viernes, 8 de agosto de 2014

Adelanto The Falconer (The Falconer #1)

Como dije con KA no os lo subo todo, lo haré con el tiempo y antes de que esté la descarga.
Recordad que de este libro no se abrirá lectura, tendréis que esperar al pdf, este mes.

Capítulo 1.1
Edimburgo, Escocia, 1844

Traducido por katiliz94

He memorizado cada una de sus acusaciones: asesinato. Lo hizo. Estaba agachada sobre el cuerpo de su madre, cubierta de sangre.
Detrás de mí, varias mujeres están reunidas de cerca, vestidos tocándose, cabezas dobladas mientras murmuran. Una señal común en cada fiesta a la que he asistido desde que aparecí del luto de hace dos semanas. Sus comentarios todavía escuecen, sin importar cuanto suela escucharlos.
—Escuché que su padre la atrapó después de que ocurriese.
Me alejo del dispensador de ponche. Un panel se abre en el cilíndrico instrumento dorado de un lado. Un brazo metálico se extiende, toma mi copa de porcelana de debajo del surtidor y lo devuelve a la mesa.
—No puedes creerla responsable, —dice otra mujer. Está lo bastante lejos para que solo capte sus palabras sobre otras discusiones en la abarrotada fiesta—. Mi padre dice que debe haber presenciado lo que ocurrió, pero que sin duda no creerías…
—Bueno, mi hermano estuve presente en su debut el año anterior y él me dijo que ella estaba completamente cubierta y con los hombros caídos… bueno, no debería continuar. Demasiado espantoso.
—Las autoridades insisten en que fue un ataque animal. Incluso el Marqués de Douglass lo dijo.
—No podía acusar a su propia hija, ¿verdad? —responde el primero—. Debería haberla enviado al manicomio. ¿Sabíais que ella…? —Su voz baja demasiado para que escuche el resto.
Agarro la tela de mi vestido. Si no fuera por la fina seda, mis uñas habrían mordido la piel. Es todo lo que puedo hacer para evitar sacar la pistola escondida debajo de mis enaguas.
Estás bien, me digo a mi misma. No estás enfadada. Solo son un puñado de bobos por los que no vale la pena estar enfadada.
 Mi cuerpo no escucha. Aprieto con fuerza los dientes, liberando el vestido de presionar mi pulgar contra el apresurado pulso en mi muñeca. Ciento veinte latidos después, aún no ha ralentizado.
—¿Y bien? —dice una voz a mi lado—. ¿Vas a tomar algo de ponche o mirar el aparato durante el resto de la tarde? —Mi amiga la Señorita Catherine Steward me contempla con una sonrisa reconfortante. Como habitualmente, se ve absolutamente preciosa en su vestido de seda rosa. Sus rizos rubios –todos perfectamente en su lugar– brillan por las luces superiores mientras se inclina hacia adelante, coge una reciente taza de la mesa y me la pasa.
Mi respiración está un poco desigual, muy audiblemente. Cuan completamente irritante es esto. Espero que ella no lo note.  
—Mirar objetos inanimados se ha convertido en mi nuevo pasatiempos favorito, —digo.
Me escrudiña con lentitud.
—¿Oh? Pensé que podrías estar escuchando la charla del otro extremo de la mesa de tentempiés.
La manada de mujeres jadea colectivamente. Me pregunto qué transgresión han hecho de mi esta vez —además del obvio, por supuesto.
No, mejor no pensar en eso. Si lo hago, podría recurrir a amenazas de dolor corporal; incluso podría sacar la pistola. Y si hago eso, de verdad seré puesta en el manicomio.
Sitúo la taza debajo del surtidor y pulso el botón de la maquina más fuerte de lo necesario. El vapor se incremente en la parte superior y el ponche se vierte, llenando la taza casi hasta el borde. Aparto la taza y sorbo.
Maldición. Ni siquiera un rastro de whisky, aun. Seguramente alguien ha escondido un frasco para salvarnos a todos de la tediosa charla. Alguien siempre lo hace.
—¿Ni una agua replica? —pregunta Catherine con un chasquido de lengua—. Debes estar enferma.
Miro a las cotillas. Tres jóvenes están ataviadas en idénticos vestidos blancos, cada uno decorado con varios lazos de colores y adornos florales. No reconozco a ninguna de ellas. La que susurra tiene el pelo oscuro apartado de la cara, un solo tirabuzón descansando sobre un hombro.
Sus ojos encuentran los míos. Rápidamente aparta la mirada y susurra a sus compañeras, quienes me miran durante un momento antes de marcharse. El tiempo suficiente para que vea la aflicción en sus rostros, junto con un toque de malicia.
—Solo míralas, —digo—. Están a punto de extraer sangre, ¿no crees?
Catherine sigue mi mirada.
—Si mis ojos no me engañan, sus garras sin duda han salido. ¿Llegaste a escuchar lo que ella dijo?
Exhalo un poco más alto de lo necesario e intento calmarme. Hay un lugar para la rabia dentro de mi, un agujero que he tallado para enterrarlo en lo profund. Ese control diario me permite fingir una conducta placentera y una incandescente sonrisa, completa con forzadas risas joviales lo cual es un toque insípido, incluso estúpido. Nunca puedo permitir mostrar mi verdadero yo. Si lo hago, se darán cuenta de que soy de lejos pero que la mujer que imaginan que soy.
Con todo el equilibrio que puedo reunir, pruebo más ponche.
—Que soy la gran imagen de la elegancia, —digo sarcásticamente—. Sabes muy bien lo que dijo.
—Increíble. —Catherine alisa la parte delantera de su vestido—. Estoy fuera para defender tu honor. Espérame triunfante una vez regrese.
Me meto en su camino y digo abiertamente:
—No. Preferiría que no lo hicieses.
Durante mi año en el luto, he aprendido a olvidar el fino arte del insulto político. La antigua Aileana Kameron habría paseado sobre ese grupo de mujeres y dicho algo amigable y completamente cortante. Ahora, mi primer instinto es coger una de las dos armas que tengo. Tal vez el sólido peso de la hoja en mi mano será una comodidad.

2 comentarios:

  1. Cuando se publicará? Lo estoy esperando, me encantó el adelanto

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La descarga estará esta semana en el foro. Aquí, la siguiente.

      Eliminar