viernes, 23 de mayo de 2014

Adelanto When Fangirls Lie (How (Not) to be Seduced by Rockstars #1)


Recordad que si lo cogéis debéis poner los créditos.

Prólogo

Traducido por Apolineah17 y SOS katiliz94

—Es él, ¿no es así? ¡Staffan! —Carmina Virgil fue la primera en divisar la limosina saliendo del estacionamiento subterráneo. Miles de mujeres que también se alineaban en la calle hicieron eco de su grito, todas ellas esperando atrapar aunque fuera un vistazo de Staffan Aehrenthal.
—¡Malditamente te amo! —la morena a su lado gritó mientras la limosina avanzaba más cerca, su trayecto obstaculizado por las fanáticas haciendo todo lo posible para pasar más allá de la barricada humana que se encontraba en su camino. La administración del hotel había llamado a los agentes de la policía a la escena, su seguridad privada incapaz de manejar a las histéricas fanáticas que hacían todo lo posible, excepto asesinar, para acercarse a su estrella de rock favorita.
La morena comenzó a sollozar. —¡Te amo, oh, Dios mío, te amo!
Carmina rodó los ojos incluso mientras continuaba grabando la limusina moviéndose delante de ellas a una velocidad de caracol. Típicas estupideces de fanáticas, pensó mientras irritadamente empujaba sus rizos rojos fuera. ¿Por qué no podían decirlo como era? Ellas no amaban a Staffan Aehrenthal. Simplemente amaban la idea de amarlo.
Era algo bueno que ella no tuviera tales ideas equivocadas. Era una fan de Staffan porque él cantaba bien, bailaba bien y —de acuerdo a las otras estrellas de rock— también cogía increíblemente bien. Tal vez si tenía suerte, ella también aprendería sobre eso de primera mano.
Una adolescente con los ojos muy abiertos y gafas al lado de Carmina preguntó en un grito tembloroso: —¿Siempre es así?
—¿Así qué? —La cabeza de Carmina empezó a doler. Con la multitud de locas fans obsesionadas empujando detrás de ellas, era un reto mantener contacto visual con la chica más joven.
La chica hizo un gesto con la mano. —¿Es siempre una locura? —Su voz sonaba ligeramente apagada mientras una ola más agresiva de fanáticas llegando intentaba moverse a través de ella.
 Desistiendo de la grabación. Carmina deslizó su teléfono de regreso al interior del bolsillo de su chaqueta y gritó: —¿Esta es tu primera vez yendo a su concierto?
La chica asintió. O por lo menos Carmina pensó que lo hacía ya que la joven había empezado a sumergirse en medio del caos. Teniendo piedad, Carmina agarró la mano de la chica, sin preocuparse de a quién le daba codazos en el camino. Acercó a la chica más joven a ella. —Es un perra-devora-perra cada vez en un concierto con el Dios del Sexo, cariño. ¿Y esto? No es nada. Deberías haber visto sus conciertos en Europa. Fui a su concierto en Holanda una vez. —Su cuero cabelludo picaba ante el recuerdo. No era un buen cosquilleo, no cuando recordaba a una chica alemana tirando de su cabello sólo para echarle un vistazo más de cerca al movimiento de Staffan agarrándose la entrepierna.
Ella dijo con gran emoción: —¡Completamente una locura! ¡La mitad de la audiencia fue en topless con la esperanza de que él elegiría a una de ellas para follar!
Alguien accidentalmente golpeó la cabeza de la chica joven por detrás, y Carmina gritó furiosamente: —¡Cuidado con la mano! —Miró a su compañera, que estaba haciendo lo posible para no ser arrastrada por la ola de otras agresivas y adorables seguidoras. Casi todas las mujeres en la multitud estaban coreando su nombre como si sólo necesitaran ver la distintiva sonrisa de Staffan Aehrenthal para tener los orgasmos más estupendos.
La chica joven volvió a gritar, y Carmina se acercó a rescatar a su compañera de entre la multitud. Suspiró. —Este no es lugar para niñas como tú.
—Sólo quería verlo en persona, y no tenía suficiente dinero para ver su concierto. —Había una mirada distante en los ojos de la chica mientras miraba hacia arriba. Carmina no tenía que mirar en la misma dirección para saber qué hizo que su compañera se perdiera a sí misma en un estado de ensueño.
Dios.
O más bien el Dios del Sexo.
El toldo más grande de la vida colgando desde la pared frontal del lugar exhibía a un hombre obviamente alto con cabello rubio bastante largo, un rostro de ángel y una mirada extremadamente pecaminosa en sus ojos color avellana.
Su chaqueta negra tenía un corte exquisito, al igual que la camisa de seda debajo de ella, casi desabrochada en su totalidad para revelar más de un vistazo de su musculoso pecho. Los pantalones a juego que llevaba eran apenas elegantes, pero no había nada más absolutamente elegante que el notable bulto bajo sus pantalones.
Él había sido fotografiado apoyado contra la pared, con las manos dentro de sus bolsillos, pero la postura ordinara no había hecho nada para disminuir la energía vibrante y audaz que emanaba. Staffan Aehrenthal era un hombre clásicamente hermoso, tan perfecto como una estatua de mármol, pero no había nada absolutamente elegante en la cruda sexualidad ardiendo en sus ojos.
—No te enamores de él, cariño.
La adolescente se ruborizó.
Carmina reprimió un suspiro. —¿Conoces a John Lennon y a Yoko Ono?
—Umm, ¿son como, una banda de chicos?
Sálvame de las Beliebers que acaban de descubrir lo que verdaderamente significa sexy, pensó Carmina. Debería de haber realmente bandas de chicos sexys. Tenía que haber algún tipo de terreno intermedio entre Bieber y Staffan Aehrenthal, alguna manera de evitar que las chicas jóvenes como la que estaba frente a ella perdieran su virginidad con el primer chico tatuado que conocían y se parecía a su estrella de rock favorita.
—Umm, no. Digamos que John Lennon solía ser una estrella de rock muy popular y Yoko Ono era esta fanática locamente enamorada.
La chica se quedó sin aliento. —¿Y ellos se enamoraron?
—Sí, pero esa no es la moraleja de la historia.
—Entonces, ¿cuál es?
—Ella se convirtió en la perra más odiada del planeta. —Carmina se giró hacia la calle, donde la limosina sólo había logrado moverse por delante de ellas varios metros—. Staffan Aehrenthal no es algo que puedes pedir para ti misma. Él es como este magnífico buffet exótico del hotel, algo que sólo es para compartir.
La adolescente no respondió. Estaba demasiado ocupada mirando distraídamente el poster de nueve metros de altura de Staffan Aehrenthal.
Camina negó con la cabeza. Oh, bueno, al menos lo había intentado. Miro de nuevo el poster. Era realmente culpa de esos ojos. Nadie podría alguna vez ser inmune al mensaje centellante en esos hermosos ojos fóllame color avellana.
Puedo hacerte gritar con sólo un toque.

***
Medio tumbado sobre el asiento con diseño personalizado de la limusina, con un vaso de whisky en una mano y su iPad en la otra, Staffan Aehrenthal maldijo en voz alta cuando leyó las docenas de titulares que lo miraban.
Afuera, cientos de aficionadas se alineaban en la carretera que conducía hacia el aeropuerto, gritando su nombre y muchas otras palabras.
Házmelo. Mi virginidad es tuya. Soy tu groupie #1[1].
Hace diez años, Staffan les habría prestado atención. A los veintidós años, había creído que realmente era el rey del mundo, y que podría tener todo lo que quisiera. En aquel entonces, lo tenía todo —o pensaba que lo tenía.
Pero las cosas habían cambiado ahora, tanto así que se había estado viviendo como un monje malhumorado desde que inició su primera gira mundial. El sexo era su único alivio para la tensión, pero durante mucho tiempo no fue capaz de encontrar a alguien que pudiera despertar su polla a la vida aunque fuera un centímetro. Todo lo que necesitaba era un maldito centímetro, y podría hacer a cualquier mujer feliz.
Apretando los dientes en señal de frustración, Staffan regresó su atención al resto de los titulares.
Los Tres Pussyketeers[2]
Rodó los ojos cuando capto el significado de como la prensa los había apodado a él y a sus amigos. ¿Qué carajo significaba eso?
Los otros titulares eran igual de malos. ¿Qué pasaba con los medios de comunicación estadounidenses y su inexplicable obsesión por los títulos más absurdos? La etapa de su tour por Estados Unidos apenas había comenzado y ya tenían una docena de apodos para él.
Sr. Cojefantástico
Versión jodida europea de Justin Timberlake
El Dios del Sexo #1 de Suecia
Estas personas estaban locas. Lo hacían sonar como si sus compatriotas estuvieran tan jodidamente obsesionados —literalmente— que en realidad mantenían una lista para hombres putos.
Hizo clic en la siguiente página que Constantijin —un multimillonario holandés que había sido su amigo desde sus días en el internado y que también era uno de los tan llamados Pussketeers— le había enviado por correo electrónico.
Amarás éste, había escrito Constantijin en la parte superior de una flecha roja apuntando hacia abajo.
Staffan casi se ahogó con lo que había leído. Evidentemente, su amigo había dejado lo mejor para el final.
Sr. Rockstar a la Moda
Un collage hecho por fanáticas por alguien llamado Starry Eyed había sido pegado debajo del título, presentando hileras e hileras de sus fotografías en la alfombra roja y de sus fotos de los paparazzi.
Quería vomitar en el título. Lo hacían sonar como un maldito fashionista con una polla.
Así que a él le gustaba la maldita ropa decente. Así que prefería sus chaquetas con diseño personalizado, sus camisas hechas del algodón más fino y de la seda más suave, sus pantalones que sólo pertenecían a las principales casas europeas de moda y sus zapatos y cinturones cortados de cuero cosido a mano.
Todo eso no significaba que le diera la bienvenida a estar en cada lista de Los Mejores Vestidos de la policía de la moda. Otros hombres podrían haberlo considerado un logro, pero en lo que respectaba a Staffan estaba preocupado de que eso simplemente lo hiciera sonar como un maldito gay.
Ellos no sabían que su obsesión casi fanática por tener la mejor ropa era un subproducto de su infancia, de los tiempos en que Staffan se había visto obligado a alternar entre dos camisas hasta que había más agujeros que ropa en ellos, no tenía ningún maldito uniforme que utilizar en la escuela, y casi se había orinado en completa vergüenza cada vez que era forzado a ir con la Sra. Gustav al lado porque estaba cerca de morirse de hambre.
Pasando una irritada mano por su cabello, Staffan lanzó el iPad sobre la fila de asientos color borgoña de enfrente con disgusto.
Su teléfono sonó. Aceptó la solicitud de la llamada de FaceTime y segundos después, los rostros de Constantijin y la novia de su amigo se asomaron por la pantalla. —¿Cómo estuvo el correo electrónico? —preguntó Constantijin con una sonrisa. Un hombre extremadamente guapo por derecho propio, Constantijin solía ser conocido como el Playboy #1 de Holanda. También había sido conocido por sus pocas sonrisas, pero eso también había cambiado cuando Yanna Everleigh entró en su vida.
Staffan le respondió a su amigo con una ligera maldición.
La sonrisa vociferada de Constantijin se vio interrumpida cuando Yanna le palmeó el brazo. Le dio a Staffan una dulce sonrisa de disculpa. Una encantadora mujer de cabellos oscuro, Yanna se lo había ganado fácilmente con su a veces tímida y a veces burbujeante personalidad.
—No le hagas caso, Staffan. Él sólo te echa de menos.
Constantijin se atragantó.
Staffan deliberadamente bajó la voz, adoptando un tono seductor mientras bromeaba: —¿Y qué hay de ti, mi hermosa querida? ¿Me extrañas…?
Yanna se sonrojó.
—Maldita sea, Staffan, yo soy el único hombre que puede hacer que Yanna se sonroje —gruñó Constantijin.
—¡Constantijin! —gimió Yanna mientras sus mejillas se volvían de un tono más oscuro de color rosa.
—Sólo dile para que lo llamamos para que así pueda conseguir desnudarte…
Con los ojos muy abiertos, Yanna golpeó su mano sobre la boca de Constantijin. Aclarando su garganta: —Umm, de todos modos, sólo quería recordarte que hoy es el día 30, Staffan. Y aún no has hecho una llamada.
Mierda. Se había olvidado de eso.
—Sé que estás cansado después de tu concierto y que prefieres relajarte…
Staffan negó con la cabeza. —Hiciste bien en recordármelo. —Revisó su reloj, uno delgado de oro que no había dudado en añadir a su recién descubierta imagen “fashionista”. Antes, había oído hablar que uno de los presentadores de los populares programas de espectáculos matutinos se refería a él como un muy propio David Beckham de la industria de la música.
Dios le salve de todas esas malditas comparaciones. ¿David Beckham? Tenía un respeto absoluto por el hombre, pero ellos eran demasiado diferentes. El futbolista tenía la paciencia de pararse frente a la cámara por horas, pero Staffan encontraba literalmente un infierno permanecer así durante más de cinco minutos, sobre todo cuando tenía que ser para sesiones de fotos.
—¿Staffan?
Sacudió lejos sus pensamientos irritantes de las sesiones de fotos y miró su reloj de nuevo. Mierda. 10 minutos antes de la medianoche. —Tengo que colgar. Necesito hacer la llamada ahora.
—Entendido. —Le sonrió Yanna—. ¡Esperamos pasar más tiempo contigo cuando vengas aquí a Florida!
Él le dedicó su sonrisa más sexy. —Después de la gira, iré directamente hacia ti, queri… —Lo último que Staffan vio fue a Constantijin besando a Yanna mientras su amigo alcanzaba el iPad de su esposa para finalizar la llamada.
Eso casi lo hizo sonreír. Estas frecuentes muestras de celos posesivos por parte de Constantijin era muy divertidas, sobre todo porque su mejor amigo nunca había sido así hasta que Yanna entró en escena.
Staffan solía pensar que él tenía eso con…
Mierda.
Para distraerse, Staffan alcanzó su iPad de nuevo y entró desde la cuenta de administrador de la página web de su club de fans. Fue a la página de miembros, hizo clic en un botón para tenerlos ordenados de acuerdo a sus fechas de cumpleaños, y eligió el primer nombre que divisó en la lista que estaba celebrando su cumpleaños hoy.
Una de las ventajas que disfrutaban los miembros de su club de fans era tener la oportunidad de recibir una llamada de felicitación por parte de Staffan mismo. Lo había estado haciendo durante ocho meses, y hasta ahora todas las mujeres a las que había llamado habían actuado del mismo modo. Pretenderían no reconocer su voz, harían todo lo que pudieran para prolongar la llamada, y cuando finalmente se dieran cuenta de que él estaría colgando el teléfono, le pedirían que las follara.
No tenía ninguna razón para creer que esta llamada iba a ser diferente.
***
Sapphire “Saffi” March se cayó de su cama en su prisa por alcanzar el teléfono. Tenía que ser él. Simplemente tenía que serlo. Ella no tenía amigos cercanos, nunca había salido a una cita, y nada de su familia alguna vez habría considerado llamarla a esta hora de la noche.
Después de todo, un excéntrico ratón de biblioteca como ella no tenía ninguna razón para estar despierto tan tarde. Nadie tenía razones para esperar que ella fuera la más acérrima de todas las fanáticas y que su casillero tenía un pin de Staffan Aehrenthal, escondido detrás de la tabla de evolución de ictiología que había pegado en la puerta de su casillero.
Oh, por favor, simplemente tenía que ser él.
Saffi perdió el equilibrio mientras se apoderaba de su teléfono, cayendo sobre su cara mientras presionaba el botón verde para contestar la llamada. —¡Doloridas sardinas! —Las palabras se le escaparon mientras contenía un gemido de dolor, su barbilla conectando con el suelo en un pequeño golpe.
En el otro extremo de la línea, Staffan farfulló con incredulidad cuando en vez de un ¡hola!, escuchó dos palabra que nunca había imaginado que oiría en toda su vida.
¿Doloridas sardinas?
¿Tal vez se había equivocado al marcar el número? Pero… ¿las sardinas estaban realmente sufriendo? ¿Cuándo eran enlatas, quizás?
Saffi rápidamente colocó el teléfono sobre su oído, esperando que él aún no hubiera colgado. —¿H-hola?
Él probablemente se lo había imaginado, pensó Staffan. Decidió apartar su vaso medio vacío de whisky, poniéndolo de nuevo sobre el gabinete de cristal escondido inteligentemente detrás de uno de los paneles de las puertas de la limusina. Nada bueno saldría de charlar con una fanática mientras estaba ebrio.
—¿Es ésta…? —Miró a su iPad para confirmar el nombre—. ¿Saffi March?
Saffi se desmayó.
Esa voz. Oh cielos, ESA VOZ. ¿Cuantas veces había soñado con Staffan Aehrenthal diciendo su nombre? Era inútil contarlo. Eran demasiadas.
Preguntándose dónde podía él estar mientras hablaba con ella por teléfono, intentó recordar el horario de su tour. Las fans sabían el horario de sus estrellas favoritas de la misma forma que los deportes pulidos podrían recitar todos los horarios de las temporadas de juegos.
Esta noche, probablemente él estaría de camino al Aeropuerto JFK ya que Staffan Aehrenthal era bien conocido como un hombre de hábito. Y cuando iba a trabajar en un tour, había un gran número de esos hábitos que eran, bueno, notorios.
Supuestamente, Staffan siempre “seleccionaba-de-mano” que chicas conseguían pasar al backstage.
Supuestamente, la definición de aliviar el estrés de Staffan después de un concierto involucraba desnudarse.
Supuestamente, Staffan necesitaba el alivio de estrés más que lo que treinta hombres necesitarían beber agua.
Mmm… ¿podría ella ser su alivio de estrés por teléfono?
Se sonrojó ante la idea justo cuando Staffan dijo:
—¿Hola?
¡Revoloteante platija[3]!
¡En realidad había divisado al Dios del Sexo Sueco #1!
Staffan se quedó mudo de emoción, disparándose hacia arriba del asiento, tan sorprendido que de hecho apartó el teléfono de su oído para mirarlo con sorpresa. Esta vez, no se había sentido mal. Esta chica era… extraña. Divertida como el infierno pero aún era extraña. ¿Quién diablos usaba putas especias de pescado como exclamaciones de sorpresa?
—Lo siento, señor, quiero decir, Señor Aehrenthal. —Quería patearse varias veces en el momento que las palabras salieron de su boca. ¡Juguetonas pirañas! ¿No había estado ensayando para esta llamada todo el mes? ¿No se había dicho firmemente cada día que no actuaría como la pupila de Emily Post con él?
A Staffan Aehrenthal le gustaban las fulanas. ¡Las antiguas groupies de las que Saffi era amiga también lo habían dicho eso online!
Ante la mención de su apellido, el tedio descanso tan pesadamente sobre sus hombros cayó como un abrigo de viento que él no necesitaba más.
La chica había roto la regla #1 para las fans: no tenía que actuar tímida. Había admitido saber quién era él.
Era refrescante decirlo al menos. También era interesante, lo bastante para él para sentarse y tomar nota, lo bastante para hacerle olvidar que muchas de las mujeres en el mundo eran solo buenas para follar.
Él dijo con voz ronca:
—Hola, Saffi March.
ESA VOZ envió temblores por su espina dorsal. Lentamente Saffi cubrió el altavoz del teléfono. Y entonces chilló, como un bebe, y más o menos como la emocionada fan que era.
Staffan paró de hablar. La repentina perdida de cualquier sonido por completo del otro lado le era familiar. Sabía que Saffi había cubierto el altavoz, probablemente para… ¿gritar? ¿Abrazarse a sí misma? Casi hizo sonreír a Staffan, pero afortunadamente se contuvo a tiempo.
Él era Staffan el jodido Aehrenthal, infame por su cruel lengua y formas groseras. Era el tipo de sonreír con suficiencia, burlarse y gruñir. Pero una cosa de mierda que no hacía era sonreír.
En el momento que la escuchó levantar la mano del altavoz, pronunció con voz cansina:
—Estoy imaginando que sabes porqué llamé.
Fiasco.
—Sí, —admitió ella avergonzadamente.
Dios, esa voz era demasiado jodidamente linda, mayormente porque ninguna de las mujeres con las que había salido en los recientes años jamás había sonado tan naturalmente vergonzosa. Aunque le ocurrió a él. ¿De cualquier manera, cómo diablos se vería esta Saffi March?
—Feliz cumpleaños, Saffi. —Incluso cuando murmuró las palabras, Staffan ya estaba tecleando su nombre en la pantalla del iPad. Una nueva página se cargó, la cual incluía su imagen de perfil.
Joder fue el primer pensamiento que le vino a la mente cuando la vió. Solo una mirada a su foto, y su sequía sexual terminó, y ahora estaba en aprietos por mantener el aullido de lujuria que inundaba sus sentidos.
Staffan literalmente quería tomar a Saffi March con su polla, verla derretirse alrededor de él, sentir su color rodeándole mientras la hacía suya.
En la foto, ella aparecía increíblemente joven con la cara libre de maquillaje excepto por el reluciente pintalabios rosa en sus encantadores labios arqueados. Si no fuera por el hecho de que ella también se había escuchado como una estudiante post-graduada en su último año, Staffan habría pensado que aún era una adolescente. U dios sabía que aunque él fuera muchas cosas, no era un pedófilo.
Saffi March era la cosa de apariencia más femenina que Staffan jamás había visto en su vida. Tenía puesto un traje de Alicia en el País de las Maravillas. La cerúlea cinta de seda en su cabeza era un exquisito contraste con su pelo negro color azabache y ojos casi tan oscuros, y mientras los ojos de él se movían hacia abajo, su mirada permaneció en el deliciosos escote que ajustado top del vestido revelaba. Un relámpago de deseo golpeó su cuerpo, su polla alzándose en atención.
Staffan reluctantemente puso el iPad abajo cuando Saffi habló de nuevo. Joder, estaba tan cachondo que tenía la vergonzosa sensación de que podría masturbarse más tarde prendido al tiempo que miraba la foto de Saffi.
—Gracias, Señor Aehrenthal, —tartamudeó ella. Deseaba que tuviese las entrañas para llamarle Staffan, como hacía en sus sueños, pero en realidad simplemente era imposible hacerlo.
Esta vez Staffan no pudo detener sus labios de retorcerse.
Últimamente, las mujeres a las que había follado les gustaba llamarle Señor Aehrenthal. Le irritaba hasta sin un extremo, y cuando le había preguntado a Yanna —la única mujer a la que consideraba su amiga actualmente— sobre ello, Yanna alegremente le había dicho que ahora era la tendencia, algo de algún tipo de libro con muchos cincuentas en él que supuestamente había comenzado.
De acuerdo con una sonriente Yanna, ser llamado “Señor Lo Que Sea” se suponía que tiene que ser increíblemente sexy pero tan lejos como a Staffan le concernía, solo le hacía sentir como un sucio anciano follándose a una aspirante a Lolita.
—¿Señor Aehrenthal? —pinchó Saffi inquietantemente cuando el silencio entre ellos se extendió.
Su polla creció incluso más ante el sonido de su apellido desde los labios de ella. Nunca había sido llamado “Señor Aehrenthal” así con seriedad, sin ningún intento de seducción, y de alguna manera sonaba sexy como el infierno.
La suave y cantarina voz de Saffi March era tan angelical y dulce que hacía a Staffan imaginarse levantando la falda de Alicia en el País de las Maravillas y mostrándola como se sentía ser revolcada. Por él.
Se movió en su asiento, sus pantalones sintiéndose increíblemente ajustados. Eso lo hizo. Al diablo si iba a hacerle parecer un jodido pervertido. Definitivamente se masturbaría mientras miraba la increíble foto de la tentadora Saffi.
—¿Hay algo mal?
Staffan comenzó a asegurarle que no había ningún problema cuando un bip de advertencia sonó, recordándole que la batería de su teléfono estaba a punto de morirse en cualquier segundo.
La frustración lo abrasó.
—Mi teléfono está a punto de morir. —Se detuvo, esperándola protestar, hacer lo que todas las chicas a las que previamente había llamado hacían justo al hacerle permanecer más tiempo al teléfono. Pero ella no lo hizo. Eso lo confundió, lo cual no le gustaba para nada, haciendo a Staffan hablar más bruscamente que normalmente cuando preguntó, ¿quieres decir algo más antes de que cuelgue?
La silenciosa respuesta de Saffi significaba más que cualquiera de las palabras que pudiese decir, su dolor viajando a través de la línea telefónica que le fustigaba con culpa.
Mierda. Ahora sabía porque la chica no estaba diciendo nada. Era porque no le creía, y era como el karma pateándole el trasero. Había sido su respuesta estándar al cortar su corta llamada con las otras chicas. Aunque ahora que Staffan no quería que la llamada terminase, tenía que hacerlo, y ella no le creía.
Maldito karma.
—Saffi. —Decir el nombre en alto le hizo parar. Parecía como si su mundo hubiese sido alterado con ello, y el cambio estaba cegando por completo. Era como follar de chiripa, literalmente del tipo que su polla sentía—. Estoy…
Saffi no quería escuchar las falsas disculpas de Staffan, la idea de eso no sentándole bien por alguna extraña razón. La humillación coloreó sus mejillas, haciéndola en privado agradecer que fuese la única teniendo una llamada normal con Staffan en lugar de una que involucrase cámaras y videos.
Mentalmente encuadrando los hombros, de alguna forma decidió tomar sus palabras para enfrentar al valor —porque eso era lo que una verdadera fan haría: aceptar que las personalidades famosas eran humanas, también, y tenía libres como los tenían las personas normales.
Le interrumpió con rapidez:
—Yo, umm, tengo algo que decir.
Staffan se dijo a si mismo de no esperar demasiado. Incluso a pesar de que Saffi March se proase de lejos diferente de todas sus preconcebidas nociones de las mujeres con las que estuvo después de su fama, fortuna, y de follar, al final sería como el resto. Aún tendría una agenda, querría que él…
—Por favor sea feliz, Señor Aehrenthal.
Staffan se puso rígido.
Saffi dijo con nerviosa determinación:
—Me encanta como baila. Me encanta como canta. Me encantan las letras, y solo creo que… sería un desperdicio si es cierto que ha estado…
El corazón de Staffan comenzó a latir rápido. Entonces se dijo a si mismo que ella no lo diría. Por supuesto que no lo haría porque al final del día, ella era su jodida fan, ella veneraba el jodido suelo sobre el que él andaba, y nunca se arriesgaría a antagonizarlo incluso si…
Saffi cerró los ojos.
—Espero que se haya dado cuenta de cuanto significa para sus fans, Señor Aehrenthal, —susurró—. Solo tengo la esperanza de que pare de… hacer las… cosas que ha estado haciendo recientemente porque realmente no queremos perderle. Tiene mucho que dar.
Él debería haber estado enfurecido. Ella era una jodida don nadie, y él era el alguien Sueco #1 el #1 en los charts Billboard, y en todo lo demás.
Debería haber estado intimidado. ¿Era ella una jodida acosadora o qué? ¿Cómo diablos sabía lo que él había estado bebiendo cada noche y tomando los riesgos más locos para que su segura compañía hubiese terminado su contrato con él?
Debería haber colgado el teléfono, pero no lo hizo.
Y no estaba histérico.
Staffan estaba incluso intimidado, ni cuando la sinceridad en su angelical voz le hizo recordar los antiguos días, de regreso a cuando solía estar en los zapatos de ella una vez, y él, también, había sido uno de los primeros en saber lo que estaba ocurriendo con los cantantes a los que había idolatrado. De hecho, era porque había sido tan gran fan de otra leyenda del rock en la que había encontrado su mentor —y con el tiempo su llamada.
Su iPhone hizo un último sonido.
Staffan dijo con rapidez:
—Gracias.
Pero era demasiado tarde.




[1] En el sentido estricto de la palabra, es una persona que busca intimidad emocional o sexual con un músico famoso. Sin embargo, este término también se aplica a una joven admiradora de un determinado cantante o grupo musical, a los que sigue incondicionalmente.
[2] Hace alusión a la conjunción de las palabras pussy (vagina) y musketeer (mosquetero); Los Tres Mosqueteros de la Vagina.
[3] Tipo de pez.

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