lunes, 1 de septiembre de 2014

Adelanto Hyde (Hyde #1)


Prologo


Traducido por katiliz94


Hace quince años…
Se despertó por el grito. De su madre. Esta vez diferente. Más asustado. Más agitado. Corrió hasta la puerta y la abrió de golpe. Su hermana se interpuso en su camino, de alguna manera sabiendo lo que planeaba hacer.
—¡Muévete Shelly!
—No, Mitch, —dijo ella, con los ojos abiertos—. No. No entres ahí. Te matará.
Él. La bestia. La criatura que había sido parte de su vida durante tanto tiempo como Mitch podía recordar. Incluso más tiempo para Shelly y su madre. Nunca hablaban de ello. Como si pretender que no existía hiciese la vida más fácil. La vida no era fácil. La vida era aterradora.
Algo tenía que cambiar.
Los gritos de su madre eran más altos. Y entonces pararon. Medio-sollozos, solo pararon. Empujó a Shelly de su camino y se adentró en el oscuro recibidor hacia la sala de estar.
—¡Mitch, no!
Demasiado tarde. Todo fue demasiado tarde.
Su madre yacía en el suelo de azulejos. La única parte de ella aun moviéndose era la sangre encharcando bajo su cuerpo.
La bestia se alzó sobre ella, amplia y sonriente. La sangre se escurría por su cuello y pecho. Elevo la cabeza con lentitud. Hubo un destello de reconocimiento en sus ojos, despues parpadeo, sorprendido como un perro mojado, y se lanzó hacia Mitch.
Mitch cayó a un lado. La bestia salió disparada hacia él, en el vestíbulo. Hacia Shelly.
—¡ Ayuda!
Su sollozo abofeteo su mente y su corazón.
—¡Shelly! —Agarró el bate de baseball de la entrada y corrió.
La bestia la tenía sujeta en un rincón. 
—¿Estás asustada, perra? —Gruñó—. Deberías estarlo.
Mitch oscilo el bate. Tres años de pequeñas ligas y los dos últimos de rebosar el balón de un golpe en el instituto. Despues otro. Pero el pasillo era demasiado estrecho.
La bestia empujó a Shelly contra la pared y despues dio la vuelta, riendo de forma amenazante.
—¿Eso es todo lo que tienes, chico?
Mitch osciló el bate una y otra vez, a veces haciendo contacto con un brazo, un hombro y retrocediendo mientras la bestia avanzaba, jugando con él.
La longitud del bate era la única cosa alejando al bastardo de alcanzarlo. De regreso al salón, pateo, intentando coger la inadecuada defensa de Mitch. Si lo cogía, si golpeaba Mitch contra una pared, todo terminaría —Mitch, Shelly, todo.
Un golpe a en la cabeza detiene la risa, un temblor propagándose a través del cuerpo.
—¡Ven aquí, pequeño bastardo! —Rugió.
Mitch le apunta alto otro golpe en la cara, un paso más cerca para usar toda la fuerza del arma. El bate le rebotó en las manos mientras golpeaba la carne, enviando una oleada de dolor a través de los brazos y hombros de Mitch.
De nuevo, osciló. De nuevo, se hirió.
La bestia tropezó, se puso las manos en las orejas, aun maldiciendo. Otro golpe aterrizó. Luego otro. La bestia se hundió hasta las rodillas, los gruñidos convirtiéndose en gruñidos de dolor.
Mitch levantó el bate sobre su cabeza. Sus piernas estaban entumecidas, la parte superior de su cuerpo vibrando cuando liberó toda su furia, todo el miedo, en el monstruo yaciendo a sus pies.
—Mitch, —suplicó su hermana—. Por favor para. Por favor.
No lo hizo. No podía.
—¡Para! Está muerto. Para, —dijo ella, llorando.
Él sintió los brazos de Shelly entorno a su cintura, sosteniéndole, llevándole al borde. Al final anonadado, el bate cayó de sus manos, y le permitió guiarle unos pocos pasos hacia arriba. Su pie se atrapó en la alfombra y se sentó con fuerza, Shelly deslizándose a su lado.
Se arrastró sobre los pies hasta que estuvo entre él y los sangrientos cuerpos en el suelo y le abrazó con fuerza.
Sobre el hombro, Mitch miró a la criatura. Lo observó cambiar, encogerse, menguar. Hasta que todo eso se fue estaba el cuerpo sin vida de su padre. 
El padre de los dos. El querido y anciano padre. Un hombre al que habían odiado ambos. Un hombre que había estado lleno de maldad cuando era humano. Doblado cada vez que se convertía en Hyde.
Shelly se mantuvo sacudiendo el cuerpo de Mitch en sus brazos, acariciándole el pelo, haciendo sonidos acallantes, diciéndole que estaría bien.
¿Lo estaría? ¿Alguna vez estaría bien? Se dejó caer sobre ella.
—Oh, dios, ¿Shelly, que hice?
Tenías que hacerlo, Mitch. Me salvaste… nos salvaste. Ahora podemos ser felices.
¿Felices?
—Era un monstruo. —Sus palabras escocieron.
—No digas eso, —susurró él.
—Pero lo era. Era malvado. Tenía que morir.
Por favor, Shelly, no digas eso, —dijo él a través de sollozos, con los ojos aun fijos en su padre—. Porque… eso es lo que yo voy a ser.
Ella tembló, y después lo abrazó con más fuerza, lentamente llevándole la cabeza atrás y adelante.
—No, no lo estaremos. Encontraremos algo.
Era demasiado tarde. Su transformación ya había comenzado. No tan violenta como la de su padre —no aun— pero comenzarían. Cuando las lágrimas le nublaron la visión de los cuerpos de sus padres, descansó la cabeza en el hombro de Shelly y lloró.
—Nunca serás un monstruo, Mitch.
—Ya lo soy.

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