viernes, 5 de septiembre de 2014

Nuevo Adelanto Hyde (Hyde #1)

Capítulo 1

Traducido por JGHerondale


Quince años después…
El corazón de Eden era la única parte de ella que no estaba completamente congelada. Su pulso retumbaba en sus oídos, fácilmente duplicando el ritmo viniendo de su pecho. Sus brazos musculosos envolviéndola mientras él duerme y ella entraba en pánico. Su mente gritaba, —¡Corre! — pero el resto de su cuerpo no estaba escuchando. Como si quisiera quedarse justo donde estaba.
Ella no había caminado dormida en ocho años. Lo sabía. Y nunca había sido como esto. Ella hubiera recordado haber despertado en una habitación que nunca había visto antes.
Desnuda. 
Especialmente un hombre que luciera como él. Despertar junto eso sería un recuerdo que mantienes. Belleza pacífica que se vería imposible en el mundo real. Aun así, ahí estaba. 
Y aquí estaba ella. Desnuda. Perdida.
Él se estiró a la vez que despertaba. —Oye, me alegra que te quedaras, — susurró. El rastrojo de su barbilla raspó su frente seguido de un cepillo suave de sus labios. Sus dedos se envolvieron con un mechón de su cabello. —Huh, tu cabello luce diferente. Pensaba que era rojo. Esa es la última vez que bebo… Lo que sea que estuviera bebiendo. — Su voz era baja y gutural, también su risa.
Él se estiró y ajustó su cuerpo hacia el de ella, sosteniéndola cerca de su pecho. —Escucha, quería decirte… anoche fue… He estado en muchos… Solo quería decir… Joder. No importa— Él pasó una mano por su cabello. — ¿Qué hora es? 
A la vez que el rodaba su cuerpo sobre el de ella, ella miró su perfil. Él era todos ángulos duros; mandíbula, nariz, pómulos. La única suavidad en su cara eran sus labios. Bueno, tal vez sus ojos, pero ella no era una grandiosa jueza en este momento particular. No, era más un botón de pánico atascado en el encendido.
Su cabello oscuro cayó adelante, y él lo sacudió fuera de unos ojos grandes color avellana para mirar al reloj de alarma. —Wow, cuarenta y cinco minutos completos de sueño. Me siento como hombre nuevo. ¿Quieres sentir? — Con una pequeña sonrisa, él tomó su mano y tiro de ella debajo la sábana que los cubría.
Eden detuvo su mano antes de que tocara la erección que ya estaba presionando contra su muslo. ¡No soy esa clase de chica! Excepto que parecía que lo era… o lo fue en algún punto que nunca quisiera recordar.
— ¿Qué…?— Él la soltó y se apartó de su cuerpo, su ceño fruncido. — ¿Por qué me miras así? 
Su boca se abrió y se cerró como si ella estuviera tratando de aplaudir con ella.  Hurra por mí,  gimió silenciosamente. Tragó. — ¿Nosotros…?
El estudio su cara. — ¿Nosotros qué?
¿Cómo podía discutir algo que dada las evidencias habían hecho, pero que ella no recordaba haberlo hecho? —Tú sabes. — Si, eso fue perfecto, Eden. Muy inteligente. Cielos.
—Apuéstalo. De todas las maneras posibles. — La sonrisa llenó su cara, haciendo sus ojos bailar y las esquinas arrugarse. El rozó una yema de su dedo por su labio inferior y se inclinó hacia ella —Yo nunca he... — Su ceño se frunció de nuevo, y él ladeo su cabeza. —Deja de mirarme así. Es raro.
Sus palabras liberaron su cuero de su estupor, y ella empujó contra él. — ¡Déjame, viejo!
— ¿Viejo? Ouch, eso dolió.” Se arrimó hacia un lado y rió. — Cuando dicen que todo es una bajada después de los treinta, no pensé que fuera tan literalmente.
Ella se abalanzó fuera de la cama, tomando una almohada para cubrir su cuerpo desnudo. Recibir una mirada de larga distancia hacia él dolía más que ayudar. Él lucía fantástico. No viejo. Maduro. ¿Comenzando los treinta, tal vez? De nuevo, su juicio no era de confiar; ella estaba realmente atraída hacia un extraño desnudo que parecía ya haber tenido sexo con él. Sip, entonces no era parte de su método de operación usual.
—Espera— él dijo — ¿En serio estás molesta? Oh mierda. ¿Acaso hice algo increíblemente estúpido mientras estaba dormido o algo?
Te refieres a algo como una aventura de una noche que pudo haber incluido más posiciones horizontales que de pie1. Oh, Dios. —Déjame en paz. — Su voz controlada. Esa es una buena señal de que sigues cuerdo, ¿no? — No sé quién eres.
Él se levantó y tomó un largo respiro, sus fosas nasales dilatadas y sus ojos con delgadas rayas de ira. —De alguna manera dudo que eso te haya detenido antes.
—Yo  nunca he… Yo… Yo tengo un novio— Algo así.
—Oh, está bien. Creo que lo entiendo. Esta es una de esas cosas de “estaba tan borracha,” ¿no? — Él sacudió su cabeza. —No es mi culpa. — Imitó en su falsete.
Ella tuvo que haber corrido. Corrido lo más rápido y lejos posible. Pero luego, nunca supo que sucedió. Sin mencionar que él probablemente disfrutara ver su trasero rebotar mientras se alejaba. — ¿Cómo llegué aquí? — Esperó por una respuesta que nunca llegó. Todo lo que obtuvo fue una mirada de incredulidad y unos ojos en blanco. — ¿Nos hemos conocido antes? 
— ¿Por qué te molestas en preguntar? Si nos conociéramos, tu solo pretenderías que no sucedió igual. — Él pellizcó el puente de su nariz. — La próxima vez que decidas usar el “no soy responsable de mis acciones,” no dejes que nadie en el club mire tu baile en el tubo sobre el bar y cuando saltes sobre mí como lo hiciste. No está ayudando tu caso— Recogió la sábana de seda marrón en una bola suelta y se la arrojó.
Eden arrojó la almohada que apenas la ocultaba y se envolvió la sábana apretadamente a su alrededor. —No tengo idea de que estás hablando— Tragó, preguntándose por qué ella sentía la necesidad de explicarle algo. —Yo a veces camino dormida.
Su risa resonó en el techo alto. —Vamos, no hagas eso. Es estúpido. Arruina totalmente toda la noche. Una noche que yo quisiera recordar. Por un largo, largo tiempo.
—Yo… Yo… No recuerdo. — Ella odió el tartamudeo de su voz, odió sus pulmones que se veían incapaces de expandirse completamente. — ¿Estaba… bebiendo?
—“Esta bien, vale.” Él levanto sus manos, el movimiento apretando su abdomen en seis perfectos cuadrados cubiertos de un pequeño camino de pelo conduciendo hacia su… Oh, chico. 
—Escucha señorita, ya está arruinado, así que vamos con todo. Fuiste la más loca, más sobria chica que he tenido. Si esa eras tú caminando dormida, me gustaría tomar la versión despierta a un test de conducir lo más pronto posible— Él bajó el volumen de su voz a la vez que ella se deslizaba hacia atrás de la puerta. —Tanto por mi encantador ingenio— inclinó su cabeza —Gracias por la encantadora noche— inclinó un sombrero invisible. —Fue un placer, que mal que tuvo que terminar así.
—Yo no hago esto. Tuve que haber estado caminando dormida. — Incluso cuando le estaba costando creerlo. Era probablemente la excusa más floja jamás dada. Pero tenía que ser verdad, no había otra explicación. Incluso si ella era el tipo que terminaba en la cama de un extraño, lo cual no era, no tenía recuerdos de nada que ellos obviamente hubieron hecho. ¿Era algún tipo de broma? Alguien estaba a punto de saltar de la cortina con una cámara y gritar, “¡Te tenemos! ¿Puedes firmar este formulario de autorización”?  Miro  esperanzada hacia las cortinas de la ventana. Por favor. Pero no era tan suertuda. 
Ah, y claro, el dolor de sus músculos era probablemente debido a la escalada de montaña que ella no recuerda haber hecho. Mirando de vuelta hacia el hombre en la cama, ella decidió que ninguno era tan buen actor. Un Roofie? No. ¿Cómo él le pudo haber dado un Roofie cuando se había ido a dormir anoche en su apartamento cerrado con llave? Oh Dios mío. De alguna manera ella soñó el camino hacia su cama.
—Como sea. — Él murmuró. — Déjame saber cuándo estés lista para para unirte a mí al mundo real.  La entrada esta por allá. — Hizo un gesto hacia la puerta.
— ¿Qué quiere decir?
—Quiere decir vete. Ahora. Un gusto conocerte, buena suerte con tu novio, y sal. — Se dejó caer de nuevo en el montón de almohadas.
Las piernas de Eden ya estaban trotando a través de la puerta cuando ella pensó sobre lo que estaba usando. Puso la sábana más apretada a su alrededor y se dio la vuelta hacia él con toda la dignidad que podía reunir. —Um… ¿Dónde está mi ropa?
Sin levantar su cabeza, apuntó al lado lejano de la cama. —Tu falda está por ahí. Y tu sujetador esta probablemente en el hall, bajo mis pantalones, — refunfuñó.
Se tropezó con la sábana mientras se arrastró para agarrar la falda negra del suelo. En su camino hacia la puerta, ella pasó por encima de cinco envolturas de condones vacías, encogiéndose con cada una.
No hay manera de que esta sea mi vida. Ella ni siquiera podía hacer cinco flexiones, y asumía que el sexo toma por lo menos algo de fuerza superior de parte del cuerpo. Avergonzada por imaginarse a sí misma solo acostada ahí y dejando hacerlo a él todo el trabajo, azotó la puerta del dormitorio detrás de ella.
A medida que caminaba por el ancho pasillo de madera oscura hacia la escalera, ella se agachó y enganchó su sujetador por una correa, sin tocar los pantalones que antes estaban sobre él. 
Luego lo escucho llamándola, — Si quieres de vuelta tus bragas, están probablemente todavía colgando del pomo de la puerta.
Eden se deslizó en su falda y su sujetador y comenzó a revisar todas las puertas, primero arriba y luego abajo. Pasando una habitación tras otra de elegante opulencia contemporánea mezclada con descuidada negligencia de soltero. Ella trato de recordar todo lo que había hecho la noche anterior. A casa después de horas de oficina. Último día de escuela. Mac y queso para cenar. Con pequeñas salchichas… Oh Dios, ¡no pienses en salchichas! Encontró un zapato en el vestíbulo y siguió buscando el otro y su ropa interior.
Ver un maratón de Bones porque no había nada más. Las encimeras de granito negro de la cocina estaban llenas de empaques de polietileno y con vasos para llevar excepto por un lado de la isla. Ponerse pijamas, no ropa, pijamas. Las azul claro. Platos rotos y utensilios llenando el piso al lado de la isla, cubriendo su otro zapato como si hubiera caído justo antes de que todo en la encimera fuera barrido en un apuro.
¿Podría esto empeorar?   
Ella volteó y corrió de vuelta a la sala de estar. Su camisa estaba sobre un sofá de cuero negro. Cepillarse los dientes. Lavarse la cara. Luego dormir. ¡Dormir! ¿Dónde está mi estúpida ropa interior? Se rindió de buscar y se adelantó a la puerta principal. Ningún club. Nada de alcohol. Ningún hombre. Definitivamente ningún hombre.
Dejo la sábana en la base de las escaleras y se detuvo a la luz de un nuevo día. Dios mío, ¿qué está mal conmigo? Su ropa interior está justo donde él dijo que estaba; solo que ella no esperaba que estuviera colgando en el pomo de la parte de afuera de la puerta.
***
Después de que escucho el golpe de la puerta principal.  Mitch aporreó su cabeza en la almohada. Maldita sea. Maldita sea. Maldita sea. Él había pensado…
Argh! No, los pensamientos no estuvieron involucrados, él había sentido. Maldita sea, había sentido más la noche anterior que lo que nunca…
Argh! Además del sexo, el cual estuvo increíble, se sintió conectado con alguien. Alguien que parecía que lo conocía de alguna jodida cósmica manera. Alguien que no lo juzgaría, que solo esté con él.
El licor tuvo que haber construido la fantasía en su mente. La mujer perfecta; debería ser suave en todas partes y estrecha en las demás, desinhibida, sabe lo que quiere y donde lo quiere. Divertida cuando habla (que no era muy a menudo), diferente a cualquiera que haya conocido antes. Abultada, cabello largo que él había pensado era rojo, pero resultó siendo un abundante, castaño oscuro. De cualquier manera, era hermosa. Labios gruesos, cuerpo alucinante.
Sí, claro, la mujer perfecta. Él era un juez del infierno por eso. Resulta, ella estaba más jodida de lo que lo está él. Si es que eso era posible. Lo cual no era. Demonios, tal vez ellos se merecen el uno al otro. Por supuesto que ella estaba loca, no hay manera que una mujer en su sano juicio pudiera ser su amor.
Él no tuvo que haber salido esa noche. Mantiene su gabinete de licor muy bien abastecida. La gente de luto por un miembro de la familia no debería estar ebria alrededor de otra gente. O recoger a extrañas, hermosas mujeres y tener una salvaje, caliente y definitivamente placentera noche de sexo con ellas. Especialmente gente como él. No es que no haya nadie como él. Mala idea que estén todos juntos. Pero esas pocas horas en las que se dio un descanso de sí mismo, de quien era, lo que era. Y fue bueno, muy bueno.
Hasta había sido agradable con ella. Mierda santa, ¿cuándo fue la última vez que había pasado eso? Nah, fue algo bueno que ella estuviera demente. Ciertamente más a salvo… para todos.
Se levantó, se bañó, se vistió y salió, deteniéndose brevemente en cada sitio en el que habían estado; paredes, pasillos, escaleras. ¿Por qué lo tuvo ella que arruinar con una excusa tan vaga como que estaba caminando dormida? Joder, lo menos que pudo haber hecho era inventarse una mejor mentira. Caminar dormida mi trasero.
Se presentó en la oficina a las 9:15. No muy tarde. Jolie ya estaba sentada en su escritorio, tipiando algo. Su cabello color café estaba enrollado en un moño que rebotó sigilosamente cuando levantó la mirada hacia él. Levantó una ceja, miró su reloj Gucci y siguió trabajando. Ella tenía un don para parecer ocupada ya sea si él le había dado algo que hacer o no. Tal vez ella si estaba trabajando, no tenía idea. Solo estaba agradecido de tenerla dirigiendo su vida, desde que, obviamente, él estaba haciendo una pobre mierda de ella. Tal vez debería tener su aprobación con cualquier mujer en el futuro que tenga planeado llevársela a la cama. Deshacerse de las psicópatas antes de que hagan un lío de su cabeza.
— Buenos días, Mitchell.
— ¿Luzco viejo para ti?
— ¿Qué?
— Viejo. ¿Parezco un hombre viejo? — Observó su expresión cambiar mientras ella intentaba saber de qué carajos estaba hablando. — ¿Los treinta son los nuevos sesenta o algo? ¿Qué? Tú sigues ese tipo de mierda. — Maldita sea, treinta y uno no es ser viejo. — Olvídalo, ¿qué hay que hacer hoy?
Jolie le dio una última mirada de “¿Qué caraj…?” y luego sacó la agenda que tenía el cerebro de ella y la vida de él. Leyó una corta lista de clientes que tenían citas hoy y lo que ella había organizado en términos de su itinerario de viaje para sus próximas ponencias.
— Quieren cambiar la fecha de tu discurso a los ejecutivos de MemCo. Les dije que era imposible.
— ¿Por qué? — Recogió la taza de café que ella le trae todas las mañanas y se sentó en el borde de su escritorio.
— La nueva fecha es el tres.
— Oh. Sí, eso no sería bueno. Pues, si esa es la fecha cuando ellos lo quieren hacer, pueden encontrar a alguien más. 
— Ellos te quisieron. Ya han dado una copia de tu libro a todos los asistentes para prepararlos para tu charla.
—Caray, que mal que yo no pueda estar ahí. Supongo que tendrán que leerlo ahora ¿no?
Ella inclinó su cabeza molesta. —Mitchell, Yo entiendo que la parte por la que eres tan exitoso es porque, por alguna razón, tus clientes respetan el hecho de que les importas un comino, pero hay un límite.
— ¿Hay uno? Porque parece que nos está yendo muy bien.
—Sorprendentemente, tienes razón. Pero si, hay un límite.
Él sacudió su cabeza. — Sin límites, Jolie. No hay límites en negocios. O en la vida. Deberías leer mi libro.
Ella suspiró y miró abajo hacia la agenda. —MemCo está tratando de reprogramar la reunión…
— ¿Ves? Funciona.
—Están intentando. Pero no están felices al respecto. Algo sobre donde sea que necesites estar no puede ser más importante que ellos.
—Bueno, quisiera ver sus caras si realmente me presentara el tres. Luego veremos que tan tristes pueden estar. — O que tan aterrados. O, posiblemente, que tan muertos. Se levantó y caminó hacia su oficina.
Jolie lo siguió adentro. —Mitchell, la policía llamó.
Sus pasos vacilaron. Se frotó la mandíbula. Era como una trampa para osos la cual necesitaba una palanca para abrir. — ¿Qué querían?
—Pusieron un nuevo detective a cargo del caso. Quiere preguntarte sobre ella de nuevo.
Se obligó a reprimir el hipo de su aliento. Pero las imágenes del cuerpo de Shelly, partido y desangrado, apoyado contra su puerta trasera casualmente como si estuviera solo sentada esperando por alguien, por él, vinieron inundando su mente. No podía afrontarlo en su escritorio. Se sentó duramente en el gran diván blanco contra la pared y espero para que su culpabilidad se fuera. Hasta la próxima vez que apareciera. Como en unos diez minutos desde ahora.
—Bien, — él dijo.
Jolie se sentó a su lado. Tan cerca que su rodilla tocó la de él. Tomó su mano y la apretó entre las de ella. —Mitchell, ellos me creyeron. Ya no eres más un sospechoso. El nuevo chico quiere solo probablemente empezar desde cero, o preguntar sobre alguien que haya querido lastimarla, ya que se han quedado sin cables. Estará todo bien.
Él sacó su mano de su agarre y se levantó. Le debía. Mucho. Pero no podría entender por qué ella había hecho lo que hizo. Se puso a sí misma en el límite con su mentira y a veces deseaba que no hubiera dicho nada de nada.
Todos los días una parte de él considera dirigirse hacia la estación de policía y confesar. Muy mal que haya otras partes de él, una que sabía que ella habría presentado cargos, sólo para probar una coartada para un hombre culpable. Otra que temía de la carnicería que el haría si fuera puesto en una celda de la prisión con otro hombre, antes de pasar el resto de su vida en algún laboratorio, siendo pinchado y probado.
Y después, estaba ese lado que, conociendo toda la maldad dentro de él, aún no se podía creer que la había matado. ¿Qué clase de hombre mataría a su propia hermana? Ya fuera si él hubiera sido otra cosa en el momento o no.

1 Se refiere al término “one-night stand” (stand= de pie), que en español seria “aventura de una noche”.

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