jueves, 30 de enero de 2014

Adelanto The Dark Light of Day

Prólogo
Jake
Traducido por Ale Rose
 
El dolor en mi cabeza se intensificó, palpitando al mismo tiempo con el latido lento de mi corazón. Mi borrosa visión cambió de ver doble a normal con cada parpadeo de mis ojos. Sentí en la parte trasera de mi cabeza, donde el dolor irradiaba, sangre cálida y espesa impregnarse en mis dedos. El fría azulejo se podía sentir a través de mi delgada camiseta.
Levanté la mirada de donde estaba acostado en el piso, hacia los ojos rojos y enloquecidos del hombre que había conocido en toda la vida, o al menospensé conocerlo. Instantáneamente estuve lúcido, la neblina aclarándose y mi corazón palpitando desbocadamente. Él estaba listo para golpear, listo para matar. Gruesas venas se abultaron en su cuello, podía verlas pulsando con cada fuerte respiración que él tomaba. Miré detrás de él, al hacha elevada sobre su cabeza. Sin ninguna vacilación, la bajó para partir mi cráneo a la mitad. Justo antes que la hoja fuera capaz de penetrar mi frente, me liberé de su fuerte agarre y rodé a un lado, evadiendo el hacha —y la infinita oscuridad— por solo unos centímetros.
Me puse de pie sobre piernas temblorosas, tratando de meter aire en mis pulmones mientras me volví para defenderme del siguiente ataque.  Me sorprendí de ver al hombre que fue un monstruo hace unos segundos caer al suelo, su cara primero en el azulejo mexicano. Abrió su mano y el hacha se deslizó de su agarre. Sus hombre temblaron.
Él estaba sollozando.
—¿Papá? —pregunté. He tratado de todo para poder quitar su dolor, y a cambio él me maldijo para asegurarse de que sentí cada parte de ello.
—¡Vete a la mierda! —gruñó en el piso entre sollozos.
—Papá, déjame ayudarte —rogué, pateando lejos el hacha de su alcance.
—¡Vete de esta casa, y no regreses de una puta vez! —Gateó y se sentó en sus rodillas, lentamente levantado su cabeza para enfrentarme. Saliva goteaba de los costados de su boca. Sus ojos brillaron con humedad. El hedor del alcohol golpeó mi nariz cuando él habló. Había visto a mi padre ponerse de malas antes, pero esto era algo muy diferente—. No quiero verte en esta casa otra vez.
—Papá, solo déjame ayudarte —insistí. Puedo hacer eso: llevarlo a rehabilitación, a consejería, lo que sea para detenerlo de pensar que su vida se acabó.
Me incliné y lo agarré del brazo para ayudarlo a levantarse.
—¡No me toques! —De un tirón se suelta de mi agarre—. Eres tú… debió haber sido tú. Por ti ellos se fueron. —Sus palabras duelen, pero no es la primera vez que las escucho decirlas. Había sido dos semanas de limpiar su vómito y tratar de mantenerse fuera de su furia—. Deseo que hubieras sido tú —dice, en voz baja esta vez.
—Papá, estás borracho. No quisiste decir eso.
—Por supuesto. Estoy tratando de matarte, Jake, y con toda honestidad, deseo hacerlo. —Me miró directo a los ojos, y en ese momento, parece completamente en control—. Debió haber sido tú. Debiste estar muerto. No ellos. Solo quiero arreglarlo, intercambiarte a ti por ellos. Hacerlo de la forma que debió ser. —Su voz se volvió en un susurro—. Estás muerto para mí ahora, chico.
Algo dentro de mí colapsa.
Si tuviera que escoger un momento cuando supiera que mi vida sería diferente, cuando supiera que yo sería diferente, éste lo sería.
Fue en este preciso momento que sabía en mi alma que era capaz de matar.
Levanté el hacha, irguiéndome y dirigiéndome hacia él, sorteando los muebles volcados de la sala de estar. Alcé el hacha sobre mi cabeza y la tomé con ambas manos. La mirada de terror y sorpresa en los ojos de mi padre fue bienvenida. La saboreé. Quería recordar aquél miedo, para repetirlo una y otra vez en mi cabeza. Él ni siquiera trata de moverse. Bajé el hacha con fuerza, pero la detuve a menos de un centímetro de golpear su pecho.
La mirada de absoluto horror en su cara no hizo nada para enervarme. Terminé con hacerle sentir bien.
Nunca olvides que me detuve esta vez. Porque si alguna vez te vuelvo a ver, te destrozaré el puto corazón, viejo. —Lancé el hacha y lo golpeé con ella, haciéndole saber que no era nada para mí como yo lo soy para él. Lo dejo temblando en el piso y no hice como mucho hacer una pausa para mirarlo antes de abrir la puerta y salir hacia la noche.
Encendí un cigarro en el porche delantero antes de caminar a las sombras del camino de entrada para montar mi motocicleta. No me molesto en empacar una maleta.
No había nada que necesitaba o quería de esa casa ya no más.
Mientras encendí la moto y la dejo rugir, juro que escuché gritar a mi padre más fuerte que el ruido de mi motor. Pero, ya es demasiado tarde.
Estaba en un punto más allá de volver.
En más de un sentido.
***
Eso fue hace cuatro años.
Seis días pasaron desde que tomé una vida, y ahora, mi moto y yo estábamos dirigiéndonos al lugar que más odiaba.
Ni siquiera era el dinero que alimentaba mi trabajo. Si no fuera el que hace el trabajo, hubiera sido otra persona más. Tal vez pensaba que, a mi manera, le estaba ahorrando un pobre idiota de una vida que yo me adaptaba mejor.
No tenía delirios de grandeza. Donde otros chicos trabajaban duro por carros costosos y rápidos, yo prefería la libertad de mi motocicleta. Comprar una casa significa echar raíces, lo cual era lo último que quería, así que nunca vivía por mucho tiempo en un lugar que solo fuera para completar el trabajo. Y odiaba estar ocioso, así que cuando necesitaba pasar desapercibido después de matar a alguien de alto perfil, vendía un poco de hierba o algo más potente, solo lo suficiente para alejarme de estar inactivo.
Manos ociosas hacen el trabajo del diablo, Jake, solía decir mamá.
Poco sabía ella.
Mis manos nunca estaban ociosas. Si los últimos años me han enseñado algo, que para el trabajo del diablo es que estaban hechas.
No tenía planes en alguna vez volver al lugar que una vez llamé hogar, ni siquiera cuando Reggie, el jefe mecánico del taller de mi padre y la única persona de mi ciudad natal que mantuve contacto ocasional, me llamó para decirme que el siguiente trago de papá en el botella podría ser el último. Papá hizo su cama en el infierno, y estoy bastante seguro de que estaba mezclada con cenizas, vómito y botellas vacías de Jameson. Pero cuando Reggie me dijo que la casa en la que crecí, la casa que mi madre había amado hasta el día que murió, estaba en peligro de perderse por el recaudador de impuestos, algo dentro de mí me dijo que fuera a salvarla. No por él.
Por ella.
Tenía que ayudar a la única mujer que alguna vez me amó. Lo único que he hecho por ella hasta este momento fue ayudarla en su muerte prematura.
En mi ciudad natal de Coral Pines una pequeña isla frente a la costa suroeste de Florida donde grúas y grandes neumáticos eran adorados, y las estanterías de armas cromadas brillaban más que la luz del sol en las mañanas del domingo a través de vidrieras. Si las ciudades como Nueva York y Chicago son llamados selvas de concreto, entonces Coral Pines podría llamarse fácilmente una prisión playa, o un asilo tropical. O mi favorita: un infierno de rancio hedor a pescado.
Nada más que turistas, pueblerinos y fantasmas.
No estaba seguro cuál odiaba más.
El estilo de vida errante del que me adapté después de haber dejado este agujero de mierda me vino muy bien. Manejaba de pueblo en pueblo, nunca he estado más que lo que un tanque de gas permitiría, e hice los trabajos que llegaron a mí en apartados de correos temporales y en teléfonos celulares no rastreables. Nunca me instalé en un lugar el tiempo suficiente para hacer que las relaciones me importaran.
Así era exactamente como yo lo quería.
Rara vez le dije a alguien mi verdadero nombre, el cual no significaba nada como mi hogar. Todo el mundo en Coral Pines sabía quién era yo, porque todo el mundo conocía todo el mundo: tu historia de vida, el nombre de soltera de tu madre, todos los sangrientos detalles familiares que la mayoría de las personas se esfuerzan por mantener escondidos profundamente en sus armarios. Los secretos no se quedaban guardados en Coral Pines.
Aunque ahora tenía algo que valía la pena mantener.
Es posible que ellos hayan conocido al Jake Dunn, quien metía la pata cuando era un niño, pero ellos ya no tenían ni una puta idea de quién era yo. Por no hablar, lo que era capaz de hacer.
El paso de Matlacha era el puente de dos carriles donde ibas o venías de Coral Pines. Era la única manera de entrar o salir de la isla, y por los enteros veintidós años que había ocupado la Tierra, este puente ha estado en construcción. Este sigue siendo el caso en el día que yo bajo protesta lo crucé por primera vez en años. El denso calor se apoderó de mí mientras manejaba como si estuviera empujando la motocicleta a través de una pared de agua. Cada pedazo de inquietud que había sentido que salía de mí el día que me fui de este lugar olvidado de Dios, se apresuró a regresar con el viento salado familiar.
Los recuerdos del funeral de mi hermano hace cuatro años, me estaban esperando también. No esperaba encontrar a mi madre más tarde, todavía con el vestido negro de manga corta que llevó a la iglesia, boca abajo en la bañera con una escopeta recortada a su lado y lo que había sido una buena parte de su cabeza salpicando la ducha de azulejos en color rosa. Ella no había querido dejar un lío. Lo había dicho en la nota que dejó, pero mamá no sabía lo suficiente acerca de las armas para darse cuenta de que había elegido la más desastrosa de todos ellas de la armería de mi padre.
Papá había sido un desastre en el funeral de mi hermano. Él estaba en el hospital psiquiátrico. Siempre me culpó a mí, no sólo por la muerte de Mason, sino de la de mamá también. Él me dijo más de una vez yo debería haber estado con Mason en el barco esa mañana, y que fue mi culpa que él terminó flotando en el río Coral Pines. La verdadera razón del porque mi padre me odiaba es porque él pensó que nunca debería haber sido su hijo el perfecto, buen estudiante becado, capitán del equipo de béisbol y experto pescador que murió ese día. Debería haber sido su degenerado, fumador, don juan, agresivo, mediocre hijo.
Debería haber sido yo.
En cierto modo,  estaba de acuerdo con él. Si hubiera sido yo en lugar de Mason, mamá todavía estaría viva. Papá no estaría tratando de ahogarse en whisky barato, y sería alguien más caminando en la tierra de los vivos. No contribuí a nada y lo tomé todo. Pero para ser justos en ello, no esperaba nada del mundo sin Dios que me destrozaba a cada paso.
No esperaba nada, hasta la noche me encontré con una cierta pelirroja con una actitud.

La noche en que conocí a Abby Ford, mi vida cambió para siempre.

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