martes, 12 de agosto de 2014

Adelanto Kitchen Affairs

Capítulo 1

Traducido por katiliz94

MIENTRAS EXTENDÍA EL BRAZO POR UNA OLLA, escuché una desconocida voz detrás de mí.
—¿Estás casada? —Giré con rapidez sorprendida ante la pregunta y levanté la mirada hacia el Señor Drake Stagliano. Sus oscuros ojos y pelo encajaban con su profundo y oscuro tono.
Wow… solo wow.
—No, —respondí en poco más que un susurro. Una pregunta bastante extraña para alguien al que nunca he conocido. Sus ojos oscuros miraron a través de mí como si fuese transparente.
Asintió con la barbilla hacia mi anillo izquierdo reconociendo el anillo de compromiso de Liam. No me lo había quitado desde el día que me lo propuso y a pesar de que ya no estábamos casados, aún lo llevaba como un recordatorio del amor que una vez compartimos.
Lo miré esperando ver si llevaría más lejos sus acciones, pero permaneció quieto con las manos en los bolsillos ansiosamente aguardando mi respuesta.
—Estuve prometida hace mucho tiempo, —fue todo lo que conseguí decir. Di la vuelta agarrando la olla y los utensilios que necesitaba para terminar mi tarea de cocina.
—¿Por qué aún lo llevas? —Preguntó intrigado, manteniendo los ojos en mí mientras me movía por la cocina.
—Como un recordatorio, —dije con seriedad—. Y para mantener alejado el peligro, —sonreí con suficiencia mientras regresaba a mi mesa.
—¿Peligro, eh? —levantó las cejas mientras me seguía.
—Mantiene a los hombres lejos, —sonreí—. Normalmente, —continué, poniendo los ojos en blanco. Él no era el primer hombre desde que Liam impactó en mí. Típico.
—Eso es muy engañoso, Señorita Woods. ¿Entonces por qué no lo lleva en la mano derecha? —Preguntó con una mirada seria.
—Molly, —corregí—. No me lo he quitado desde… —Mi mente destelló hasta el momento de Liam puesto sobre las rodillas, sus palmas sudorosas y húmedas, pidiéndome casarme con él. Por supuesto, lloré y estuve de acuerdo de inmediato. Estábamos esperando nuestro primer hijo juntos, ya hacía cuatro meses pero yo solo tenía dieciocho años. Éramos jóvenes, enamorados y comenzando nuestra familia. Todo era lo que había soñado que sería. Hasta que él murió. El día que fue puesto, —me las arreglé para finalizar.
—¿Qué ocurrió? —Preguntó ansiosamente con ojos atentos. Podía decir que estaba intentando ser simpático.
Este era el último lugar en el que quería hablar de Liam. Estar en la cocina era mi lugar de comodidad donde mantenía la mente libre de dolor. Me consumía al cocinar y crear nuevas ideas. Me encantaba cocinar en el instituto, y después de que tuviese a Stella de inmediato comencé a buscar colegios culinarios. Quería ser chef y hacer comida atrayente y deseosa. Estar en la cocina era el único lugar donde mi mente se sentía libre.
—Tengo que regresar al trabajo si no le importa, Señor Stagliano. Hoy estoy muy ocupada, —remarqué sin hacer contacto visual. Me estaba poniendo nerviosa mientras tartamudeaba las palabras. Drake es el manager del hotel y restaurante y supervisa el Riverside donde actualmente hago las prácticas. Hoy era el primer día de mi último semestre, y la recta final para la graduación era en cuatro meses.
Me mudé a Chicago hace casi tres años cuando Stella tenía uno. Chicago ofrecía los mejores colegios culinarios. La Universidad Kendall me aceptó y garantizó una beca. Aparte de internar tres veces a la semana, también asistía a clase dos veces a la semana. Mi mejor amigo, Michael se mudó conmigo para ayudar con Stella mientras se centraba en su carrera de escritor.
En el campus, trabajábamos grados profesionales de cocina aprendiendo diferentes técnicas sobre la ciencia de la comida. En nuestro último semestre, nos fue dada una elección de a donde internar para conseguir más experiencia que la de la universidad. Riverside era una opción este año, y desde que esperaba trabajar ahí un día, apliqué para el programa de prácticas.
—Sin duda me disculpo por imponer, —sonrió con una sonrisa brillante y asintió—. Ten un buen día. —Mi cara enrojeció mientras se alejaba de mí. Había terminado mi búsqueda antes de aceptar la práctica y conocía muy bien a la familia Stagliano. También sabía que Drake era un hombre de mujeres y extremadamente poderoso. Y mayormente, es increíblemente intimidante. Y caliente.
Dejé caer la olla al suelo como la torpe que soy mientras le observaba marcharse, apreciando su fuerte cuerpo. Su perfecto pelo oscuro y perfecta mandíbula enmarcada te captaban mientras su cara te hipnotizaba. Su estructura de metro noventa era pura perfección; aunque, me preguntaba si en el interior había algunos fallos. Probablemente no.
Sacudí la cabeza intentando centrarme mientras estaba babeando por Drake. El señor Cooper nos dio una tarea fácil para la primera lección, lo cual sinceramente aprecié dado que era el primer día. Necesitaba crear una nueva salsa para un plato que el restaurante desarrollaría: Shrimp Pesto Fettuccini.
Durante las siguientes tres horas, me concentré en mi proyecto. Teníamos que seguir las recetas estándares pero añadir nuestros propios ingredientes para el sabor. El señor Cooper quería ver nuestros lados creativos y de buen gusto. Complacida con mi nueva creación, recogí y me dirigí al congelador. Situé el recipiente de mi salsa en la estantería hacia la parte trasera cuando escuché la puerta cerrarse de golpe. Brinqué y rápidamente temí que estuviese encerrada dentro cuando lo vi extrañamente de pie ahí mirándome. Extraño.
—Hola… —dije vagamente esperando que me dejaría pasar inadvertida.
¿Por qué siquiera está en la cocina? ¿No se ocupa de las cosas de finanzas y negocios? Mejor aún, ¿por qué está en el congelador? Oh dios, ¡Molly para de mirar!
—Señorita Woods, encantado de verla aquí. —Permanecía en alto con las manos en los bolsillos como si fuese el dueño del lugar. Bueno, técnicamente lo es.
Le lancé una mirada confusa. Bueno, soy la única trabajando en la cocina después de todo.
—Molly, —le corregí una vez más—. Discúlpeme, —me apresuré teniendo la esperanza de que se apartaría de mi camino. No se movió, así que me puse a un lado hacia el frente, pero solo se acercó más permitiéndome la oportunidad de inhalar su esencia.
Dulce Jesús, huele bien.
—Me estaba preguntando, ¿quieres cenar conmigo esta noche? —preguntó, sin hacer una forma fácil de leerlo.
Esta es una pregunta extraña. ¿Qué quiere? ¿Por qué estaría pidiendo a una interna cenar? ¿Tiene mejor pescados que buscar?
Estoy naufragando en mis pensamientos cuando me di cuenta de que no le he respondido aún.
—Lo siento, no puedo, —me las arreglo para decir mientras apunto a la puerta.
Dio otro paso más cerca para darme absolutamente ninguna forma de esquivarlo.
—Qué lástima. Otra vez será. —Se puso a un lado permitiéndome agarrar la puerta abierta. Le sonreí levemente y salí preguntándome de que diablos iba eso.
Desbloqueé la puerta de mi apartamento y vi a Michael y Stella jugando a un juego de twister. Ella está riendo, y Michael está perdiendo terriblemente contra una niña de cuatro años.
—¡Hola! —dije mientras ponía el bolso y las llaves en la isla de la cocina.
Nada es mejor que venir a casa por mi dulce niñita.
—¡Mami! —Corrió hacia mí y me abrazó. Me sentía tan bendecida de tener tan destacable hija. Ha pasado por mucho en su corta vida. No tiene un padre, pero Michael hizo un terrible trabajo de maquillarlo para ella. No sé lo que haría sin él.
—¿Qué es lo que está pasando aquí, nena? —la agarré en un abrazo cercano y la besé.
—¡El tío Michael está perdiendo! —Stella sonrió mientras sacaba la lengua; claramente orgullosa de que estuviese derrotándole. Dios, me encanta espeluznante.
—Eso es increíble cariño. ¿Qué habéis estado haciendo? ¿Qué tal fue el colegio? —Pregunté, intentando conseguir detalles de su día.
Stella asiste a un colegio privado mientras yo estoy en la universidad. Es excepcionalmente lista, lo cual tengo que agradecer a Liam. Liam estaba en su tercer año de estudiar psicología antes de que muriese. Solía editarle los papeles mientras él estudiaba y terminaba de aprender más sobre psicología de lo que las personas promedias querían saber.
A pesar de que molestaba a Liam por estudiar psicología, en verdad admiraba su duro trabajo y dedicación. Estaba esforzándose por convertirse en un consejero de toxicómanos, irónicamente al venir de un hogar donde su madre abusaba de las drogas y su padre era demasiado arrogante para notarlo. Quería hacer una carrera para ayudar a las personas. En secreto, creo que solo quería maquillar el no ser capaz de salvar la vida de su madre antes de que fuese demasiado tarde.
—¡Genial mamá! ¡Hice un dibujo para ti! —Corrió hacia la nevera donde su dibujo estaba colgando cuidadosamente. Me lo trajo y sonreí con orgullo.
Eran los momentos como este donde de verdad deseaba que Liam estuviese por los alrededores. Cuando más grande se hacía y desarrollada su propia pequeña personalidad, notaba los característicos rasgos de Liam. Ella haría ridículas expresiones faciales que eran idénticas a las de él, y yo la alzaría en brazos y besaría su insensatez ante el recuerdo de él.
Stella se metió en el baño mientras yo ayudaba a Michael a preparar la cena. Él había estado trabajando últimamente muy fuerte que difícilmente estaba ya en casa.
Michael y yo nos conocimos el primer día de instituto. Yo era la chica tranquila con aparato y encrespado pelo largo. Sexy, lo sé. Era nueva en el área y no conocía a nadie. Mis padres acababan de anunciar su separación y me mudé con mi madre al otro lado de la ciudad poniéndome en un nuevo colegio de distrito. Michael y yo estábamos juntos en el periodo de inscripción, y cuando posó por primera vez los ojos en mí, preguntó su podía hacerme un cambio de imagen. Ahí fue cuando supe que era mi nuevo mejor amigo.
—Entonces, ¿Qué pasa chica nueva? —preguntó Michael animadamente a través de su preciosa sonrisa brillante—. Dame los detalles de tu primer día.
—No hay mucho que decir. Los estándares de las cosas muy aburridos, —dije, quitándome mi abrigo y delantal de cocina blancos—. Nos mandaron la fácil tarea de crear una nueva salsa para un nuevo plato principal y después fui bombardeada por Drake Stagliano en el congelador, —respondí casualmente esperando que él no escuchase la última parte.
—Um, lo siento, ¿qué dices? —preguntó, mirándome, sin dejarlo ir. Se puso de pie con las manos en las caderas mirándome por respuestas.
—Primero, preguntó si estaba casada, y cuando se lo dije, me atrapó en el congelador pidiéndome cenar. Fue extraño. No estaba segura de lo que iba eso, —dije al mirar lejos de él, para que no viese mis mejillas sonrojadas.
—¡Wow chica, conseguiste algo! —exclamó, dándome un manotazo fuerte en el culo.
Lo miré.
—No, gracias. —Giré y continué haciendo la cena.
Mientras estaba mezclando la salsa para un plato básico de pasta, recordé el momento en el que estaba cocinando para Liam. Él estaba en la mesa de la cocina estudiando para su examen de Freud cuando estaba leyendo sobre la infancia de Freud en alto. Freud estaba enamorado de su madre y sentía atracción sexual por ella. Recuerdo reír y molestarle por tener que estudiar a teóricos obsesionados con desarrollos sexuales.
—Nena, ¡nuestra hija sabrá todo sobre Freud antes de que primer año! —Bromeó Liam. Leía sus libros de texto a mi barriga casi cada noche. Era adorable, sin embargo, sin duda no quería que nuestra hija creciese sabiendo teorías psicoanalistas antes de que fuese necesario.
—Vamos a apegar los números y el abecedario, —me burlé. Liam estaba tan emocionado por ser padre. Perdió a su madre cuando solo tenía trece años, e indudablemente le afectó con fuerza. Su madre era una adicta a la droga, y su padre intentaba estar ahí por él, pero también estaba afligido en su propia forma. Liam estaba preparado para la responsabilidad incluso aunque fuéramos jóvenes. Estábamos enamorados y listos para comenzar nuestra familia juntos.
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Stella estaba en la cama a las ocho, así que me serví un vaso de vino. Drake estaba aún en mi mente, desconcertada de que saliese de ningún lugar haciéndome preguntas privadas. Era como si hubiese una atracción: alguna recta femenina o no sería atraída por ese hombre. ¿Qué no era agradable?
Bueno, físicamente al menos.
En realidad no pude decirle a Drake porque no quise ir a cenar con él. Estaba acostumbrada a distanciarme y protegerme del sentimiento del dolor de nuevo. Perder a Liam fue el peor dolor que jamás haya experimentado en mi vida, e hice cualquier cosa por prevenir sentimientos como esos de nuevo. Había usado una barrera emocional durante años.
Comencé a mirar fuera de la ventana admirando la vista de Chicago por la noche cuando un golpe en la puerta me sorprendió. Michael se fue por la tarde, y no estaba esperando compañía. Me puse mi forro polar, copa de vino en mano y lentamente abrí la puerta. Mi mandíbula de inmediato se aflojó cuando conseguí una visión de la persona delante mí.
Ahí de pie en mi puerta estaba el metro noventa de pura perfección de hombre. No me di cuenta de que estaba mirando hasta que preguntó si podía pasar, dando un paso hacia mí. Le gesticulé que entrase y cerré la puerta detrás de él.
—Bonitas gafas, —sonrió con superioridad. Engreído hijo de puta.
—De haber sabido que estaba esperándote me habría vestido, —espeté fingiendo una sonrisa. Idiota. Para impedir que las lentes se empañasen, llevaba lentes de contacto cuando trabajaba en la cocina. No me importaba llevarlas, pero ponerme las gafas me hacía parecer una profesora.
No tan sexy.
Mientras me pasaba, capté un rastro de su colonia. Su esencia permaneció en el aire después de que atravesase la habitación. Era fuerte y almizclada. Era embriagante. Permanecí ahí de pie durante un momento, cerrando los ojos al tomarme un rato.
Le ofrecí algo de vino, y cuando le cogí una copa, mi mente estuvo abarrotada intentando pensar los motivos por los que él estaba aquí. No tenía nada. Esto era nuevo para mí. Cuando le tendí la copa, sus dedos rozaron levemente los míos. Me mordí el labrio esperando a que dijese algo; como tal vez porque estaba aquí.
La tensión sexual era obvia entre nosotros. Era como una atracción invisible que no podía mantener a mi mente alrededor.
¿Por qué estoy sintiéndome así? ¿Cómo puedo sentirme así cuando acabo de conocerle?
Él me sonrió mientras miraba la copa de vino blanco y me gesticulaba que me sentase a su lado en la mesa. Obedecí y esperé a que comenzase a hablar. Me di cuenta de que estaba extremadamente nerviosa, apenas capaz de agarrar la silla y sentarme.
Intenté evitar sus hermosos ojos azules, pero me atraparon como un túnel de viento. Llevaba un ajustado traje de tres piezas que se veía positivamente delicioso a través de su perfecto cuerpo. Me atrapó mirando y preguntó:
—¿Te gusta lo que ves?
Oh, mierda. Fracaso.
—¿Disculpa? —me trabé actuando como si no tuviese ni idea de lo que estaba hablando. Mierda.
—Yo también estoy admirando la vista, —respondió cuando sentí mis pezones endurecerse más bajo mi camiseta en V. esperaba que se refiriese a la vista de Chicago, pero seriamente lo dudaba—. Ese lunar especialmente. —Señaló sobre si labio en el lado izquierdo donde yo tenía un pequeño lunar marrón.
Liam visualizó el lunar la primera vez que me vio. Era una estudiante de segundo año, él era un senior, y de alguna manera terminamos en la misma clase de matemáticas. Avancé en pre-calculo y fui capaz de saltar a matemáticas senior.
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—Tienes algo en la cara. —Se frotó el labio superior mostrándome dónde.
—Es un lunar. Pero gracias por notarlo. —Incliné la cabeza hacia atrás esperando que captaría la pista. No lo hizo.
—¡Oye Aaron! —Señaló a su amigo acercándose a él—. Me gustaría que conocieses a mi futura esposa. —Me miró—. ¿Cuál es tu nombre, cariño?
Qué idiota.
Aaron estalló en una risa mientras yo enterraba la cara en las manos. Sentí mi rostro calentarse mientras escuchaba al resto de la clase reírse entre dientes a mi coste. Liam se inclinó hacia mi pupitre a pulgadas de mi cara esperando mi respuesta.
—Molly, —lo miré—. Ahora, aléjate… marido. —Puse los ojos en blanco ante su cursi línea mejorada.
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—Te estás volviendo muy acosador, —reí.
—No iría tan lejos, —defendió—. Quería verte, —respondió absolutamente sin considerar como de extraño es esto. ¿Verme? Sé a dónde va esto.
He leído mi porción justa de lujuriosas novelas románticas en mi día. Mayormente cuando estaba embarazada, y Liam estaba resistiendo en la universidad. Necesitaba distraerme de la realidad. Así que inocentemente pregunté:
—¿Por negocios o placer, Señor Stagliano?
—Placer. Definitivamente placer, —dijo mientras me miraba de arriba a abajo como una estatua. Era como si estuviese leyéndome la mente.
Me descrucé de piernas híperconsciente de que recientemente no me había depilado.
—Lo siento, no puedo ayudarle ahí, señor, —sonreí. Me puse de pie para situar la copa en la isla de la cocina esperando que leyese mis señales. Siguiéndome, me atrapó entre la isla y sus duros músculos de roca.
Luché con la urgencia tanto de apartarle como de inclinarme más cerca de él. Su esencia era cautivante y en secreto disfrutaba de él presionándose suavemente contra mí. Maldición, Molly.
—Es una lástima, Señorita… esto, Molly. Realmente tenía la esperanza de ponerme al día. —Sonrió acercándose a mí más de lo que era necesario. Sentí mis palmas volviéndose más sudorosas contra la isla.
De verdad que es una lástima. Maldición, es caliente.
—¿Ponerse al día? —Pregunté confundida—. No tienes ni idea de quién soy y yo no tengo ni idea de quién eres. ¿Tal vez deberíamos conocernos el uno al otro antes de ponernos al día?
—Al contrario. Te conozco muy bien.
—¿Y qué es eso Señor Stagliano? ¿Sabe sobre mi ubicación académica? Estoy segura de que tienes algo de parte en quien entra en tu restaurante de cinco estrellas, después de todo, —lancé en un tono arrogante. No apreciaba a las personas creyendo que sabían quién era yo.
Sonrió como si supiese que estoy sobre él.
—Tendrías razón, Molly. Pero también hago una extensiva verificación de fondo, llamadas de referencia y pasé por todo tu expediente escolar.
Bueno, eso no es repulsivo.
—¿Así que entonces sabías que no estaba casada? —Me las arreglé para preguntar, saliendo de su trampa. Su cuerpo estaba intoxicándome, y podía sentir mi corazón acelerándose mientras más se acercaba a mí.
Se rió entre dientes como si hubiese sido atrapado.
—Tendrías razón. Necesitaba una apertura, —confesó con una amplia sonrisa.
—¿Qué hay con el siempre “hola mi nombre es”? —pregunté, tomando otro sorbo de vino.
—Eso es demasiado predecible. Me gusta destacar.
Oh, confía en mi Drake, destacas.
—Bueno, ahora que estás de pie en mi cocina inesperadamente… —Me detuvo cuando me di cuenta de que Stella estaba caminando lentamente, frotándose un ojo—. ¿Qué pasa, amor? —Corro hacia ella poniéndome de rodillas.
—Tengo sed, —murmuró mientras se frotaba el otro ojo, lentamente ladeando la cabeza de camino al extraño hombre de pie en su cocina.
—Está bien, bebe. Te traeré algo de agua. —Le llené una taza y la conduje de regreso a la cama. Estaba segura de que Drake no estaba esperando eso.
Bueno, tal vez lo sabía con toda la mierda de fondo, pero probablemente todavía estaba sorprendido.
Caminé de regreso esperando que Drake se largase, pero atónitamente él estaba sirviéndose otra copa de vino y esperando pacientemente mi regreso. Sonreí y me tragué el resto de mi copa.
—Es adorable, —resplandeció—. Se parece a ti.
—El amor de mi vida, —presumí con orgullo. No había pensado en la oportunidad de presentar a Stella a otro hombre antes. Había estado tan centrada en la universidad y criarla que nunca se me había cruzado por la mente.
—Bueno, Molly, —dijo prolongando cada silaba de mi nombre—. Fue un placer verte. Debería dejarte descansar el resto de la noche. —Suavemente me agarró de la mano, cerró los ojos, y besó suavemente mi mano derecha. Todo mi cuerpo tembló cuando sus labios elegantemente tocaron mi piel.
Se tragó el resto del vino y le escolté a la puerta.
—Ten una encantadora noche, —dije mientras abrí la puerta esperando que se marchase. Asintió y se marchó. ¿Ten una encantadora tarde? ¿Qué soy, su abuela? Ugh.


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