domingo, 10 de agosto de 2014

Adelanto First Rapture (The Rapture #1)


Capítulo 1
Parte 1

Traducido por Nessied

Madison Philips sabía que estaba soñando. 

No sólo era de repente ocho años más joven, pero no había esa extraña sensación de estar flotando fuera de su cuerpo mientras observaba el último de los adolescentes en coche desde el remolque estrecho en las afueras de las Vegas.

Era un sueño familiar.

Demasiado condenadamente familiar.

Sombríamente, Madison trató de llamarse-tratando de tirar de ella fuera de la pesadilla. Lo había hecho cientos de veces en los últimos años. Pero esta noche, se encontró forcejeando. En lugar de despertar, se descubrió a sí misma hundiéndose aún más en el sueño.

Hasta que ella ya no estaba viendo el pasado desarrollándose, pero en realidad estaba reviviendo el evento.

Perdida en el sueño, se sentía terriblemente real como ella arregló la sala de estar en mal estado antes de dirigirse a la parte trasera del remolque.

Había pasado bastante divertida la fiesta de cumpleaños con sus amigos, ella reconoció, una vez más, que de joven, era una chica sorprendentemente inocente. De hecho, había sido su mejor fiesta de la historia, siempre y cuando ella no se fijase sobre los dos notables ausentes.

No era como si se hubiera esperado en realidad que su madre recordara que era el décimo octavo cumpleaños de su único hijo. Infierno, Connie Philips no había estado en el remolque en dos semanas. Madison asumió que ella todavía estaba escondida en algún hotel de mala muerte con su último amante. Y, por supuesto, había sido una idiota para pensar por un segundo que Luc Angeli, el Ángel Oscuro, que era tres años mayor que ella y el enfoque de sus fantasías adolescentes, podrían en realidad pasar por allí.

Obviamente, había sido producto de su imaginación para pensar que había habido una chispa de interés en sus ojos oscuros cuando se había ido a su casa y prácticamente le rogó que parara…bueno, ella había dicho que quería que él compartiera con ella una rebanada de su pastel de cumpleaños, pero ambos sabían lo que estaba ofreciendo realmente.

A diferencia de la mayoría de sus amigos, que había evitado involucrarse sexualmente con alguno de los chicos que salía. Una parte de ella se negó a caminar en los pasos fallidos de su madre, durmiendo con cada hombre que pagará su atención.

Pero una parte más grande era el anhelo de dar su virginidad con el hombre que había llenado sus sueños durante los últimos tres años.

Y ella no había cumplido su desea en secreto.

Luc sabía muy bien que ella quería que él iniciase en ella en su floreciente sensualidad.

Suspirando, Maddy abrió la puerta de su dormitorio, moviendo de un tirón en la luz de la tabla que bañaba la pequeña habitación en sombras, sin querer deteniéndose en el desaliño de su entorno.

En su mente no era su casa. Era sólo un lugar en el que permaneció hasta que se mudó a cosas más grandes y mejores.

Pero esta noche, no era un regalo inesperado esperándola.

El único regalo de cumpleaños que ella realmente quería.

Cerrando la puerta automáticamente tras de sí, Maddy se apoyó en ella mientras su mirada asombrada se tomó ante los ojos de Luc Angeli estirada sobre la cama, con las manos cerradas detrás de su cabeza. Obviamente había utilizado la puerta de atrás para entrar en el remolque mientras ella estaba viendo a sus amigos irse.

El corazón le golpeó contra sus costillas. Dios todopoderoso. Parecía demasiado bonito para ser real.

Su pelo negro se quedó el tiempo suficiente para acurrucarse en su nuca. Tenía la piel oscura bronceada. Sus ojos eran de terciopelo negro como un cielo de medianoche y enmarcado por una maraña de pestañas imposiblemente largas. Sus facciones estaban tan finamente pulidas que podrían haber sido bastante si él no fuera tan potentemente masculino.

Y su cuerpo delgado estaban endurecidos por sus veranos en que pasó trabajando en la construcción.

-¿Luc? -Suspiró ella en estado de shock, preguntándose brevemente si estaba alucinando mientras lentamente se puso de pie, con los músculos en movimiento con facilidad líquida debajo de sus vaqueros desteñidos y una camiseta negra apretada-. ¿Qué estás haciendo aquí?

Su mirada melancólica la observó mientras ella nerviosamente empujó su pesada cortina de pelo negro liso de la cara, no importa cuántas horas pasó en el abrasador sol de Nevada.

-Esperando por ti.

-Pero…

-Tú me invitaste, ¿no es así? -Interrumpió él, su mirada persistente en la exuberante curva de sus labios.

Su boca se secó. Su presencia parecía consumir la pequeña habitación, llenándola con el aroma a jabón de sándalo y la limpia piel masculina.

-Sí -Ella se vio obligada a despejar el nudo nervioso de su garganta-. Pero ¿Por qué no te uniste a la fiesta?

-¿Sabes por qué, Maddy? -Sus ojos se levantaron para mirarla a los ojos deslumbrados-. Quería estar a solas contigo.

La excitación la atravesó, apretando su coño con anticipación-. No pensé que vendrías.

Sus labios se torcieron en una sonrisa sin humor-. Yo tampoco, pero parece que no soy tan inmune como debería de ser a tu tentadora…invitación.

Ella ignoró su toque de burla de sí mismo, estaba llena de júbilo por la idea de cumplir sus fantasías a prestar atención a la sutil advertencia.

-Bien, -murmuró, sacudiendo su pelo largo sobre su hombro en un movimiento inconscientemente provocativo.

Él contuvo el aliento-. ¿Estás segura?

Maddy se apoyó contra la puerta, casi sin poder respirar. El hombre la estaba haciendo temblar y él ni siquiera la había tocado todavía. Tenía que ser el calor de su mirada. Era como ser tildada por el fuego mientras se tomaba un lento, control exhaustivo de su esbelto cuerpo apenas cubierto por su corta, falda de cuero negro y la parte superior del corsé que le había prestado una amiga.

-Estoy segura.

-Entonces demuéstralo, -dijo con voz áspera.

Maddy se lamió los labios secos-. ¿Cómo?

-Quítate la ropa.

Ella parpadeó ante el comando contundente y ante una lenta sonrisa que curvó sus labios. Era un reto. A pesar de que inocentemente ella entendió que él estaba poniendo a prueba la profundidad de su compromiso con la despedida de su virginidad.

La menor vacilación y él saldría por la puerta y nunca regresaría.

-¿Te gusta?, -Preguntó con voz áspera.

Ella enganchó los pulgares en la cinturilla de su falda de cuero, tirando de ella hacia debajo de sus caderas y concediéndolo en un pozo a sus pies. Ella usó la punta de sus tres estiletes pulgadas para patearlo lejos, y muy consciente de que Luc acababa de darse cuenta de que estaba deliberadamente desnuda debajo de su falda.

Sin bragas. Sin calzas.

Sólo ella y su fresca cera brasileña.

Su coraje casi vaciló mientras dibujaba en una respiración lenta y profunda, sus manos apretando a su lado. Luc ya no era más un adolescente ansioso esperando un tanteo en la oscuridad. Él era un hombre de plena madurez, con años de experiencia. Oscuro…feroz…exigente. Y en este momento, su hambre era tan fuertemente tangible en el aire.

Si seguía, él la consumiría.

Total y absolutamente.

El pensamiento debía de haber aterrorizado a una virgen inexperta.

En su lugar Maddy sintió un estremecimiento de emoción volátil.

Ella extendió la mano para agarrar el lado trasero del corsé, jalándolo con fuerza para desengancharlo con una gracia inconsciente. Se había tomado sus años en obtener el control de su cuerpo que se había disparado hasta cinco pies casi toda la noche.

Ahora ella se había despojado del corsé y la arrojó a un lado con una elegancia suave que arrancó un gemido del hombre que la observaba con la mirada ávida de un depredador.

-Mantenlos puestos, -Luc rompió abruptamente el silencio mientras levantaba un pie para remover uno de los tacones de aguja. Ella se estremeció, en sustitución de su pie en el suelo. Se sentía extrañamente vulnerable usando nada más que sus zapatos de cuero. Como si sintiera su destello inesperado de vergüenza, Luc levantó la mano, haciendo un gesto hacia sí-. Ven aquí Maddy.

Ella dio un paso incierto hacia adelante. Y luego otro. Por último, se puso de pie a pocos centímetros de distancia.

Él la estudió con una mirada inquietante, un bulto visible presionando contra la bragueta de sus vaqueros desteñidos. Extendió la mano, y él, la tomo, tirando de ella hasta que estuvo apretada contra su cuerpo duro. Su estómago se apretó cuando él la agarró por la nuca de su cuello, su aliento cepillando sobre sus mejillas antes de que él capturara sus labios en un beso que provocó un golpe en su corazón contra sus costillas.

La había besado antes.

Una torpe reunión de sus labios había dejado su servil con disgusto.

Pero esto.

Fue maravilloso.

Sus dedos se enroscaron en su pelo, tirando de los hilos de seda mientras levantaba su cabeza para estudiar su cara sonrojada.

-¿Tienes alguna idea de lo que va a ocurrir?, -Exigió.

-Sé que te deseo, -susurró-. Siempre lo he hecho.

-No hay marcha atrás. -Las palabras fueron más una promesa que una amenaza, envolviéndose alrededor de ella con el placer del paraíso.

Ella se estremeció-. Bueno.

Deslizó su mano sobre su pelo, ligeramente trazando la línea de su garganta antes de que sus dedos se ahuecaran en su pecho desnudo. Con un jadeo ella agarró sus brazos, y sus rodillas amenazando con ceder el paso cuando él se inclinó para chupar el pezón entre sus labios.

Ella gimió, el placer en cascadas a través de ella mientras su lengua atormentaba la punta fruncida.

Apenas dándole tiempo para acostumbrarse a los golpes exquisitos de la sensación, él dirigió su atención al otro pecho, atormentando el pezón hasta que fue difícilmente y rogando por la calidez de su boca.

Sus uñas se clavaron en su brazo izquierdo al descubierto por su camiseta apretada, su espalda arqueándose mientras continuaba en su placer con los dientes y lengua.

Sólo cuando ella gemía bajo su toque experto haciendo trazar sus dedos por la superficie plana de su estómago, instando la a desprenderse de sus piernas.

Se aferró a él mientras ella obedecía a sus órdenes en silencio, con cuidado de no torcerse el tobillo como los talones amenazando con ponerse en la alfombre andrajosa. Luc murmuró su aprobación, sus dedos deslizándose entre sus muslos abiertos. Su toque era suave cuando acariciaba la carne húmeda de su coño.

Maddy dio un grito ahogado de sorpresa cuando el encontró su clítoris sensible, todo su cuerpo apretando con dicha. Él utilizó su pulgar para continuar atormentando a su punto de placer mientras un dedo encontraba la entrada de su cuerpo.

Instintivamente se quedó sin aliento.

Ella nunca había dejado que nadie la tocara tan íntimamente antes. Era…increíblemente perfecto.

O tal vez sólo Luc Angeli era increíblemente perfecto.

Como para probar su punto, Luc volvió su boca su pecho, tirando de su pezón con una insistencia en que la hacía sentir como si estuviera en llamas. Al mismo tiempo el dedo presionando en su interior, desgarrando otro gemido de sus labios.

Podía sentir su deslizamiento a través del tejido apretado de su canal, el pulgar ligeramente rodeando su clítoris. Se aferró a sus brazos, las sensaciones abrumadoras cuando él permitió que sus labios se arrastraran hasta el estruendo pulso en la base de su cuello.

Gimiendo suavemente, ella se movió contra él. Hubo una presión gloriosa empezando a construirse entre sus piernas. Una tensión que estaba haciendo que todo su cuerpo se encogiera en la anticipación.

-No luches contra él, Maddy, -dijo Luc-. Déjame sentir tu clímax.

Él le acarició con el dedo dentro y fuera, presionando más profundo mientras él la preparaba para la invasión final. Ella clavó sus dientes en su labio inferior mientras su pulgar continuaba en su masaje mágico sobre su clítoris, y sus labios se deslizaban hasta su garganta. Era eso o gritar su alegría como una explosión de placer sacudiendo a través de ella, la intensidad de su liberación haciéndola temblar todo el cuerpo.

-Está bien, Maddy. Te tengo.

-Luc, -suspiró ella.

Ella se apoyó pesadamente contra él, con las rodillas amenazando la hebilla. Se envolvió con sus brazos con fuerza alrededor de ella, presionando sus labios en su frente mientras trataba de recuperarse de las vibraciones impactantes que seguían extendiéndose por su cuerpo.

Sus labios siguieron calmando su rostro volviéndolo hacia arriba cuando él la levanto en sus brazos dirigiéndola a su cama estrecha. A unos pasos y fue bajándola sobre el colchón antes de enderezarse y dar un tirón de su ropa.

Ella miró con ojos perplejos como su camiseta se tiraba encima de su cabeza y sus botas, iniciando antes de que él estuviera empujando sus pantalones hacia abajo. Ella se estremeció, su apretado coño mientras su mirada se deslizaba por su cuerpo endurecido, cincelado a quedarse en el empuje orgulloso de su erección.

Dios, era hermosa. Todos los músculos esculpidos y bronceados, masculinamente despiadados.

Hizo una pausa para quitar un condón del bolsillo delantero de sus vaqueros, desgarrando el paquete y deslizándolo con soltura.

A continuación, se mueve lentamente, como dándole una última oportunidad de cambiar de idea, puso una rodilla en el colchón.

-No tengo ninguna experiencia con vírgenes, pero sospecho que esto puede doler, Maddy, -dijo, con la voz tensa por la tensión-. Voy a tratar de ir lento, pero te deseo.

Sus labios retorcidos con un toque de auto-burla mientras su mirada lentamente se tomaba en sus curvas desnudas repartidas por la cama, deteniéndose en los talones que él insistió en seguir-. No creo que nada me podría parar de tomarte esta noche.

-Estoy lista, -suspiró ella.

Sosteniendo su mirada amplia, Luc se extendió sobre el colchón a su lado, dándole tiempo para acostumbrarse al calor abrazador de su piel desnuda. Sus dedos recorrían la parte delantera de su cuerpo. Viajando desde la garganta hasta su estómago tembloroso, su suave caricia provocó pequeñas chispas de emoción.

Sorprendentemente, Maddy sintió la fusión con anticipación, sus piernas separándose fácilmente cuando él rodó encima de ella.

Manteniéndose, sus miradas se encontraron, Luc se colocó entre sus muslos, la cabeza de su polla forjando un camino lento en su cuerpo. Vaciló por un breve instante, y después con una oleada constante estaba sentado profundamente dentro de ella. Su grito resonó en la habitación.

No fue el verdadero dolor, más un sentimiento de ser estirada al máximo.

Él dio un gemido áspero, sus manos enmarcando su rostro mientras la estudiaba con una mirada oscura.

-¿Te he hecho daño? -Exigió.

Maddy sintió su lucha por cesar su hambre, sabiendo que estaba tomando toda su fuerza de voluntad para no golpearla.

Su feroz deseo era tan emocionante como la evidente preocupación en su voz.

La quería. Él realmente, y verdaderamente la deseaba.

-Estoy bien, -le aseguró ella, con las manos corriendo sobre los músculos de los hombros en capas-. No te detengas.

Él soltó una risa ahogada, la frente húmeda de sudor-. Ya no es una opción, Maddy. Te has convertido en una necesidad.

Ella tembló en la borde de la necesidad en su voz ronca, sus manos explorando tentativamente la amplia extensión de su pecho. Ella nunca se había dado cuenta de que podría haber tanto placer en el tacto. La piel de satén caliente. La ondulación de los músculos. La aceleración de los latidos de su corazón, que reveló su fuera de control de las emociones. Creciendo más audazmente, explorándolo hacia abajo, encontrando su trasero de lavadero. Ella podría pasar el resto de la noche acariciando sus manos sobre su forma escultural.

Luc, sin embargo, tenía otras ideas.

Con una maldición entre dientes, él la agarró de las manos, sujetándolas sobre su cabeza. Sus ojos se abrieron, su corazón perdiendo el ritmo en la necesidad salvaje que ardía en sus ojos.

-No te muevas, -gruño, su voz era apenas reconocible-. Estoy colgando de un hilo, cariño.

Maddy saboreó el exquisito momento. Esto era lo que ella había anhelado. La sensación de él enterrado profundamente dentro de ella, el conocimiento embriagador de que le había conducido hasta el borde de la razón. Todo combinándose para agitar su emoción al rojo vivo.

Con el cuidado obvio, Luc se retiró hasta que la punta se mantuvo dentro de ella, a continuación, mientras sus caderas estaban levantadas para mantener el contacto, fue surgiendo hacia adelante. Ella se estremeció ante la diapositiva erótica de su polla dentro de ella, su aliento abrasador sobre su car mientras presionaba su frente contra la de ella.

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