viernes, 8 de agosto de 2014

Mini Adelanto Kitchen Affairs (Riverside Trilogy #1)

No subo todo porque tengo que terminar una RF para la próxima semana (Sí, se trata de The Fallen Star), así que el resto del capi lo leeréis cuando se abra la lectura, el lunes. Se posteará tanto en el foro como aquí.

Capítulo 1.1

Traducido por katiliz94

MIENTRAS EXTENDÍA EL BRAZO POR UNA OLLA, escuché una desconocida voz detrás de mí.
—¿Estás casada? —Giré con rapidez sorprendida ante la pregunta y levanté la mirada hacia el Señor Drake Stagliano. Sus oscuros ojos y pelo encajaban con su profundo y oscuro tono.
Wow… solo wow.
—No, —respondí en poco más que un susurro. Una pregunta bastante extraña para alguien al que nunca he conocido. Sus ojos oscuros miraron a través de mí como si fuese transparente.
Asintió con la barbilla hacia mi anillo izquierdo reconociendo el anillo de compromiso de Liam. No me lo había quitado desde el día que me lo propuso y a pesar de que ya no estábamos casados, aún lo llevaba como un recordatorio del amor que una vez compartimos.
Lo miré esperando ver si llevaría más lejos sus acciones, pero permaneció quieto con las manos en los bolsillos ansiosamente aguardando mi respuesta.
—Estuve prometida hace mucho tiempo, —fue todo lo que conseguí decir. Di la vuelta agarrando la olla y los utensilios que necesitaba para terminar mi tarea de cocina.
—¿Por qué aún lo llevas? —Preguntó intrigado, manteniendo los ojos en mí mientras me movía por la cocina.
—Como un recordatorio, —dije con seriedad—. Y para mantener alejado el peligro, —sonreí con suficiencia mientras regresaba a mi mesa.
—¿Peligro, eh? —levantó las cejas mientras me seguía.
—Mantiene a los hombres lejos, —sonreí—. Normalmente, —continué, poniendo los ojos en blanco. Él no era el primer hombre desde que Liam impactó en mí. Típico.
—Eso es muy engañoso, Señorita Woods. ¿Entonces por qué no lo lleva en la mano derecha? —Preguntó con una mirada seria.
—Molly, —corregí—. No me lo he quitado desde… —Mi mente destelló hasta el momento de Liam puesto sobre las rodillas, sus palmas sudorosas y húmedas, pidiéndome casarme con él. Por supuesto, lloré y estuve de acuerdo de inmediato. Estábamos esperando nuestro primer hijo juntos, ya hacía cuatro meses pero yo solo tenía dieciocho años. Éramos jóvenes, enamorados y comenzando nuestra familia. Todo era lo que había soñado que sería. Hasta que él murió. El día que fue puesto, —me las arreglé para finalizar.
—¿Qué ocurrió? —Preguntó ansiosamente con ojos atentos. Podía decir que estaba intentando ser simpático.
Este era el último lugar en el que quería hablar de Liam. Estar en la cocina era mi lugar de comodidad donde mantenía la mente libre de dolor. Me consumía al cocinar y crear nuevas ideas. Me encantaba cocinar en el instituto, y después de que tuviese a Stella de inmediato comencé a buscar colegios culinarios. Quería ser chef y hacer comida atrayente y deseosa. Estar en la cocina era el único lugar donde mi mente se sentía libre.
—Tengo que regresar al trabajo si no le importa, Señor Stagliano. Hoy estoy muy ocupada, —remarqué sin hacer contacto visual. Me estaba poniendo nerviosa mientras tartamudeaba las palabras. Drake es el manager del hotel y restaurante y supervisa el Riverside donde actualmente hago las prácticas. Hoy era el primer día de mi último semestre, y la recta final para la graduación era en cuatro meses.
Me mudé a Chicago hace casi tres años cuando Stella tenía uno. Chicago ofrecía los mejores colegios culinarios. La Universidad Kendall me aceptó y garantizó una beca. Aparte de internar tres veces a la semana, también asistía a clase dos veces a la semana. Mi mejor amigo, Michael se mudó conmigo para ayudar con Stella mientras se centraba en su carrera de escritor.
En el campus, trabajábamos grados profesionales de cocina aprendiendo diferentes técnicas sobre la ciencia de la comida. En nuestro último semestre, nos fue dada una elección de a donde internar para conseguir más experiencia que la de la universidad. Riverside era una opción este año, y desde que esperaba trabajar ahí un día, apliqué para el programa de prácticas.
—Sin duda me disculpo por imponer, —sonrió con una sonrisa brillante y asintió—. Ten un buen día. —Mi cara enrojeció mientras se alejaba de mí. Había terminado mi búsqueda antes de aceptar la práctica y conocía muy bien a la familia Stagliano. También sabía que Drake era un hombre de mujeres y extremadamente poderoso. Y mayormente, es increíblemente intimidante. Y caliente.
Dejé caer la olla al suelo como la torpe que soy mientras le observaba marcharse, apreciando su fuerte cuerpo. Su perfecto pelo oscuro y perfecta mandíbula enmarcada te captaban mientras su cara te hipnotizaba. Su estructura de metro noventa era pura perfección; aunque, me preguntaba si en el interior había algunos fallos. Probablemente no.
Sacudí la cabeza intentando centrarme mientras estaba babeando por Drake. El señor Cooper nos dio una tarea fácil para la primera lección, lo cual sinceramente aprecié dado que era el primer día. Necesitaba crear una nueva salsa para un plato que el restaurante desarrollaría: Shrimp Pesto Fettuccini.
Durante las siguientes tres horas, me concentré en mi proyecto. Teníamos que seguir las recetas estándares pero añadir nuestros propios ingredientes para el sabor. El señor Cooper quería ver nuestros lados creativos y de buen gusto. Complacida con mi nueva creación, recogí y me dirigí al congelador. Situé el recipiente de mi salsa en la estantería hacia la parte trasera cuando escuché la puerta cerrarse de golpe. Brinqué y rápidamente temí que estuviese encerrada dentro cuando lo vi extrañamente de pie ahí mirándome. Extraño.
—Hola… —dije vagamente esperando que me dejaría pasar inadvertida.
¿Por qué siquiera está en la cocina? ¿No se ocupa de las cosas de finanzas y negocios? Mejor aún, ¿por qué está en el congelador? Oh dios, ¡Molly para de mirar!
—Señorita Woods, encantado de verla aquí. —Permanecía en alto con las manos en los bolsillos como si fuese el dueño del lugar. Bueno, técnicamente lo es.
Le lancé una mirada confusa. Bueno, soy la única trabajando en la cocina después de todo.
—Molly, —le corregí una vez más—. Discúlpeme, —me apresuré teniendo la esperanza de que se apartaría de mi camino. No se movió, asi que me puse a un lado hacia el frente, pero solo se acercó más permitiéndome la oportunidad de inhalar su esencia.
Dulce Jesús, huele bien.
—Me estaba preguntando, ¿quieres cenar conmigo esta noche? —preguntó, sin hacer una forma fácil de leerlo.
Esta es una pregunta extraña. ¿Qué quiere? ¿Por qué estaría pidiendo a una interna cenar? ¿Tiene mejor pescados que buscar?
Estoy naufragando en mis pensamientos cuando me di cuenta de que no le he respondido aún.
—Lo siento, no puedo, —me las arreglo para decir mientras apunto a la puerta.
Dio otro paso más cerca para darme absolutamente ninguna forma de esquivarlo.
—Qué lástima. Otra vez será. —Se puso a un lado permitiéndome agarrar la puerta abierta. Le sonreí levemente y salí preguntándome de que diablos iba eso.
Desbloqueé la puerta de mi apartamento y vi a Michael y Stella jugando a un juego de twister. Ella está riendo, y Michael está perdiendo terriblemente contra una niña de cuatro años.
—¡Hola! —dije mientras ponía el bolso y las llaves en la isla de la cocina.
Nada es mejor que venir a casa por mi dulce niñita.
—¡Mami! —Corrió hacia mí y me abrazó. Me sentía tan bendecida de tener tan destacable hija. Ha pasado por mucho en su corta vida. No tiene un padre, pero Michael hizo un terrible trabajo de maquillarlo para ella. No sé lo que haría sin él.
—¿Qué es lo que está pasando aquí, nena? —la agarré en un abrazo cercano y la besé.
—¡El tío Michael está perdiendo! —Stella sonrió mientras sacaba la lengua; claramente orgullosa de que estuviese derrotándole. Dios, me encanta espeluznante.
—Eso es increíble cariño. ¿Qué habéis estado haciendo? ¿Qué tal fue el colegio? —Pregunté, intentando conseguir detalles de su día.
Stella asiste a un colegio privado mientras yo estoy en la universidad. Es excepcionalmente lista, lo cual tengo que agradecer a Liam. Liem estaba en su tercer año de estudiar psicología antes de que muriese. Solía editarle los papeles mientras él estudiaba y terminaba de aprender más sobre psicología de lo que las personas promedias querían saber.

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