viernes, 30 de mayo de 2014

Segundo Mini Adelanto Ciudad de Fuego Celestial (Cazadores de Sombras #6)

Prólogo:
Cae Como la Lluvia
Parte 2

Traducido por katiliz94

En la mente de Emma, Jules siempre estaba ahí. Emma le había conocido tanto tiempo como podía recordar. Los Blackthorns y los Carstairs siempre habían sido cercanos, y Jules era solo unos pocos meses mayor; ella literalmente nunca vivió en un mundo sin él en él. Había aprendido a nadar en el océano con él cuando ambos habían sido bebés. Habían aprendido a caminar y después a correr juntos. Ella había sido llevada en los brazos de los padres de él y acorralada por su hermano y hermana mayor cuando se comportaba mal.
Y solían portarse mal. Pintar al hinchado gato blanco de la familia Blackthorn —Oscar— de azul brillante había sido idea de Emma cuando ambos tenían siete años. De cualquier forma, Julian había asumido la culpa; solía hacerlo. Después de todo, había señalado, ella era solo una niña y él el que tenía siete años; sus padres olvidarían que estuvieron enfadados con él mucho más rápido que los de ella.
Recordó cuando la madre de él había muerto, justo después del nacimiento de Tavvy, y cómo Emma había estado de pie sosteniendo la mano de Jules mientras le cuerpo había ardido en el barranco y el humo se había elevado hasta el cielo. Recordó que él había llorado, y recordó pensar que los chicos lloraban muy diferente que las chicas, con extraños e irregulares sollozos que sonaban como si estuvieran siendo abiertos con ganchos. Tal vez era peor para ellos porque se suponía que no lloraban…
—¡Oof! —Emma se tambaleó hacia atrás; había estado tan perdida en la idea que había chocado justo con el padre de Julian, un hombre alto con el mismo pelo castaño enmarañado como muchos de sus hijos—. ¡Lo siento, Señor Blackthorn!
Él sonrió.
—Nunca antes vi a nadie con tanto entusiasmo por ir a dar las lecciones, —dijo mientras ella corría abajo hacia el salón.
La sala de entrenamiento era una de las habitaciones favoritas de Emma en todo el edificio. Ocupaba casi todo un nivel, y tanto las paredes del Este como del Oeste eran de cristal claro. Podías ver el mar azul casi desde cualquier lugar desde el que mirases. La curva de la costa era visible de Norte a Sur, la infinita agua del Pacífico extendiéndose hacia Hawái.
En el centro del sumamente pulido suelo de madera permanecía de pie el tutor de la familia Blackthorn, una imponente mujer llamada Katerina, actualmente comprometida en enseñar a arrojar cuchillos a los mellizos. Livvy estaba siguiendo las instrucciones atentamente como siempre hacía, pero Ty estaba frunciendo el ceño y reticente.
Julian, en sus leves ropas sueltas de entrenamiento, estaba yaciendo sobre la espalda cerca de la ventana Oeste, hablando a Mark, quien tenía la cabeza metida en un libro y estaba haciendo su mejor esfuerzo por ignorar a su más joven medio hermano.
—¿No crees que “Mark[1]” es un tipo de nombre extraño para un Cazador de Sombras? —estaba diciendo Julian mientras Emma se aproximaba—. Quiero decir, si realmente piensas en ello. Es confuso. “Pon una Marca en mí, Mark.”
Mark levantó su cabeza rubia del libro que estaba leyendo y miró a su hermano pequeño. Julian estaba perezosamente dando vueltas a una estela en su mano. La sostenía como un pincel, algo por lo que Emma siempre estaba regañándole. Se suponía que tienes que sostener una estela como una estela, como si fuera una extensión de tu mano, no una herramienta de un artista.
Mark suspiró dramáticamente. A los dieciséis años era bastante mayor que ellos para encontrar todo lo que Emma y Julian hacían tanto irritante como ridículo.
—Si te importa, puedes llamarme por mi nombre completo, —dijo él.
—¿Mark Antony Blackthorn? —Julian arrugó la nariz—. Lleva mucho tiempo decirlo. ¿Qué pasa si fuéramos atacados por un demonio? Para el momento que estuviese a mitad de camino de decir tu nombre, estarías muerto.
—¿En esta situación vas a salvarme la vida? —Preguntó Mark—. Sigue adelante, ¿no crees, mocoso?
—Podría ocurrir. —Julian, no complacido al ser llamado mocoso, se sentó. Su pelo destacaba en el viento sobre su cabeza. Su Hermana mayo, Helen, siempre estaba atacándole con cepillos para el pelo, pero eso nunca hacía nada bueno. Él tenía el pelo Blackthorn, como su padre y muchos de sus hermanos y hermanas —ondas salvajes, del color del chocolate oscuro. La familiar similitud siempre fascinaba a Emma, quien se parecía muy poco a alguno de sus padres, a menos que contases el hecho de que su padre era rubio.
Helen había estado en Idris durante meses hasta ahora con su novia, Aline; habían intercambiado anillos de familia y eran “muy serias” sobre la una con la otra, de acuerdo con los padres de Emma, lo cual mayormente significaba que se miraban entre sí de forma muy sentimental.  Emma estaba determinada a que si alguna vez se enamoraba, no sería enamoradiza de esa manera. Entendía que había cantidad de escándalos sobre el hecho de que tanto Helen como Aline fuesen chicas, pero no entendía porque, y a los Blackthorns parecía gustarles mucho Aline. Ella era una presencia tranquilizante, y evitaba a Helen preocuparse. 
La actual ausencia de Helen no significaba que nadie estuviese para cortar el pelo de Jules, y la luz del sol en la habitación volvió las rizadas puntas en doradas. Las ventanas a lo largo de la pared del este mostraban el pesado movimiento circular de las montañas que separaban el mar del Valle San Fernando —secas y polvorientas colinas atestadas con desfiladeros, cactus y zarzas. A veces los Cazadores de sombras iban al exterior a entrenar, y a Emma le encantaban esos momentos, le encantaba encontrar los caminos escondidos, las cascadas secretas  y las lagartijas durmientes que descansaban sobre las rocas cercanas a ellas. Julian era experto en la persuasión de lagartijas para atraerlas a su palma y dormir ahí mientras les frotaba la cabeza con el pulgar.
—¡Cuidado!
Emma se agachó mientras el apuntado cuchillo de madera volaba sobre su cabeza y rebotaba contra la ventana, golpeando a Mark en la pierna al rebotar. Él echo abajo el libro y se levantó, gruñendo. Mark técnicamente estaba en secundaria supervisión, respaldando a Katerina, aunque prefería leer que enseñar.
—Tiberius, —dijo Mark—. No me arrojes cuchillos.
—Fue un accidente. —Livvy se movió para ponerse entre su gemelo y Mark. Tiberius era tan oscuro como tan claro lo era Mark, el único de los Blackthorns -además de Mark y Helen, quienes no contaban mucho, debido a su sangre de Subterráneos- al no tener el pelo marrón y los ojos verde-azulados que eran las características de la familia. Ty tenía el pelo rizado corto, y ojos grises del color del metal.
—No, no lo fue, —dijo Ty—. Estaba apuntándote.
Mark dio una exagerada respiración profunda y deslizó las manos a través de su pelo, el cual se quedó levantado en picos. Mark tenía los ojos Blackthorn, el color verdín, pero su pelo, como el de Helen, era rubio blanquecino, como lo había sido el de su madre. El rumor era que la madre de Mark había sido una princesa de la Corte Seelie; había tenido una aventura con Andrew Blackthorn la cual había producido dos niños, a los cuales ella había abandonado en la entrada del Instituto de Los Ángeles una noche antes de desaparecer para siempre.
El padre de Julian había aceptado a sus hijos medio hadas y los crió como Cazadores de Sombras. La sangre de Cazadores de Sombras era dominante, y a pesar de que al Consejo no le gustaba, aceptarían a los niños con parte de Subterráneos en la Clave tanto como su piel pudiese tolerar las runas. Tanto Helen como Mark habían sido runados primero a los diez años, y sus pieles soportaron las runas con seguridad, aunque Emma podía decir que ser runado hería a Mark más que a cualquier Cazador de Sombras ordinario. Le vió doblarse de dolor, a pesar de que intentaba esconderlo, cuando la estela fue situada en su piel. Últimamente había estado notando muchas cosas sobre Mark —la manera en que la extraña forma de hada influenciada de su rostro era atrayente, y la anchura de sus hombros debajo de las camisetas. No sabía porque estaba notando esas cosas, y con exactitud no le gustaba. La hacía querer hablar bruscamente a Mark, o esconderse, a menudo al mismo tiempo.
—Estás mirando, —dijo Julian, mirando a Emma sobre las rodillas de sus pantalones rociados de las herramientas de entrenamiento.
Ella recuperó de inmediato la atención.
—¿A qué?
—A Mark… de nuevo. —Sonó molesto.
—¡Cállate! —siseó Emma en voz baja y agarró su estela. Él la tomo de regreso, y un forcejeo se produjo. Emma se rió con nerviosismo mientras se apartaba de Julian. Había estado entrenando con él mucho tiempo, sabía cada movimiento que él haría antes de que lo hiciese. El único problema era que estaba inclinada a ser paciente con él. La idea de alguien hiriendo a Julian la ponía furiosa, y a veces eso la incluía a sí misma.
—¿Esto es por las abejas en tu habitación? —Estaba exigiendo Mark mientras avanzaba hacia Tiberius—. ¡Sabes por qué tuvimos que deshacernos de ellas!
 —Imagino que lo hiciste para frustrarme, —dijo Ty. Ty era pequeño para su edad –diez años– pero tenía el vocabulario y el estilo de uno de dieciocho. Ty no decía mentiras normalmente, mayormente porque no entendía porque podría necesitarlo. No podía entender por qué algunas de las cosas que hacía molestaban o enfadaban a las personas, y encontró su ira tanto incomprensible como aterradora, dependiendo de su humor.
—No es sobre frustrarte, Ty. Simplemente no puedes tener abejas en tu habitación…
—¡Estaba estudiándolas! —explicó Ty, su pálido rostro sonrojándose—. Era importante, y eran mis amigas, y sabía lo que estaba haciendo.
—¿Al igual que sabías lo que estabas haciendo con la serpiente de cascabel esa vez? —dijo Mark—. A veces te requisamos cosas porque no queremos que te hagas daño; sé que es difícil de entender, Ty, pero te queremos.
 Ty lo miró sin comprender. Sabía lo que “te quiero” significaba, y lo sabía bien, pero no entendía porque era una explicación para todo.
Mark se arrodilló, las manos en las rodillas, manteniendo los ojos al nivel de los grises de Ty.
—Está bien, aquí está lo que vamos a hacer…
—¡Ja! —Emma se las había arreglado para voltear a Julian sobre su espalda y forzar la estela a distancia de él. Él se rió, retorciéndose debajo de ella, hasta que ella sujetó su brazo en el suelo.
—Me rindo, —dijo él—. Me ri…
Estaba riéndose de ella, y ella de repente fue atacada con la comprensión de la sensación de que yacer directamente sobre Jules era en realidad un poco extraño, y también del entendimiento de que, como Mark, él tenía una bonita forma para su cara. Redondeada, juvenil y realmente familiar, pero podía ver a través de la cara que él tenía ahora a la cara que él tendría, cuando fuera más mayor.
El sonido del timbre del instituto hizo eco por toda la habitación. Era un profundo, dulce y repiqueteante sonido, como las campanas de la iglesia. Desde el exterior, el Instituto se veía para los ojos mundanos como las ruinas de un antiguo objetivo español. A pesar de que había señales de PROPIEDAD PRIVADA y NO ENTRAR pegadas por todos lados, algunas veces las personas —normalmente mundanos con una leve dosis de la Visión— se las arreglaban para deambular por la puerta delantera de cualquier manera.



[1] Mark en castellano es marca. Julian está usando un juego de palabras para molestar a Mark.

7 comentarios:

  1. Es esto parte de la nueva saga que sacará Cassandra Clare??

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    1. Es el prologo de CoHF, pero también parece una introducción a Lady Midnight (The Dark Artifices #1)

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  2. He de confesar que recisti el impulso de leerlo ,,, esperare esperare a que este completo <3

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  3. Una pregunta, el pdf para cuando estara?

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  4. Lo espero con ansias en otras paguinas tienen uno pero no es bueno

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