo en el suelo —nada nuevo ahí.
—Pedazo de mierda… solo espera y verás la proxima vez que estés solo, —amenazó Sam.
—Chicas, de verdad sois muy violentos, —observó Noah con humor en la voz. 
Mis hermanos y yo debíamos parecer el equivalente de una repetición de Jersey Shore para este chico amable, pensé, queriendo retroceder en la oscuridad y esconderme de la vergüenza.
—Hey, venid todos aquí arriba. —Era mi padre, y siguiendo el sonido de su llamada, rápidamente subí las escaleras, complemente feliz de salir del oscuro y lleno de huesos sótano y alejarme del ridículo comportamiento de mis hermanos. 
Mientras lideraba el camino, Noah estaba cerca detrás de mí, y era extremadamente consciente de su proximidad. Era como si las terminaciones nerviosas de mi cuerpo estuvieran prendidas en fuego o algo. Solo fui levemente distraída de esta sensación por el sonido de Sam y Justin peleando detrás de nosotros mientras subíamos a la antiguada cocina azul polvorienta.
Papa estaba ahí de pie solo, llenando con el grifo el fregadero de porcelana manchado de amarillo. Levantando los ojos, dijo—, El Señor Miller fue muy amable al invitarnos a cenar, chicos. Miré fuer de la ventana hace un minuto. El agua ha retrocedido un poco, pero ya que es tarde, cogeremos algunas cosas de la camioneta esta noche y descargaremos el resto por la mañana.
—Suena como un plan, papá, —dijo Sam, todavía agarrando el cuello de Justin en un agarre de tornillo, sonriendo de oreja a oreja.
—Suéltale, Sam… y ya que parece que tienes mucha energía, ¿por qué no cruzas la entrada y traes nuestras maletas a casa? Mejor aún, Justin, ve a ayudarle. —Su voz parece un gruñido. Después, cambiando el tono al de “doctor amistoso,” dije a Noah—, tu padre dijo que puedes volver a casa después de segar.
Observé de cerca como Noah muy levemente ponía los ojos en blanco y suspiraba. De repente, se parecía más a mis hermanos o a otro adolescente cualquiera al no querer hacer las tareas del jardín. Y esa pequeña familiaridad me dio valentía.
—¿Imagino que cortar la hierba es mucho trabajo para ti? —dijo, imaginando a Noah rodeado por grandes tallos de follage y arrancándolos con una hoz de mano antigua.
Los ojos de Noah saltaron de regreso a mí, sorprendido, y sentí una punzada de preocupación de que no debería haberle hablado así, pero él recuperó la compostura con rapidez y respondió—: En realidad, la gran hoz para podar que use es un gas poderoso y hace todo el trabajo justamente fácil. Sin embargo, es aburrido salir. —Nos dijo a todos, pero sus ojos permanecieron en mí durante unos largos segundos, su boca crispándose levemente, como si estuviese conteniendo una sonrisa.
Fui timida de nuevo y murmuré—, Oh, —sin saber que más decir.
—Te veré más tarde, —dijo Noah con rapidez, antes de que se diese la vuelta y siguiese a Sam y a Justin fuera por la puerta.
Al segundo que la puerta se cerró, corrí hacia la ventana delantera y vi como mis hermanos daban la vuelta sin prisa hacia la camioneta. Pero en realidad no les estaba prestando atención para nada. En su lugar, la imagen de mi nuevo vecino se reprodujo una y otra vez en mi cabeza.
Mordisqueándome la uña rosa, no pude evitar decir en un ruego silencioso:
—Dios, por favor haz que la ducha funcione.



1 Personaje de La Telaraña de Charlotte en Sudamérica y La Araña de Carlota en España.

No hay comentarios:

Publicar un comentario