martes, 30 de septiembre de 2014

Adelanto Snow Like Ashes (Snow Like Ashes #1)

Capitulo 1

Traducido por katiliz94

—¡BLOQUEA!
—¿Dónde?
—No puedo decirte dónde… ¡Se supone que sigues mis movimientos!
—Bueno, entonces, ve despacio.
Mather pone los ojos en blanco.
—No puedes decir a un soldado enemigo que vaya despacio.
Sonrío ante su exasperación, pero mi sonrisa es de corta duración tanto como el opaco borde de su práctica espada pasa por debajo de mis rodillas. Golpeo la sucia pradera con un golpe sordo de caída de espalda, mi hoja volando de las manos y desvaneciéndose en la cercana hierba alta.
El combate mano a mano siempre ha sido mi área más débil. Culpo a Sir y el hecho de que no comenzó a entrenarme hasta que casi tuve once años; unas pocas sesiones adicionales con una espada podrían haberme ayudado ahora a atrapar más de tres golpes de mi madre. O tal vez ni la cantidad de entrenamiento cambiaría como de extraña una espada se siente en mis manos y cuanto me encanta arrojar mi giratoria hoja circular de muerte —mi chakram. Predecir los movimientos de un oponente cercano mientras una hoja destella en mi visión nunca ha sido una de mis fortalezas.
Los rayos de sol sin filtrarse me cosquillean en la piel cuando miro al cielo azul, haciendo una mueca de dolor particularmente ante la afilada piedra debajo de mi espalda. Esta es la cuarta vez, en los últimos veinte minutos, que he terminado en el suelo, observando los tallos de la hierba de la pradera inflarse entorno a mi cabeza. Mis pulmones jadean y el sudor se esparce por mi rostro, asi que me quedo de espalda, disfrutando de este momento de paz.
Mather se inclina en mi línea de visión, a revés sobre mi, y espero que atribuya el repentino calor en mis mejillas por el esfuerzo. No importa cuántas veces me tira al suelo, nunca se ve nada más que hermoso.
Es del tipo atractivo que duele físicamente, me hace tropezar en las sillas cuando soy atrapada sin ser consciente. Unos pocos trozos de cabello blanco Winteriano le cuelgan por la mejilla, el resto de las hebras a la altura del hombro se mantienen unidas por un cordel. El peto de cuero que se estira por su pecho recalca el hecho de que ha pasado gran parte de su vida usando esos músculos en entrenamientos de combate, y sus brazos están esbeltos y al descubiertos a excepción de los brazaletes. Pecas se trazan a lo largo de su palido rostro, su cuello, sus brazos, un testimonio por el cegador sol de Rania Plains.
—¿Mejor seis de once? —La nota de esperanza en su voz, como si sinceramente creyese que tengo una oportunidad de golpearle, me hace arquear una ceja,
Gruño.
—Solo si los siguientes seis resultados pueden ser oscilados.
Mather se rie entre dientes.
—Estoy bajo estrictas órdenes de conseguir que ganes al menos un enfrentamiento de espada para el momento que William y el resto regresen.
Entrecierro los ojos e intento tragar el anhelo que se precipita sobre mí. Sir se marchó con Greer, Henn, y Dendera a una misión a Primavera mientras el resto nos quedábamos detrás. Mather, el futuro rey (quien consigue ir a las misiones más peligrosas porque ha sido entrenado desde su nacimiento en el arte de luchar); Alysson, la esposa de Sir (quien nunca ha mostrado la más leve habilidad al luchar); Finn, otro soldado físicamente capaz (a la orden de Sir —Mather siempre ha tenido un cualificado luchador para respaldarle); y yo, la perpetuamente chica huérfana en entrenamiento (quien, a pesar de seis años de combate en práctica, todavía “no es lo bastante buena” como para que se le confíen los encargos importantes).
Sí, he tenido que usar algunas de mis habilidades en tareas de búsqueda de comida, defender a los ocasionales soldados o contradecir a los ciudadanos de uno de los cuatro Reinos de Rhythm. Pero cuando Sir organiza misiones en Primavera, misiones en las cuales estaremos directamente ayudando a Invierno en lugar de simplemente devolver suministros, siempre tiene una excusa de porque no puedo ir: El Reino de Primavera es demasiado peligroso; la misión es demasiado importante; no se puede arriesgar a una adolescente.
Mather debe reconocer la forma en la que me muerdo el labio, o la forma en la que mi concentración va a la deriva, porque exhala un forzado suspiro.
—Estás mejorando, Meira, de verdad. William solo quiere asegurarse de que puedes luchar desde cerca tan bien como desde lejos, como todos los demás. Es comprensible.
Le miro.
—No soy horrible con el combate mano a mano, solo que no estoy en tus niveles de bien. Miente a Sir; dile que al final te vencí. Eres nuestro futuro rey… ¡él confía en ti!
Mather sacude la cabeza.
—Lo siento, solo puedo usar mis poderes para el bien.
Su cara se retuerce y me llevo una sorpresa al darme cuenta de la inesperada mentira en lo que dijo. No tiene ningunos poderes especiales, en realidad no, no como magia, y ese defecto ha sido una lucha en todas nuestras vidas.
Me siento, cogiendo las espadas de la hierba para mecerlas entre mis dedos, como si fuese lo único que tengo que hacer en la repentina tensión.
—¿Para qué usarías la magia? —Pregunto, mis palabras tan débiles que casi se van a la deriva.
—¿Te refieres, además de mentir a Sir por ti? —El tono de Mather es ligero, pero cuando me balanceo para ponerme de pie y me giro hacia él, mi pecho duele ante la presión en su cara.
—No, —comienzo—. Si Invierno tuviese todo un conducto de nuevo, un conducto que no fuera de sangre femenina, en el que cualquier monarca, rey o reina, pudiese guarnecerse, ¿para qué usarías el poder?
La pregunta sale disparada de mi boca como una piedra lisa en un riachuelo, sus bordes raídos se alisarían por como de frecuentes rodaba entorno a mi cabeza. Nunca hablamos sobre el conducto de Invierno, el medallón del Rey Angra Manu de Primavera se rompió cuando él destruyó nuestros reinos hace dieciséis años, a menos que se relacionase con una misión. Siempre “Tenemos la palabra de que una de las mitades del medallón estará en este lugar esta vez;” nunca “Incluso si conseguimos colocar de nuevo en su sitio el conducto de sangre femenina, ¿cómo sabremos si la magia funciona cuando nuestro único heredero es un hombre?”
Mather tiembla, bateando la hierba con la espada como si estuviese lidiando una guerra personal contra la pradera.
—No importa lo que haría con ella… no es como que pueda usarla.
—Por supuesto que importa. —Frunzo el ceño—. Tener buenas intenciones…
Pero me lanza una mirada exasperada antes de que siquiera pueda terminar.
—No, no importa, —contraargumenta. Cuanto más dice, más rápidas vienen las palabras, saliendo de él de una forma que me hace pensar que necesita hablar también de eso—. No importa lo que quiero hacer, no importa como de bien lidero o como de duro entreno, no seré capaz de forzar la vida en los campos helados, o curar las plagas, o alimentar las fuerzas de los soldados como si pudiese usar el conducto. Los Winterianos probablemente preferirían tener una reina cruel a un rey con buenas intenciones, porque con una reina, al menos tendrían una oportunidad de que la magia pueda ser usada por ellos. No importa lo que yo haría con la magia, porque los líderes son evaluados por lo malo.
Mather jadea, su rostro tenso cuando escucha todo lo que dijo, todas sus preocupaciones y debilidades expuestas por completo. Me muerdo el interior de la mejilla, intentando no ver la forma en que se avergüenza y abofetea de nuevo la hierba. No debería haberlo presionado, pero algo profundo en mí siempre late con la necesidad de decir más, aprender tanto como puedo sobre un reino que nunca antes he visto.
—Lo siento, —aspiro, y me foro la mejilla—. Traer un tema delicado mientras estás armado no fue inteligente de mi parte.
Se encoge de hombros, pero no parece convencido.
—No, deberíamos hablar de eso.
—Dile eso a todos los demás, —gruño—. Solo van a misiones y regresan sangrando y dicen “La próxima vez lo conseguiremos, y entonces tendremos la otra mitad, luego adquiriremos aliados y derrocaremos a Primavera y salvaremos a todos.” Como si fuese todo tan fácil. Si fuese así de fácil, ¿por qué no hablamos más de ello?
—Duele demasiado, —dice Mather. Así de simple.
Eso me hace parar. Encuentro sus ojos, un larga y cuidadosa mirada.
—Algún día no dolerá.
La promesa que siempre nos hacemos el uno al otro —antes de ir a las misiones, siempre que las personas regresan sangrando y heridas, siempre que las cosas van muy mal y estamos hablando juntos con miedo. Estaremos mejor… algún día.
Mather envaina la espada y se detiene, su mano en la empuñadura, antes de dar dos pasos hace mí y ahuecar con la palma mi hombro. Cuando comienzo, mis ojos se alzan de golpe a los suyos, él se da cuenta de lo que está haciendo y aparta la mano.
—Algún día, —está de acuerdo, la voz entrecortada. La forma en que contrae y descontrae la mano que me tocó hace que mi estómago salte en una espiral de emoción—. Por ahora, todo lo que necesitamos preocuparnos es en recuperar nuestro medallón para que ganemos soporte como un reino de nuevo y podamos conseguir aliados que luchen con nosotros contra Primavera. Oh, y necesitamos asegurarnos de que eres capaz de hace más que tumbarte durante un combate a espada.
Imito una risa.
—Que divertido, Su Alteza.
La cara de Mather se convulsiona, y sé que es por el título que usé. El título que tengo que usar. Esas dos palabras, Su Alteza, son la cuña que nos mantiene separados a una distancia apropiada —a mí, una huérfana en entrenamiento, y a él, nuestro futuro rey. No importa nuestras nefastas circunstancias, no importa nuestra crianza compartida, no importa el frío que su sonrisa envía a todo mi cuerpo, él todavía es él, y yo todavía soy yo, y sí, él algún día necesita tener una heredera femenina, pero con una dama apropiada, una duquesa o una princesa —no la chica que entrena con él.
Mather desenvaina la espada de nuevo cuando cojo, a través de la hierba de la pradera, mi descartada espada, volviendo a centrarme en la tarea en mano, en lugar de la forma en que sus ojos me siguen por los altos tallos amarillos. Los campamentos permanecen a unos pocos pasos por delante de nosotros, la amplia pradera llega a camuflar nuestras pálidas tiendas marrones y amarillas. Eso y el hecho de que los Rania Plains no son amistosos con los viajeros que se desvían de los caminos principales que nos han mantenido seguros durante los últimos cinco años en este patético hogar —o tan cerca del hogar como el que tenemos en estos instantes.
Detengo mi búsqueda, mirando el campamento con un peso creciente en los hombros. Lo bastante lejos de Primavera para no ser descubiertos, lo bastante cerca para ser capaces de realizar las rápidas misiones de exploración, es solo una pizca de cinco tiendas, además de un redil para caballos y otro para nuestras dos vacas. De otra forma los Rania Plains son estériles, secos, y calientes, incluso por los sofocantes estándares del Reino de Verano, y como muchos permanecen vacíos, un territorio que ninguno de los ocho reinos de Primoria quiere reclamar.
Pero es suficiente para mantenernos a los ocho a salvo. Ocho, fuera de los regionales veinticinco que escapamos de la caída de Invierno.
Pensar en esos números hace que mi estómago se apriete. Nuestro reino solía ser el hogar de más de cien mil Winterianos, y muchos de ellos fueron masacrados en la invasión de Primavera —los que ahora no estaban se sientan en los campamentos de trabajo de la meticuloso Primavera. Sin embargo los pocos que se marchan, esperados por los esclavos, valen para esto. Esas personas son Invierno, pedazos de la vida que deberíamos estar dirigiendo, y merecen —todos merecemos— una vida real, un reino real.
Y sin importar cuanto Sir me limite a misiones inferiores, sin importar con qué frecuencia me pregunte si el conseguir las piezas del medallón será suficiente para ganar aliados y liberar a nuestro reino, estaré lista para ayudar. Sé que Sir es consciente de la dedicación pulsando en mi interior; sé que entiende que comparto su deseo por recuperar Invierno. Y algún día, él no será capaz de ignorarme más.
En un viaje a Yakim cuando tenía doce años, un grupo de hombre nos acorraló a Sir y a mí en un valle, desvariando sobre las bárbaras y belicistas Estaciones. Sobre como preferirían que nos matásemos los unos a los otros para que su reina pudiese precipitarse dentro y atravesar los escombros de nuestro reino para encontrar a lo que culpa a las Estaciones de perder: La fuente de magia de Primoria, el abismo en la cumbre en el cual nuestros cuatro reinos se asientan.
—¿De verdad quieren que nos matemos unos a otros? —Pregunté a Sir después de que lográsemos escapar. Había desarmado a uno de ellos por mí misma, pero mientras subíamos por el valle para alejarnos de ellos, mi orgullo decayó en una culpa confusa.
En algún lugar debajo de los Cuatro Reinos yacen gigantes, presionando una bola de magia; y en algún lugar en nuestras Montañas de Klaryn una vez hubo una entrada hacia ellos. Solo los territorios de los Cuatro Reinos son afectados por el abismo —en la extremidad y consistencia de sus ambientes— pero cada rey y reina en Primoria, Rhythm y Estación, posee una porción de esa magia en sus conductos y puede usarla para ayudar a sus reinos. Los cuatro Reinos Rhythm nos odian por permitir la entrada a la perdida de los años y avalanchas y recuerdos, por vivir directamente por encima de la magia y no separar nuestros reinos hasta removerlos de eso.
Sir se detuvo y se arrodilló a mi nivel, luego alzó un puñado de nieve derritiéndose desde un lado del camino.
—Los Reinos de Rhythm nos envidian, —dijo a la nieve medio derretida—. Nuestro reino permanece en invierno todo el año, en una gloriosa nieve y hielo, mientras sus reinos circulan entorno a todas las cuatro estaciones. Tienen que tolerar la nieve derretida y el sofocante calor. —Me guiñó un ojo y sacó su mejor sonrisa, un trato extraño que hizo que mi pecho se enfriase con alegría—. Deberíamos sentirnos mal por ellos.
Arrugué la nariz ante el lodo marrón, pero no pude evitar compartir su sonrisa, disfrutando de la camaradería entre nosotros. En ese momento, me sentí como una Winteriana, más una parte de esta cruzada al salvar a nuestro reino, de lo que nunca hice antes.
—Preferiría tener invierno todo el tiempo, —le dije.
Su sonrisa despareció.
—Yo también.
Esa fue la primera vez que sentí —supe— que Sir vio la disposición en mí. Pero no importa con qué frecuencia me pruebo, nunca puedo empujarme más allá de sus restricciones —aunque eso no me detendrá de intentarlo. Eso es lo que todos hacemos: seguir intentando vivir, sobrevivir, recuperar nuestros reinos sin importar el qué.
Encuentro mi espada de práctica descansando en una zona de hierba pisoteada. Los músculos teniendo un espasmo por el esfuerzo, la recojo y frunzo el ceño hacia Mather, quien mira más allá de mí hacia las llanuras. Su cara es blanca, su expresión escondida por el velo que le hace tanto un monarca perfecto como un irritante amigo.
—¿Qué es eso? —sigo su mirada. Cuatro formas se tambalean hacia nosotros, el calor sacudiendo sus siluetas en ilusiones de olas. Pero no son inconfundibles incluso a esta distancia, y contengo la respiración con alivio.
Uno, dos, tres, cuatro.

Están de regreso. Todos ellos. Sobrevivieron.

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