sábado, 21 de junio de 2014

Adelanto Sunset Rising

PRÓLOGO

Traducido por Eva Gomez

Fecha: 16 de Febrero, 2024
 
Benjamin Reyes no era la clase de hombre que le dice a la gente ya te lo dije, pero todo lo que había predicho se estaba haciendo realidad. A nadie en el Valle le había gustado jamás. Los niños se burlaban de él y le llamaban "el ermitaño". Los adultos hablaban de él, también, pero nunca en su cara. Todos creían que estaba loco. Así que cuando le dijo a la ciudad que una guerra nuclear mundial era inminente, todos se rieron de él.
 
La ignorancia de la ciudad le dejó estupefacto. ¿Es que no habían visto las noticias? Todo lo que tenían que hacer era conectar los puntos. La gente estaba sufriendo los efectos del cambio climático por todo el mundo. En algunos países, la gente estaba muriendo diariamente a causa de inundaciones masivas; y en otros,  montones de personas morían por la sequía. Los países con abundante agua eran reacios a compartir porque temían que algún día ellos también tuvieran que enfrentarse a una sequía. Gente de todo el mundo estaba muriendo del hambre y las enfermedades causadas por las miserias del sufrimiento humano. En lugar de ayudarse unos a otros, los países de todo el mundo fortalecían sus defensas militares y amenazaban con guerras.
 
Las noticias informaron que un país u otro estaba amenazando con lanzar un ataque nuclear, que ya se había convertido en algo común. Nadie le prestaba mucha atención a eso ya. Excepto Benjamin Reyes. Él siempre prestaba atención. Él le prestaba atención a todos los vehículos militares y los aviones viniendo al Valle y sobrevolando las montañas. Nadie mas encontró eso sospechoso. Los vehículos militares habían estado yendo arriba y abajo por las montañas por mas tiempo del que la gente podía recordar. Todo el mundo sabia que el gobierno tenia alguna especie de de base secreta allí, y nadie lo cuestionó. ¿Por qué lo harían? La gente confiaba en sus líderes.
 
Sin embargo, durante la última semana, Benjamin había advertido que los vehículos subían las montañas pero no volvían a bajar. Así que empezó a advertir a todos en el Valle, pero ellos simplemente se rieron de él... hasta que encendieron sus televisores y vieron a una lloroso Presidenta Taylor dando la noticia de que las bombas estaban cayendo. Ella instó a todo el mundo para que se pusieran a cubierto y a continuación, pidió a Dios que los protegiera a todos.
 
Benjamin sabía dónde podían encontrar refugio, y la gente finalmente le escuchó.
 
La población entera del Valle siguió los senderos que habían dejado los vehículos militares y subieron por la montaña durante horas. Las madres y los padres compartían la carga de llevar a los bebes. Los niños más mayores ayudaban a los más pequeños. Los ancianos tenían que intentar mantenerse por su propia cuenta. Nadie trajo pertenencias personales; no había tiempo.
 
Eventualmente, la carretera terminaba en un hangar que parecía haber sido tallado en un lado de la montaña. El personal militar estaba muy ocupado intentando arreglar los helicópteros y los grandes camiones en un espacio ya reducido. Los paisanos los sorprendieron. Los soldados no estaban seguros de qué hacer hasta que se les dio la orden de obligar a los paisanos a volver. Los refugiados no les concederían la entrada.
 
Los paisanos continuaron avanzando, desesperados por llegar a un lugar seguro con sus hijos. Alguien había gritado la orden de dispararles. A regañadientes, los soldados se armaron y enviaron una lluvia de balas contra la multitud que se aproximaba.
 
Benjamin Reyes agarró a tantos niños como pudo y los escondió detrás de los vehículos aún aparcados en el asfalto. Él le gritó a la gente que todavía subía la montaña para volver, pero ellos siguieron caminando. Un estruendo en el cielo anunció la llegada de los primeros misiles nucleares. El pánico se propagó por la multitud, y el enfrentamiento entre paisanos y militares se hizo más desesperado.
 
Finalmente, los soldados dejaron de disparar, y Benjamin se asomó por detrás de los camiones y vio a la gente empezando a entrar en el hangar.  Cogió a los niños más pequeños de la mano y le ordenó al resto que lo siguieran. Cuerpos tirados donde habían caído por todo el asfalto, y tuvo que abrirse paso a través de ellos para mantener seguros a los niños dentro de la Cúpula.
 
- Tres minutos más, y esas puertas están cerradas. No me importa lo que diga la presidenta.- Le dijo un general bien arreglado a un grupo de soldados.
 
Benjamin se dio cuenta de que no todo el mundo estaría seguro. Miles estaban todavía subiendo la montaña. Tres minutos mas tarde, vio sin poder hacer nada cómo los soldados cerraban las puertas, ahogando los gritos de las personas que habían sido abandonadas en el asfalto. Pensó que iba a vomitar.
 
- Soy el General Edward Holt.- Una voz resonó por los altavoces. Los refugiados guardaron silencio, ansiosos de escuchar lo que el general tenía que decir.- Bombas nucleares han empezado a llegar a las principales ciudades de nuestro país. Sois muy afortunados de haber encontrado este refugio, de lo que podéis agradecer a la Presidenta Julia Taylor. Ésta es una bio-cúpula capaz de mantenernos vivos todo el tiempo que sea necesario. Olvidaos de vuestras casas o de cualquier familia que hayáis dejado atrás. Estas puertas deberán permanecer cerradas al menos por los próximos cien años.
 
Los sollozos entre la multitud se transformaron en pánico conforme la gravedad de la situación caía en la cuenta de los paisanos. El mundo tal y como lo conocían estaba llegando a su fin.
 
-¡Sin embargo!- El general gritó por encima de los llantos de la gente. Él sólo continuó cuando se hizo el silencio en la habitación y tenía l atención de todos.- Vuestra llegada no fue prevista, y tenemos que hacer espacio para vosotros. Hasta que podamos resolver eso, tendréis que quedaros aquí en el hangar.
 
Su estancia en el hangar duró días, pero les daban comida, agua, y sacos de dormir. Los niños encontraron formas de entretenerse, y los adultos se consolaban unos a otros. Todo el mundo le daba las gracias a Benjamin Reyes por haberlos conducido a la Cúpula. Así que cuando el General Holt volvió y pidió hablar con su líder, Benjamin fue elegido por unanimidad. De mala gana, Benjamin aceptó el cargo y se reunió con el General Holt en privado.
 
- Lamento decir que la Presidenta Taylor ha muerto.- Dijo el general- Aunque imaginaba que ya lo sabías.
 
-¿La presidenta está muerta?-  Preguntó Benjamin, conmocionado.- Creía que ela estaba aquí, dentro de la Cúpula.
 
-Ella estaba a salvo dentro de la Cúpula, o al menos creíamos que lo estaba, hasta que se fue con un grupo de paisanos. No trates de negar que ha sido por tí por lo que la han matado. Estás intentando tomar el control de la Cúpula.
 
La acusación quedó suspendida en el aire entre los dos hombres mientras Benjamin juntaba sus pensamientos.- ¡General, eso no es cierto! Nadie ha salido siquiera del hangar. Estamos bajo constante vigilancia.
 
-Ahora soy el ``Presidente´´ Holt. Deberías dirigirte hacia mí como `Señor Presidente´´.
 
Benjamin estaba teniendo una inquietante sensación acerca de este hombre. Él sabía que nadie del hangar podría haberle hecho daño a la Presidenta Taylor. Sin embargo, el General Holt tenía un ejército entero detrás de él y un montón de oportunidades de matarla. ¿Y por qué había avanzado a la presidencia el general en lugar del Vicepresidente Kenner? Toda esa situación lo puso en el borde.
 
-Ahora que soy el presidente, simplemente no voy a tolerar tu sublevación. Pero no estoy lo suficientemente desalmado como para arrojarte a un mundo tóxico y con radiación. Así que he elaborado un trato, que define claramente como vivirás dentro de esta Cúpula. No es negociable. Acéptalo o vete.
 
El presidente sacó el documento y un bolígrafo.
 
-¿Puedo al meno leerlo?- Preguntó Benjamin.
 
Benjamin asintió a su consentimiento.
 
Los términos del trato señalaban un lugar llamado el Hoyo para que vivan los paisanos. Las viviendas se construirían inmediatamente, y se les daría raciones de comida y agua a todo el mundo. A cambio, ellos extraerían carbón del Hoyo. El recurso crudo sería introducido en los gasificadores y convertido en un gas líquido, el cual era necesario para los replicadores. También serviría como la principal fuente de combustible hasta que el invierno nuclear acabara y la luz del sol pudiese ser recogida.
 
La última parte del trato señalaba un Sacrificio. El trato declaraba que los ancianos, definidos como cualquier persona que hubiera llegado a la edad de cincuenta, eran considerados una pérdida de recursos y una carga en lugar de un activo. Por lo tanto se celebraría un Sacrificio anual en orden para mantener el uso sostenible de los recursos y controlar el crecimiento de la población.
 
Los ojos de Benjamin se agrandaron de conmoción al darse cuenta de lo que el general estaba intentando meter en su entumecida mente.
 
-¿No pensarás que vayamos a aceptar ser asesinados a los cincuenta?
 
-Con vuestra llegada, ahora hay doscientas sesenta y siete personas con las que no contábamos vivir en esta Cúpula. Cuando se construyó la Cúpula, se tuvo mucho cuidado para asegurarse de que podría mantener a una población en crecimiento en su interior. Los modelos de población estaban basados en las trescientas personas que fueron inicialmente aprobadas para estar aquí. Ahora tenemos una población de quinientos sesenta y siete, y solo estamos en la primera semana. Ves el problema, estoy seguro.
 
Se preguntó si las reglas en el Hoyo se aplicarían tanto a los que viven en la Cúpula como a los del Hoyo.- ¿Así que todo el mundo en la Cúpula está de acuerdo en ser Sacrificado?
 
-Tú no tienes que preocuparte por cómo dirijo la Cúpula. Tu única preocupación ahora mismo es firmar ese trato. Si no lo haces, todos vosotros estaréis fuera mañana.
 
Benjamin sabía que Holt no estaba bromeando. Ellos ya estaban bajo la constante vigilancia de sus soldados - los mismos soldados que abrieron fuego voluntariamente contra ellos cuando el general les dio la orden. Como presidente, él tendría aún mas poder.  ¿Pero como podría firmar Benjamin? Trató de penar en la cantidad de gente que había visto que parecía tener cincuenta o más, pero todo lo que podía recordar eran los niños. Incluso al frente de la perdición mundial, ellos se estaban adaptando a su nuevo entorno, jugando los juegos que los niños juegan, de alguna manera inmunes a la miseria que los rodea.  Era por ellos por lo que tenía que firmar. Así que lo hizo.  El propio Benjamin tenía sesenta y cinco años. Estaba firmando su propia sentencia de muerte.
 
Después de firmar, le dijeron que el primer Sacrificio tendría lugar el próximo día. Holt fue lo suficientemente generoso para darle tiempo de dar la noticia a la gente y despedirse. Se les enseñó a todos el Hoyo, sus nuevas viviendas. Se marcharon a través del enorme piso principal de la Cúpula, con su arquitectura moderna, toda abierta y aireada con luces suficientemente brillantes para imitar a los rayos del sol. Cómodos muebles esparcidos por toda la enorme sala, la cual estaba dominada por una chimenea con fuego simulado en ella. Pero la sala estaba todavía en construcción.
 
-¿Qué están construyendo?- Preguntó Benjamin a uno de los soldados
 
- Una barrera para mantener a los vagabundos fuera- Dijo el soldado.
 
-Así que volvemos al sistema feudal de la burguesía.- Reflexionó Benjamin.
 
Los paisanos fueron llevados más allá de la construcción, por un estrecho pasillo, y a través de una puerta. Fue como si hubiesen entrado en un mundo diferente, uno oscuro, frío, y húmedo. El Hoyo no era más que los dos primeros niveles de una mina ahuecada. No había lugares para dormir, excepto en la fría y húmeda piedra.
 
-El Presidente Holt nos prometió viviendas.- Dijo Benjamin.
 
-Y las tendréis tan pronto como puedan ser replicadas. Así que es mejor que consigáis el extracto. Los replicadores no pueden trabajar sin carbón.- Dijo el soldado, luego se rió.
 
Benjamin se tapó los ojos con sus manos, abrumado por estas condiciones inhumanas. Sacudió la cabeza, preguntándose qué en el nombre de Dios había hecho con esta gente. Quizás hubiera sido favorable no haber firmando el trato. Quizás hubiera sido mejor haber dejado que ellos se la jugaran afuera.
 
Con creciente temor, se dio cuenta de que él era uno de los afortunados. De repente, el Sacrificio no pareció tan malo después de todo.

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